Semana Santa por causalidad

                La que viene es Semana Santa, no por casualidad, sino por causalidad: el martes, 15, llegará la primera luna llena de la primavera de este año y el día de Pascua de Resurrección siempre cae en el primer domingo que sigue a la primera luna llena de la primavera. O sea, que la Semana Santa viene condicionada por el cielo, sí o sí, de tal manera que, echando un rápido vistazo a los axiomas astronómicos de las fases lunares, el Domingo de Pascua nunca puede ser antes del 22 de marzo, ni después del 25 de abril, por lo que este año, en que la “Pascua florida” cae en el 20 de abril, es uno de los más tardíos en celebrarse la Semana Santa. Esta circunstancia condiciona también todo el calendario festivo religioso posterior, de manera que, la que podríamos denominar “granfiesta de los sentidos”,  el Corpus, tendrá lugar este año el 22 de junio, en pleno solsticio de verano, cuando otros se celebra incluso en mayo. Una matización: para la iglesia, el Corpus se celebrará en domingo, como viene ocurriendo desde hace 24 años; pero, por lo civil –o sea, a efectos de calendario laboral-, en Castilla-La Mancha esa gran fiesta tendrá lugar el jueves anterior, como tenía previamente instaurado la iglesia (“tres jueves hay en el año,…”) hasta que, en abril de 1990, la Conferencia Episcopal Española decidió pasar esa festividad al domingo, en acuerdo adoptado en su CXXXVII reunión. El mundo al revés o, como dice el tango de Carlos Gardel: “nada le importa, yira yira…”.

              22042011-_MG_6735  La celebración de la Semana Santa bien entrada ya la primavera no garantiza que el tiempo sea bonancible, pero aumenta mucho las probabilidades de que así sea. Una Semana Santa plena de luz y de sol y con los días alargándose, aunque pueda mediar algún chubasco, no sólo es una aliada de las Cofradías que salen a la calle en procesión con sus imágenes, sino también de los millones de españoles que, en esas fechas más que en ningunas otras del año, se desplazan desde sus lugares de residencia a los de origen u optan por hacer turismo, bien sea en la playa, en zonas rurales o en ciudades en las que la Semana Santa tiene un especial esplendor. Está datado que la semana del año en la que más desplazamientos se concentran y producen es la Semana Santa. Basta darse una vuelta por cualquier pueblo de la provincia para comprobar que esto es así.

No seré yo quien desaconseje a nadie que salga en Semana Santa y, menos aún, que vaya a otra ciudad a conocer y disfrutar de sus procesiones y otros actos tradicionales propios de este tiempo; viajar y abrir bien los sentidos mientras se hace curan muchos males: el aburrimiento, la monotonía, la abulia, la incultura… y hasta los provincianismos y los regionalismos de vía estrecha que, haberlos, haylos, cada día más, y más, y más. Con acento y sin él. Ahora bien, sí que recomiendo a quienes no conozcan en profundidad la Semana Santa de la capital y de algunos de nuestros pueblos, que traten de conocerla, profundizar en ella y disfrutarla, porque hay sobrados motivos para ello. Las Semanas Santas de las guadalajaras no tienen la espectacularidad y el colorismo de las de Sevilla, Granada o Málaga, ni el valor histórico-artístico de los pasos de las de Valladolid, Burgos, León o Zamora, pero sí tienen detalles y momentos, dentro de su sobriedad castellana, capaces de agradar y emocionar a quienes los buscan y encuentran.

Algunos de esos momentos de la Semana Santa de la provincia que recomiendo disfrutar son estos: En la capital, la esforzada salida del Cristo de la Pasión con los cargadores arrodillados, en Santiago, y la rauda subida de esta imagen por la calle Francisco Cuesta, finalizando ya la procesión; el mar de claveles rojos sobre el que parece levitar el bello paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno; el emocionante encuentro del Cristo del Amor y de la Paz con la Virgen de la Soledad, en el Jardinillo; el paso del Calvario y la siempre bien vestida Virgen de los Dolores; la velería que acompaña a la Virgen de la Esperanza y su hermoso rostro; el sonido agudo de las dulzainas castellanas que parecen lamentos profundos en el duelo que acompaña al Cristo Yacente… Y este año, como novedad, el lunes santo, a las nueve y media, saldrá desde la iglesia del Fuerte y con destino a San Nicolás, por primera vez, una procesión con la imagen de María Santísima de la Misericordia que supondrá que, a partir de este año, haya en la capital, al menos, una procesión todos los días de la Semana Santa, excepto, lógicamente, el Sábado de Gloria.

IMG_0448r  En cuanto a la provincia, son muchas las citas con actos relevantes que hay en Semana Santa, entre las que destacan las pasiones vivientes de Hiendelaencina, Fuentelencina, Albalate, Marchamalo, Chiloeches y Trillo, con especial atención a la primera pues es la más antigua de todas ellas; en lo que se refiere a procesiones, mi experto compañero bloguero y amigo, José Ramón López de los Mozos, recomienda en su libro “Fiestas Tradicionales de Guadalajara” –y yo, modestamente, también- la llamada  “del Ramo”, que se celebra en Luzaga, el Domingo de Ramos; igualmente, en esa fecha, las de Torrebeleña y Robledillo de Mohernando. Como también relata López de los Mozos, acertaríamos si siguiéramos la pista a los Soldados de Cristo, en Budia, a los Armaos, en Sigüenza, o a los Coraceros, en Milmarcos; asimismo, merece la pena asistir al Rosario de los Faroles, en Atienza, o a ver el paso del Cristo de la Cruz Acuestas, en Jadraque,… Y el Domingo de Resurrección hay cita en numerosos pueblos de la provincia con las llamadas “procesiones del encuentro”, como también las hay en aquellos lugares en que aún se quema “el judas”, como por ejemplo Fuentelahiguera, o donde se “rila” o rueda el huevo de Pascua, como en Hueva o en Yélamos de Abajo. O se rilaba, porque ésta es una costumbre infantil y, como es sabido, hace ya mucho tiempo que a los niños se les ha olvidado nacer en los pueblos.

Apasionante, pues, semana de Pasión. También en Guadalajara.

Geoparque y Fuero de Molina

                No se cuenta por años, sino por siglos, el tiempo que hace que Molina de Aragón y su tierra reciben una mala noticia detrás de otra, como si en vez de su viejo y singular Fuero le rigiera la “Ley de Murphy”. Como excepción que suele confirmar reglas y que, ojalá, pueda cambiar esa dinámica regresiva por otra bien distinta, hace unos días que la Red Europea de Geoparques ha decidido, por unanimidad, que la comarca de Molina sea declarada “Geoparque”, un selecto y prestigioso “club” de territorios del mundo con un destacado y singular patrimonio geológico, natural e histórico-artístico,  avalado, ni más ni menos, que por la UNESCO, la organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. El próximo mes de septiembre, en Canadá, donde se celebrará la VI Conferencia de Geoparques de la UNESCO, se ratificará esta decisión de la Red Europea, celebrada recientemente en Sobrarbe (Huesca).

                Menos de cien comarcas en el mundo, poco más de medio centenar en Europa y sólo ocho en España son “Geoparque”, unos datos, tan objetivos como expresivos, que avalan la importancia de esta declaración para Molina que, por otra parte, ya es el único geoparque de Castilla-La Mancha y el más extenso de toda España pues en él se incluye a 77 municipios que, unidos sus términos, suman una superficie de 4.000 kilómetros cuadrados, un tercio de la extensión total de la provincia de Guadalajara.

Casi diez años de trabajo ha costado obtener esta declaración porque el título de “Geoparque” no se otorga a cualquier territorio que lo desee, sino a aquel que reúna una amplia serie de condiciones y, además, se comprometa en el futuro a un desarrollo sostenible y preservador de su patrimonio. En la propia página web oficial del geoparque molinés (http://www.geoparquemolina.es) se explica muy bien lo que es un geoparque, cómo se gestó su nacimiento y los compromisos y consecuencias de su declaración: “La figura de Geoparque es una distinción sin carácter normativo que otorga la UNESCO a territorios que presentan un patrimonio geológico notable, que es convenientemente conservado y utilizado como motor para el desarrollo local. Los geoparques se han convertido en uno de los principales programas de la UNESCO, junto con otros más conocidos como Patrimonio de la Humanidad o Reservas de la Biosfera. Surgieron a principios de la década de los 90 en Europa, con Francia, Alemania, Grecia y España como socios fundadores. La declaración de geoparque lleva implícita unos objetivos económicos y de desarrollo muy claros basados en tres principios básicos: La existencia de un patrimonio geológico que sirva de protagonista y eje conductor; la puesta en marcha de iniciativas de geoconservación y divulgación y la potenciación del desarrollo socioeconómico y cultural a escala local”.

El mero hecho de ser geoparque ya va a contribuir a que la comarca de Molina de Aragón aparezca en numerosos soportes científicos, divulgativos y promocionales que, además, llegarán a un público objetivo, ya segmentado y escogido, altamente interesado por los valores paisajísticos, en general, y geológicos, en particular, que ofrecen los geoparques, además de en otros recursos patrimoniales transversales, como la historia, la cultura, etc. Pero esta importantísima declaración no es, no debe ser el final del camino – aunque el ya andado sea largo y digno de reconocimiento para quienes han ”tirado del carro”: Manolo Monasterio, José Antonio Martínez Perruca, Luis Carcavilla y demás miembros del equipo de trabajo y de los comités ejecutivo, asesor científico y social-, sino el principio de una nueva etapa para Molina en la que, además de preservarse adecuadamente sus valiosos recursos geológicos y de todo tipo, éstos sirvan para que se genere actividad y riqueza en la comarca, a través de un desarrollo necesariamente sostenible, un adjetivo injustamente desgastado por manido y recurrente en discursos demagógicos, pero que ha de concretarse efectivamente si no queremos que lo que hoy es o puede ser pan, mañana sólo sea hambre. Este proverbio indio resume muy bien lo que pienso y lo que pretendo decir al respecto de la sostenibilidad: “La Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.

Con el buen trabajo hecho para lograr esta declaración se ha demostrado que Molina tiene una sociedad civil activa e inquieta y con largas miras que, además, ha sabido implicar a las instituciones en un proyecto como el de “Geoparque” que, o es de todos, o no será de nadie; pero, como suele pasar en todas partes, algunos hechos que han acaecido en Molina en los últimos tiempos también están evidenciando la torpeza y estrechez de miras de algunos, afortunadamente, pocos, muy pocos. No me gustan las algaradas callejeras, ni aunque los que las agiten tengan parte de razón en lo que reclaman, porque pierden toda ella al no guardar las formas. Menos aún me gusta que en el salón de plenos del Ayuntamiento molinés un portavoz de la oposición le llame al alcalde: “payaso”, “mamarracho” y “mequetrefe”. Imagino que Jesús Herranz, que es jurista, acudirá, lógica y legítimamente, en defensa de su honor a los juzgados, pero yo acudo a Ortega y Gasset y, como él, digo: “No es esto, no es esto”.

No quiero terminar este post con sabor amargo, sino bien al contrario, porque como nieto e hijo de molinés (mi padre nació fuera de Molina, pero los molineses, como los de Bilbao, nacen donde les da la gana) me duele mucho aquella tierra. Resulta, cuando menos curioso, que la aprobación unánime de la comarca de Molina como “Geoparque” se haya producido en la localidad oscense de Sobrarbe, no sólo conocida por la extraordinaria riqueza geológica de su entorno (Aínsa, Boltaña, Broto, etc.), sino por su Fuero, al que se le conoce como la “verdadera constitución aragonesa”. El Fuero de Sobrarbe data, al menos, del siglo XI, y en él se pretendió “circunscribir a muy estrechos límites la autoridad del Rey”, en plena Edad Media y con una monarquía regente, no absoluta, sino absolutísima; bien es sabido que, hasta la caída del Antiguo Régimen, a finales del siglo XVIII, y el nacimiento de las constituciones liberales, no se limitaron realmente los poderes de los monarcas, de ahí la importancia histórica del Fuero de Sobrarbe y… del de Molina, que data del siglo XIII, y en el que se estipula algo parecido: “Si algún rrey o comde o poderoso o otro omne alguno este fuero que aquí scripto es, quebrantar quisiere, sea malditcho et escomulgado (…)”.

                Dicho quede.

               

 

 

 

Suárez en “la hora de las alabanzas”

 

No por esperada ha sido menos dolorosa la noticia de la muerte de Adolfo Suárez, el hombre que, junto al rey, Juan Carlos I, hizo posible la ejemplar Transición política en España, que pasó de una dictadura a una democracia en menos de 20 meses, los que transcurrieron desde la muerte de Franco, en noviembre de 1975, hasta la celebración de las primeras elecciones generales, que a la vez fueron constituyentes, en junio de 1977. Una singular transición porque se hizo “de la ley a la ley”, sin revoluciones ni derramamiento de sangre por sí misma, aunque coincidió en el tiempo con los llamados “años de plomo” de ETA, en los que la banda criminal vasca causó más muerte y dolor, dando argumentos impagables a quienes estaban en contra del avance de España hacia una democracia, a la que, entre otros muchos males, le achacaban debilidad y falta de autoridad. Los extremos se tocan y demasiado al este es el oeste.

A Adolfo Suárez, después de muchos desprecios –Alfonso Guerra le llegó a llamar en su día “tahúr del Mississippi” y ayer no paraba de elogiarle- y descalificativos –parte de la izquierda siempre desconfió de él y le acusaba de “fascista disfrazado”, mientras la derecha más reaccionaria hasta le tildó de “rojo” y de “masón”, las dos peores cosas que se podían ser en tiempos de Franco-, ayer le llegó “la hora de las alabanzas”, como llamaba mi abuelo, Juan, a los momentos que siguen al deceso de alguien y de los que pedía a Dios que le librara. Y es que la hipocresía y el cinismo están tan presentes en nuestra sociedad –la política mal entendida y peor aplicada de este tiempo está contribuyendo a ello- que en muchas ocasiones sólo es indulgente y hasta generosa en la valoración de alguien cuando fallece; en este caso, las numerosas y generalizadas alabanzas que están recayendo sobre Suárez no me parecen ni indulgentes, ni generosas, sino justas.

La figura de Suárez, como la de los grandes hombres, se ha venido agigantando con el paso del tiempo, pero cuando dimitió –verbo que sólo se usa con carácter muy excepcional y no común entre la clase política actual- como Presidente del Gobierno, en enero de 1981, le estaban haciendo la vida imposible, hasta límites próximos a la denigración, desde su propio partido de entonces, la UCD, a todos los partidos de la oposición, con especial saña socialista, los poderes económicos y sindicales, una gran parte de los medios de comunicación y hasta un amplio sector del ejército, no sólo el que hacía mucho y continuo ruido de sables en los cuarteles y que terminó dando el golpe de Estado del 23-F, siendo aún Suárez presidente del gobierno en funciones, pues la asonada de Tejero se produjo en la sesión de investidura de Calvo Sotelo como su sucesor al frente del Gobierno. De las muchas y muy buenas frases que Adolfo Suárez dejó para la historia –dicen que era el periodista Fernando Onega quien le hacía los discursos, pero es una obviedad que las frases son de quienes las pronuncian, no de quienes las escriben-, hay una, precisamente pronunciada el día en que anunció por televisión su dimisión como presidente del Gobierno, que debería ser grabada con letras de oro y puesta en lugar bien visible en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados, lugar en el que se están rindiendo honores de Estado a los restos mortales del primer presidente de nuestra democracia cuando estribo este post: “Dimito como revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y las instituciones”.

Una frase pronunciada hace 33 años y que, como el buen vino, ha envejecido tan bien que puede ser considerada un “gran reserva” de la alta y mejor política. En los malos tiempos que corren, no sólo por la grave crisis económica que padecemos sino por el desprestigio de la clase política, que hasta es considerada por la sociedad un problema y no una solución, volver a leer esta frase es como abrir la ventana en una habitación con atmósfera cargada y asfixiante, que fue ni más ni menos lo que Suárez hizo cuando, con tanta audacia como determinación y  visión de futuro, desmontó el régimen franquista con tal habilidad que, hasta los propios procuradores de las últimas Cortes de Franco, votaron mayoritariamente a favor la decisiva e histórica Ley de Reforma Política de 1976, que permitió la Transición no traumática de España de una dictadura a una democracia plena, vertebrada con la Constitución de 1978 y homologable y homologada por la comunidad internacional.

Cuando pase esta “hora de las alabanzas” de Suárez, tenemos que quedarnos con lo mejor de su legado político y aprovecharlo en estos difíciles tiempos en que, no sólo mucha gente lo está pasando mal por la crisis económica -contra la que también luchó el de Cebreros, no precisamente con éxito-, sino que las políticas cada vez son menos de Estado y más sectarias y de bandería, los diálogos entre partidos, frecuentemente, son más propios de besugos que de personas y se cuestiona y ataca hasta la unidad de España, cuando más reconocida está su diversidad y más descentralizado su gobierno. O España vuelve, y pronto, al espíritu de la Transición que inspiró Suárez, o nuestro futuro como nación próspera y unida y como Estado social y democrático de derecho peligran seriamente. Determinación, valentía, altura de miras, sentido común, voluntad, capacidad de diálogo y búsqueda de consensos son algunos de los valores que Suárez ha legado a la clase política española; espero que, pasadas sus honras fúnebres, se le siga honrando aceptándolo.

 

Hablaremos el 25-M

                Que el PSOE no está pasando por su mejor momento, ni a nivel nacional, ni regional, ni provincial, ni local es una certeza, no una opinión. Es más, el decir que “no está pasando por su mejor momento” es un eufemismo, porque la realidad es que vive en una crisis de calado, que tampoco es una opinión, sino otra certeza porque no gobierna ni la Administración del Estado, ni la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ni la Diputación Provincial, ni el Ayuntamiento de Guadalajara, por primera vez desde que se celebran elecciones democráticas al amparo de la Constitución de 1978.

                Los partidos con vocación de gobierno, como es el PSOE, cuando están fuera de él (de todos ellos, en los cuatro casos referidos), se parecen mucho a los fantasmas: apenas se les puede identificar el rostro porque los liderazgos se desgastan y diluyen, van penando por la vida lamentándose de su mala hora y hasta arrastran lastres como si fueran cadenas, en forma de malos resultados electorales y de pérdida de poder e influencia.

Lo más preocupante del PSOE de hoy, a nivel nacional, es que el que parece más solvente, experimentado y con mejor sentido y visión de Estado de sus líderes es, precisamente, Alfredo “P punto”  Rubalcaba, al que no hace mucho comparaba en este mismo blog con un personaje de la película de Amenábar “Los otros”, que bien es sabido que estaban muertos pero ellos no lo sabían. O sea, que el mejor de sus dirigentes –o, al menos, el aparentemente más idóneo-, tuvo gran culpa de lo peor, a la vez que el pasado es también presente y puede ser o decidir el futuro. Así de complejas las cosas, en Ferraz deben estar valorando si es más conveniente seguir pagando a los sociólogos que orientan la política de acción y comunicación del partido o contratar a un equipo de psicólogos, cuando no de psiquiatras, para no terminar con Kafka de referente, una vez que hace años despidieron a Marx.

Es también una certeza y no una opinión que el PSOE pagó muy caro, en las dos grandes citas electorales de 2011 y en todas las instituciones que gobernaba, el advenimiento de la crisis y su progresiva y cada vez más profunda y negativa incidencia en la economía y la sociedad española, algo lógico pues sus dirigentes, empezando por su entonces líder y presidente del gobierno, Zapatero, primero negaron su existencia y luego no supieron atajarla, incluso algunas de sus medidas contribuyeron a agravarla. El PP, cerca de tres años después de asumir simultáneamente el poder en los ámbitos nacional, regional, provincial y local, debería estar casi achicharrado en intención de voto porque, aunque la macroeconomía va mejorando –despacio, eso sí-, y el peligro del “rescate a la griega” parece ya superado, la economía real, la de la gente de la calle, tiene un termómetro infalible y que aún prescribe calentura: el paro, que sigue en cifras escandalosamente altas. Y es que detrás de ellas no sólo hay números y estadística,  sino millones de familias y de personas que las están pasando realmente canutas, que han caído en el umbral de la pobreza o que han descendido de parámetros de cierta holgura económica a otros de mera supervivencia, lo que es muy duro y muy triste.

A pesar de este estado de cosas, el PP se desgasta, sí, pero no se achicharra en intención de voto, mientras que el PSOE sigue estancado en el achicharramiento que padeció hace tres años y aún no ha resuelto si quiere seguir teniendo el líder con el que se achicharró o relevarle por alguno de los varios que pretenden sucederle, entre ellos el alcalde de Toledo y secretario regional de los socialistas, Emiliano García Page, que en una gran encuesta que se hizo a nivel nacional era el posible candidato a la secretaría general del PSOE con menos apoyos, incluso por detrás de la opción innominada de “otros candidatos”. ¡Otra vez “Los otros”! El PSOE y sus fantasmas…

No es tampoco una opinión, sino una certeza, basada, como los refranes, “en la madre experiencia”, que las intenciones de voto son sólo eso: inclinaciones en un momento dado, una foto fija de un día y una hora determinada que puede variar, y mucho, cuando llegue el momento real que cuenta para adjudicar y repartir el poder que es el día de las elecciones. En poco más de dos meses llegarán las elecciones europeas, que siguen pareciéndonos un tanto lejanas a pesar de que cada día nos jugamos más cosas directamente en ellas. Esta circunstancia va a provocar, probablemente, que, a la ya habitual alta abstención que se suele producir en esos comicios, se sume en esta ocasión la del desgaste del PP por tardar en frenar la crisis y no terminar de invertir la situación del paro, así como por los recortes sociales que se ha visto obligado a hacer, y el del PSOE, que sigue oliendo a chamusquina desde su achicharramiento electoral hace tres años y parece encandilar menos al electorado que un tablao flamenco en Moscú, hasta el punto de beneficiarse IU de ese desgaste socialista cuando la lidera un político limitado y mediocre donde los haya, como es Cayo Lara.

Pero no sólo la abstención se va a beneficiar de los desgastes de los dos grandes partidos, sino que también van a coger muchas papeletas para su “saca” los hasta ahora partidos minoritarios, sobre todo IU –como ya decíamos, especialmente a costa del PSOE- y UPYD –picoteando a populares y socialistas- e, incluso, otras nuevas opciones que aprovecharán el distrito único electoral de las europeas para intentar tener escaño en Estrasburgo y Bruselas, la doble sede compartida del Parlamento Europeo. Vox, claramente a la derecha del PP, y Ciudadanos, a la izquierda del PP, pero a la derecha del PSOE, pueden alcanzar representación en Europa, a costa de los dos partidos mayoritarios. ¡Ojo, también, al voto en blanco y al nulo!

Presiento que el 25-M van a hablar las urnas más claramente que nunca. Espero que quienes tengan más obligación de escucharlas, lo hagan. Como decía el “jingle” de la campaña de las primeras elecciones que se celebraron tras la muerte de Franco, en 1977: “habla pueblo, habla; habla pueblo, sí; no dejes que nadie decida por ti”. Hablaremos pues.

Especulaciones varias

No es la primera vez, ni será la última, que subraye el hecho, tan cierto como lamentable, de que Guadalajara es una ciudad que, por muchos avatares, a lo largo del tiempo, aunque especialmente en los dos últimos siglos, ha perdido casi más patrimonio histórico-artístico del que conserva. La práctica totalidad de las guerras que en el centro de España han tenido sus campos de batalla, en Guadalajara se han ensañado de manera especial: Guerra de la Independencia contra los franceses y Guerras Carlistas, en el XIX, y Guerra Civil, en el XX, fundamentalmente. Y ya sabemos todos que la artillería y la aviación no envían a las ciudades desde el cielo tractores americanos en paracaídas, como los que esperaban inocentemente en la Puebla del Río de “Bienvenido Mr. Marshall”, ni claveles, como los que tapaban los cañones de los fusiles en la Revolución portuguesa homónima, lo que descargan son bombas, incendiarias muchas de ellas para hacer aún más daño, y que se llevan por delante todo lo que pillan: personas, edificios, animales y cosas. Como decía, una significativa parte del inventario patrimonial histórico-artístico de Guadalajara cayó o quedó gravemente herido, como parte de daños de guerras.

Pero no sólo la pólvora y la dinamita han cargado contra el patrimonio monumental de la ciudad, sino que también se han ensañado con él las diversas formas de especulación posibles que, desde hace ya muchas décadas, los propios poderes públicos no siempre han sabido atajar y que, en algunas ocasiones, incluso han contribuido a ella, quiero pensar que más por pasiva que por activa, aunque algunas actuaciones evidencian justamente lo contrario. Y digo históricamente, porque la práctica especulativa, aunque parezca que es un fenómeno relativamente reciente, se manifestó de forma altiva con las desamortizaciones del XIX, y prosiguió con algunas tesis, supuestamente modernistas, de ensanchar las ciudades a costa de romper sus trazas antiguas, murallas incluidas, y de sustituir edificios viejos por otros de nueva planta, como si el paso del tiempo por ellos fuera en detrimento de su valor constructivo y/o histórico-artístico, cuando es justamente lo contrario. Por supuesto que terminó de rematar la faena del expolio y la destrucción patrimonial de la ciudad la forma más moderna de especulación que es la del suelo: es decir, procurar las máximas plusvalías al negocio de la promoción y construcción a costa de casi todo, inclusive derribar edificios, históricos o no, para hacer construcciones con cuanta más altura y aprovechamiento mejor, lo que ha conducido a situaciones de una estética urbana casi aberrante que hoy no quiero señalar, pero que nos asaltan a cada paso que damos; otra cosa ya es que nos hayamos acostumbrado a ellas y hasta nos pasen desapercibidas, o casi. Pero a los que nos visitan, desde luego que no.

Guadalajara, qué duda cabe, tiene una asignatura pendiente con su patrimonio histórico-artístico perdido. Lamentablemente, el que fue destruido por las bombas, por la especulación desamortizadora, por la supuestamente modernista o por la descaradamente economicista, ya va a ser imposible reponer, pero, al menos, le debemos algunas cosas a lo ya caído e irrecuperable: que cese definitivamente cualquier forma de especulación contra el patrimonio, que se revisen, actualicen e, incluso, se amplíen, con criterio exhaustivo y riguroso, las actuales protecciones estructurales y ambientales recogidas en el POM, y, con fines pedagógicos, tratar de dar a conocer el patrimonio monumental desaparecido de la ciudad, de todas las formas posibles, pues, como ocurre con los propios hombres, nadie ni nada muere del todo mientras es recordado.

Aunque el panorama que he pintado al respecto de lo tratado en este post pueda parecer desolador, que en la parte ya irreversible lo es, afortunadamente la dinámica de los tiempos, la conciencia comunitaria –aunque aún trabajable- e, incluso, la sensibilidad de los gestores públicos –también todavía aumentable- parecen ir en la dirección que yo apuntaba. Espero que, efectivamente, los tiempos vayan cambiando y no disfrazándose, como decía la canción de Moncho Alpuente.

P.D.- En mi anterior post, titulado “Al amparo de la Antigua”, se omitía la primera ocasión en que la imagen de la Virgen de la Antigua visitó el templo de San Ginés y lo compartió con la imagen de la Virgen del Amparo: Fue en 1988, dentro de otra Misión Arciprestal como la presente, y en aquel entonces llevada a cabo con motivo del “Año Mariano”, declarado por el Papa Juan Pablo II, y que, efectivamente, como sí se dice en el artículo, fue clausurado con una misa de campaña en el “Pedro Escartín”, presidida por la imagen de la patrona.

Señalar, también, como muy bien recogió en su documentado, fervoroso y cálido pregón, Ángel de Isidro, que el domingo pasado precedió en San Ginés a la misa de 12,30, presidida ya por la imagen de la Antigua, llegada a esta parroquia la tarde anterior, dada la gran y desmedida rivalidad existente entre los partidarios de la Virgen de la Antigua y los del Amparo -reflejada en mi post anterior-, en las primeras ocasiones en que la imagen de la Patrona salió de su santuario para recorrer las parroquias de la ciudad, tras ser declarado su patronazgo en 1883, la Junta de su Real Cofradía solicitó a las autoridades eclesiásticas que la misma no fuera a San Ginés, en evitación de posibles problemas.

El propio párroco emérito de San Ginés, don Jorge Planas, que ofició la misa principal del domingo en san Ginés junto a sus dos compañeros párrocos, Don Oscar y Don Santiago, se refirió a esta rivalidad como algo anecdótico y del pasado, felizmente superado hace ya tiempo, y recordó que la Virgen de la Antigua y la del Amparo son la misma: Simplemente María, la madre de Jesús, el hijo de Dios.

El amparo de la Antigua

            Dentro de la llamada “Misión Arciprestal”, que se inició el pasado 30 de noviembre, en la Iglesia de Santiago, y concluirá el próximo 31 de mayo, en Santa María, por la cual la imagen de la patrona de Guadalajara, la Virgen de la Antigua, está recorriendo todas las parroquias de la capital, el sábado, 1 de marzo, llegará ésta a San Ginés, donde permanecerá hasta el día 8 de marzo en que proseguirá su recorrido, en esta ocasión a San Nicolás.

No se si esta “Misión Arciprestal” con la Virgen de la Antigua in itinere por las actuales diecisiete parroquias de la ciudad se ha producido en ocasiones anteriores, aunque no tengo noticia de ello. Pocas, muy pocas veces ha salido de su santuario la patrona, que lo es desde 1883, salvo todos los veintinueves de agosto, cuando en recogida procesión, se traslada desde allí a Santa María –últimamente, a  San Francisco, la iglesia del Fuerte que pertenece a la Parroquia de la Concatedral-, para permanecer en ella durante su novenario y regresar a su santuario, el día de su festividad, la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre, ya en procesión multitudinaria.

Como decía, sólo en contadas y excepcionales ocasiones ha salido la imagen de nuestra Patrona de la que fuera iglesia de Santo Tomé, que es su santuario desde 1831. Al menos que a mi me conste, el período de tiempo más prolongado en que permaneció fuera de su propia ermita fue de seis años, a finales del siglo XIX, entre 1893 y 1899, cuando fue trasladada a la entonces iglesia conventual de Santa Clara, hoy iglesia y parroquia de Santiago, con motivo de la realización de unas importantes obras en el templo mariano. En 1930, con ocasión de su coronación canónica, la prensa de la época recoge el solemne traslado de la imagen de la Virgen de la Antigua al parque de la Concordia, donde creo que también fue trasladada, al menos en otra ocasión, de la que no recuerdo fecha ni motivo. Sí guardo memoria del traslado hasta el campo de fútbol “Pedro Escartín” de la imagen de nuestra Patrona, en 1988, para clausurarse allí y con ella el “Año Mariano” que el entonces Papa Juan Pablo II había declarado y promovido. Siguiendo esta estela marianista-deportiva, la actual “Misión Arciprestal” con la imagen de la Patrona concluirá en el Palacio Multiusos de Aguas Vivas el día 31 de mayo.

Pues bien, salvo error u omisión, 130 años después de ser declarado el patronazgo de la ciudad a favor de la Virgen de la Antigua, primero por el Ayuntamiento capitalino, siendo su “alcalde constitucional” –así consta en el acta correspondiente- Ezequiel de la Vega, declaración de la autoridad civil después ratificada por la religiosa a través del correspondiente decreto firmado por el Cardenal Moreno Maisanove, su imagen va a compartir templo, el de la iglesia de San Ginés, con la imagen de otra advocación mariana, la Virgen del Amparo, que, como es sabido, estuvo también propuesta en su día como opción para asumir el patronazgo de la ciudad, aunque el “Cabildo de Curas” de entonces y el propio Ayuntamiento se decantaron, finalmente, por la de la Antigua.

Si bien para los cristianos sólo hay una Virgen, María, pese a que la denominemos con mil y una advocaciones distintas, muchas de ellas referidas a parajes naturales o especies vegetales propias de cada lugar para tratar de hacerla aún más “cercana” y “nuestra” –del Saz (Sauce), del Madroñal, de los Olmos, del Valle, del Espinar, etc-, resulta cuando menos curioso que la Virgen de la Antigua y la del Amparo vayan a compartir templo durante una semana, gracias a esta “Misión Arciprestal” que está promoviendo la presencia de la patrona en todas las parroquias de la ciudad. Una Misión, insisto, tan novedosa como, a mi juicio, plausible, pues como dice nuestro sencillo, afable, cercano y buen Obispo, don Atilano, recordando lo proclamado al respecto por el concilio Vaticano II, “la devoción a la Virgen no debe quedarse en un sentimentalismo estéril y transitorio sino que ha de ayudarnos a crecer en el amor filial hacia nuestra Madre y en la imitación de sus virtudes”.

Por supuesto sólo desde un punto de vista festivo y anecdótico, decía que resulta curioso el hecho de que las imágenes de la Virgen de la Antigua y del Amparo vayan a compartir el templo de San Ginés una semana porque, en su día, los partidarios del patronazgo de la ciudad a favor de una y de otra advocación, mantuvieron durante décadas una enconada rivalidad -puro sociocentrismo que diría Caro Baroja-, que no se quedó sólo en palabras y fervores, sino que llegó a concretarse hasta en lanzamientos de piedras, en auténticas dreas, de “amparistas” contra “antigüistas” y viceversa, en una exaltación desacerbada y errática de sus respectivos marianismos militantes. A tal punto llegó la rivalidad que hasta se compusieron coplillas despectivas contra la advocación rival: “La Virgen de (…) come conejo y la del/la (…) chupa los huesos”; evidentemente, dependiendo de quien lanzara, cual venablo, la coplilla, la advocación que comía el conejo y la que chupaba los huesos era una u otra. Y la mayor afrenta que los incondicionales de la Virgen del Amparo podían infligir a los de la Virgen de la Antigua era conseguir encender, antes de tiempo, la hoguera de retamas que, por tradición, siempre se quema cuando la imagen de la Patrona entra en su templo, al concluir su magna procesión del 8 de septiembre.

Afortunadamente, andado el tiempo, esta rivalidad sólo es mero recuerdo de una Guadalajara que ya se fue, en buena hora, aunque en otras malas se nos hayan ido cosas que jamás debimos perder, como patrimonio histórico-artístico o memoria colectiva. Sincretizando ambas advocaciones, los parroquianos de San Ginés y aún los de todas las parroquias de la ciudad, lo que haremos siempre es pedir amparo a la Virgen María, en su advocación de la Antigua, patrona de nuestra ciudad, como antes lo fueron San Roque, Santa Mónica y Santa Agustín. Por cierto, madre e hijo santos que van a ser los titulares de la nueva parroquia de la zona de los Valles, recuperando así la ciudad memoria de su antiguo patronazgo en una de sus nuevas zonas residenciales.

 

La magia del “Chaplin”

 

            El próximo fin de semana, entre el viernes, 14, y el domingo, 16 de febrero, va a celebrarse una nueva edición de “Por arte de magia”, el festival de magos e ilusionistas que el Ayuntamiento de Guadalajara, con buen criterio y éxito de público, lleva ya organizando algunos años. En la provincia hay muchos y buenos magos, la mayoría aficionados, aunque también hay algún muy buen profesional, como el seguntino Adrián Vega, que es quien dirige este festival y que, el año pasado, en el Congreso Internacional de Magos que se celebró en nuestra ciudad, obtuvo el Premio Nacional de Cartomagia; un mago premiado por los propios magos, sin duda tiene que ser un excelente mago.

“Por arte de magia” viene a dar continuidad a “Guadalajara mágica”, actividad en la que, un día de Ferias, generalmente el viernes festivo, creo recordar que desde 2002, varios magos se dan cita con el público en las calles de Guadalajara, llenando plazas y parques de ilusión y causando admiración por sus habilidades y destrezas. Una ciudad en la que se programan, y además gozan de alto poder de convocatoria, actividades como el “Maratón de los cuentos”, “Por arte de magia” o “Guadalajara mágica”, deja entrever que sus ciudadanos no sólo saben hablar, sino también escuchar; no sólo saben mirar, sino también ver y no sólo saben cerrar los ojos, sino también soñar. Incluso me atrevería a decir que las ciudades en las que se cuentan y oyen contar tantos cuentos, y en las que la magia y la ilusión toman la calle con frecuencia, tienen acreditada una inteligencia emocional comunitaria. No obstante, dice mi amigo y hermano Javier Borobia que “Guadalajara es una ciudad que no se gusta a sí misma”; eso es bien cierto, a pesar de que tiene motivos sobrados para ir remontando en autoestima, aunque aún se tenga que hacer mirar algunas cuantas cosas, entre otras, mejorar el conocimiento propio y cambiar actitudes de resignación por compromisos.

 

Pero, ¡ale hop!, ¡nada por aquí, nada por allá, y volvamos a sacar magia de esta chistera de tinta virtual que es un post! Entre la programación del “Por arte de magia” de este año me ha alegrado ver que está incluida dentro de ella una actuación del gran Juan Tamariz, con su conocida, y ya veterana, “Magia potagia”. Aunque Tamariz es un mago que ha tenido mucha presencia en televisión, donde ha cimentado buena parte de su fama y éxito, su mejor magia la hace en proximidad, en cercanía, vis a vis. Y doy fe de ello porque a Tamariz le conocí y vi hacer su “magia potagia” en directo, hace ya más de treinta años, y no una vez sino varias, en el viejo y añorado “Chaplin”, el ya mítico pub en el que, sobre todo a finales de los años setenta y la década completa de los ochenta, nos hicimos jóvenes y disfrutamos de esa juventud mucho tiempo en él varias generaciones de guadalajareños. Juan, aparte de ser más feo que Picio, fealdad de la que sabe sacar partido, tiene una simpatía y un humor muy especiales que redondean sus muchas y grandes habilidades como mago. No me cabe duda que su paso por el festival de magia guadalajareño, este fin de semana, va a ser todo un éxito porque los magos no envejecen; al contrario, según aumenta su experiencia, crece su capacidad de ilusionar.

Y ya que he citado al “Chaplin”, no quiero terminar este post sin contarles a quienes no lo conocieron, aunque sea a vuelapluma, de qué iba aquel especialísimo lugar, y compartir algunos gratos recuerdos con quienes sí fueron parte de sus habituales. El “Chaplin” estaba situado en los bajos de un viejo edificio de la calle Alvarfáñez de Minaya, con vocación de sótano o de cueva. Incluso, si no se tuviera en cuenta el magnífico ambiente que allí se creaba y la calidad de las actuaciones que en él tenían lugar con frecuencia, el local, por su baja altura y reducido espacio, podría ser perfectamente definido como un “antro”. Antes de ser “Chaplin” se llamó “El Cirio” y, menos tabaco, que también, allí se fumaba de todo. Dejada atrás la etapa libérrima del “Cirio” e, incluso, otra en que se llamó “Arco Iris”, el “Chaplin”, de la mano de Juan Antonio Martín Carraux, paso a ser un bar de referencia, casi de culto, en Guadalajara, en el que no sólo se tomaban copas y se pelaba la pava, sino que se jugaba al ajedrez o a las cartas, se leía algún periódico o revista, se formaban tertulias de grupo en las que hacían planes las pandillas de amigos, se hablaba de política en aquellos apasionantes momentos de la transición democrática, de cine, de literatura… y de lo que se terciase, porque aquel pub era un auténtico templo de la palabra y las relaciones humanas, salpimentado por excelentes actuaciones como las de Juan Tamariz y otros grandes magos. También las de extraordinarios músicos como Joaquín Sabina, Javier Krahe y, nuestro paisano, el seguntino Alberto Pérez (Lapastora), quienes conjuntamente grabaron, en 1981, ese disco, también ya mítico, titulado “La Mandrágora”, que era el nombre de un pub parecido al “Chaplin”, pero ubicado en el barrio madrileño de la Latina, en el que Sabina, Krahe y Pérez solían actuar. Todo un lujo para un reducido local de una pequeña ciudad de provincias el poder contar con artistas de esa talla que, no sólo hacían magia o cantaban, sino que después se incorporaban al ambiente del “Chaplin” porque, la verdad, enganchaba.

Puesto que murió hace unos meses en Bali, donde vivía desde hacía unos años después de recorrer medio mundo, Juan Antonio Martín no nos podrá ya explicar cómo se las apañó para hacer del “Chaplin” un lugar tan especial y que tanto nos marcó a quienes lo conocimos y disfrutamos; pero tengo la impresión de que la extraversión de Juan Antonio, su simpatía y cordialidad, al tiempo que su conocida pero consentida informalidad, todos estos factores trufados por una personalidad arrolladora, le permitieron sacar de la chistera, mejor dicho, del bombín de Chaplin, un lugar para el encuentro, la relación y la palabra casi mágico. Y sin casi.

Misión al pueblo bonito

            En España hay más de 8.000 municipios, pero casi 19.000 pueblos. O sea, que 8.000 localidades de España tienen ayuntamiento propio y otras 11.000 dependen administrativamente –como barrio anexionado o como EATIM (entidad de ámbito territorial inferior al municipio)- de alguna de esas 8.000. En el caso de nuestra provincia, hay 288 municipios, pero alrededor de 460 núcleos habitados, aunque más de un 80 por ciento tienen menos de 100 habitantes y en no pocos casos, al menos en invierno, o no vive nadie o casi nadie en ellos, aunque para la primavera regresen algunas familias y ya permanezcan allí hasta mediado el otoño, generalmente hasta la fiesta de Todos los Santos, si es que el tempero viene templado que, si no, el llamado “Veranillo de San Miguel”, a finales de septiembre, o, a más tardar, el día del Pilar, el 12 de octubre, es la fecha tope para permanecer en los pueblos aquellos que también tienen casa propia o de los hijos en la ciudad.

             De esos casi 20.000 pueblos que tiene España repartidos a lo largo y ancho de su “piel de toro”, como en botica, hay de todo: bonitos, regulares y feos, y, dentro de estas tres consideraciones, los hay preciosos, muy bonitos, simplemente bonitos, bonitos tirando a regulares, simplemente regulares, regulares tirando a feos, simplemente feos y hasta muy feos y, seguramente, algún pueblo, por su especial singularidad, incluso será acreedor de algún adjetivo aún no comprendido entre todos éstos, tanto para bien como para mal. Como en el propio pecado de la fealdad ya se lleva la penitencia, no voy a señalar a ningún pueblo que, a mi juicio, merezca esta consideración, ni de aquí, ni de allá, ni de ningún lugar, como dice la canción de Facundo Cabral. Además, la fealdad, como la belleza, son siempre relativas y dependen de los ojos con que ambas se miren, porque desde los de la afección a la “patria chica”, suelen ser siempre muy indulgentes y lo que, para casi todos, es un pueblo feo, para sus hijos es un bonito lugar, si no el que más.

Descontada la subjetividad de calificar la belleza o la fealdad de las cosas, en este caso de los pueblos, podemos afirmar, sin patrioterismo barato, que en España hay una larga nómina de pueblos bonitos y, además, con bellezas muy diferentes, porque España no sólo “is different”, como justamente reivindica nuestro ya veterano eslogan turístico por excelencia, sino que hay muchas Españas y muy diferentes entre ellas, en la acepción orteguiana del término, no en la que algunos utilizan torticeramente para tratar de levantar fronteras artificiales entre regiones, justificándose en esas diferencias que, sumadas, conforman un gran país, pero que, separadas, conformarían unos extemporáneos y minimalistas reinos de Taifas. Fragmentación, separación y/o secesión que iría en contra del viento paneuropeo que sopla desde el Tratado de Roma, de 1950, por el que se creó el entonces llamado Mercado Común Europeo –espacio también conocido como Comunidad Económica Europea (CEE) y, desde el de Maastrich, en 1992, como Unión Europea-, viento que, aún a pesar de algunos roles imprevistos que, a veces, nos han hecho zozobrar, dejado al pairo o navegando en ceñida, a España le ha soplado casi siempre de popa, especialmente desde el Acta de Adhesión de España a la entonces CEE, firmado en Madrid en 1985.

Aunque estoy seguro que, si cada lector de esta especie de “misión al pueblo bonito”, elaborara una lista de los pueblos de España que considera más bellos, muy probablemente ninguna se repetiría de forma exacta aunque, sin duda, habría muchas coincidencias pues lo objetivamente bonito es muy difícil que lo afee una valoración subjetiva. Tampoco me cabe duda alguna de que, a poco que se sea viajado, una lista de pueblos españoles, especialmente bonitos, que no alcanzara la cifra del centenar, se quedaría siempre corta, por lo que el listado de estos siete que ha elaborado el periódico digital www.vozpopuli.com se me antoja, no corto, sino cortísimo; a saber: Albarracín (Teruel), Sos del Rey Católico (Zaragoza), Taramundi (Asturias), Hondarribia/Fuenterrabía (Guipúzcoa), Priego de Córdoba (Córdoba), Cadaqués (Gerona) y Valldemosa (Mallorca). Como dice el propio periódico que ha elaborado esta relación de siete de los pueblos más bonitos de España –que no de los siete pueblos españoles más bonitos-, aunque sea una muletilla muy socorrida, es evidente que son todos los que están, pero no están todos los que son. Así, a bote pronto, echo en falta en ella, sólo en Cantabria, por ser ésta la región que es y a la que considero mi segunda casa, pueblos como Fuente Dé, Mogroviejo, Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera y Comillas, o Cudillero, Lastres, Llanes, Tazones y Ribadesella, en la vecina Asturias, dos de las cuatro regiones cantábricas del norte de España, que completan Galicia y el País Vasco, en las que los pueblos bonitos, entre los azules del mar y el cielo, las construcciones hechas con gusto y el verde de la montaña, se suceden uno tras otro, sin solución de continuidad.

            Renuncio a la esforzada, y, con certeza, siempre incompleta, tarea de relacionar los pueblos que yo considero más bonitos del medio centenar de provincias o de las diecisiete comunidades autónomas españolas, aunque no me duelen prendas en proclamar mi especial afección por los pueblos castellanos y leoneses: Pedraza, Riaza o Sepúlveda, en Segovia, Ciudad Rodrigo y La Alberca, en Salamanca, o Urueña en Valladolid, o Astorga y Peñalba de Santiago, en León, por citar sólo algunos significativos ejemplos. Cada lector tendrá en su retina e, incluso, en su corazón, ese listado de pueblos españoles más bonitos que, además, posee una gran virtud: siempre será una relación abierta, de la que es improbable que se caiga ninguno, pero a la que se pueden ir incorporando muchos; por ejemplo, del Pirineo catalán y del aragonés, de la Vera y el Jerte extremeños; de la Andalucía que mira al mar y de la que se empina en las sierras; de La Rioja, la bella tierra con nombre de vino; de Murcia, la costa cálida; de la Valencia de tierra y mar que te da todo; del territorio de diversidad que es Navarra; de esas Canarias que están a un paso de todo lo que puedas desear; de esas Baleares que son el corazón del Mediterráneo; de ese sorprendente Madrid al que no eclipsan ni asfixian, ni su cielo ceniciento ni su ceñido corsé de capital de uno de los Estados más antiguos de Europa, y aún del mundo, espectacular suma de regiones, diversas y singulares, y en la que hay muchos más pueblos bonitos que feos, sólo basta ir a ellos para comprobarlo.

Sin ir más lejos, a Guadalajara, una provincia que, como decía al principio, reúne en su territorio 460 pueblos, entre los que hay que conocer tantos bonitos que no nombro a ninguno porque se nublarían los que se quedaran en el tintero y quiero cielos siempre azules para mi tierra, porque aquí los nublos vienen solos.

El Greco en la Feria de las Vanidades

            Como responsable técnico que fui, durante algunos años de la década de los 90, del stand de la provincia de Guadalajara en FITUR, y cuatro más, entre 1999 y 2003, en que asumí la responsabilidad política de la presencia de la ciudad de Guadalajara en ella, conozco muy bien esa feria que concluyó el pasado domingo, batiendo todos los record de visitantes, tanto de profesionales, como de público, a pesar de haberse reducido el espacio expositor en un cinco por ciento respecto a la edición del año pasado. Según datos de IFEMA, la institución ferial madrileña organizadora de la Feria, más de 220.000 personas la han visitado este año, con un incremento de un 3,5 por ciento de profesionales y un 7 por ciento de público en general, cifras realmente significativas y que subrayan que esta es la feria más importante que se celebra cada año en Madrid, hasta el punto de generar ingresos inducidos para la capital de España por valor de 180 millones de euros. Profesionales de 9.000 empresas y/o de instituciones de 165 países del mundo han pasado por ella, espectaculares datos que ratifican a FITUR como una de las ferias del turismo más importantes del mundo, junto a las de Berlín y Chicago.

             FITUR es una feria que siempre se celebra en la segunda quincena de enero y que tiene cinco días de duración, estando abierta los tres primeros días sólo a profesionales y los dos últimos, el fin de semana, al público en general. Para quienes hemos ido a FITUR a trabajar, los días exclusivos para profesionales son, con diferencia, los más productivos, al tiempo que menos agotadores y agobiantes, porque en ellos se establecen contactos, fundamentalmente, con mayoristas, minoristas y otros actores del sector, mientras que el sábado y el domingo la Feria se convierte en una gigantesca oficina de turismo/agencia de viajes y el público la toma casi al asalto, en busca de un destino para sus vacaciones, los menos, y a la caza y captura de publicidad turística y merchandising, los más. Una pregunta muy recurrente del público visitante de FITUR en fin de semana es: ¿Y ustedes qué regalan, qué dan? Y la interesada y repetida pregunta, como los guisos de Arguiñano, tiene su fundamento porque, sobre todo en los años de “vino y rosas” en que las administraciones públicas gastaban la pólvora en salvas, yendo a FITUR como si fuera la “feria de las vanidades”, allí se repartía de todo (y aún con “recortes”, he comprobado que se sigue repartiendo): naranjas los valencianos, tomates los murcianos, pimentón los de la Vera, ajos los de Las Pedroñeras, berenjenas los de Almagro, plátanos los canarios, miel los alcarreños, aceite los de Jaén, queso los manchegos, vino los de todas las Españas, etc. etc., además de los más variopintos y singulares elementos en los que, la única condición que ponen los que compran soportes publicitarios a las empresas de publicidad que los venden, es que en ellos se pueda serigrafiar su logotipo; o sea, propaganda más que publicidad. Aunque los presupuestos, especialmente en los stands de instituciones públicas, han bajado de forma acusada en los últimos años, el acopio de publicidad turística y de “merchandising” el fin de semana, sigue siendo el deporte favorito del público que acude a FITUR. Otra cosa ya es el impacto real de esa publicidad y esa propaganda turísticas porque, las papeleras de IFEMA y sus entornos, acaban siendo muchas veces su destino final.

Como muestra de la fuerte minoración del presupuesto de la presencia en FITUR de las instituciones públicas, basta un botón y, además, significativo para nosotros, pues se trata del de Castilla-La Mancha: mientras que en 2009, la Junta de Comunidades, entonces aún gobernada por el PSOE y por Barreda, informó de un presupuesto del stand regional de un millón de euros y ocupó una superficie de 3.000 metros cuadrados, en esta edición, la tercera que gestiona la Junta desde que está gobernada por el PP y por Cospedal, han hecho público un presupuesto de 400.000 euros, para un espacio expositor de 1.000 metros; por cierto, el doble que la región ocupó el año pasado, justificándose este hecho en la circunstancia de que, en esta edición, se ha querido promocionar, de manera especial, el programa conmemorativo del cuarto centenario de la muerte de El Greco.

Cospedal-Fitur1Efectivamente, bajo el eslogan “Es Castilla-La Mancha”, el stand regional de la edición de FITUR que acaba de concluir ha tratado de ser una rampa de lanzamiento del programa de actos de El Greco 2014, recientemente presentado en Madrid. Este importante programa, que tiene muy buena pinta a priori, especialmente en lo que se refiere a las exposiciones que se van a celebrar en Toledo y en Madrid, tendrá un presupuesto de 16 millones de euros –sólo 3 de ellos aportados por las administraciones públicas, mientras que el resto lo cubrirán patrocinadores privados, un dato a resaltar y aplaudir-, frente a los 60 que se gastó la Junta en los fastos delQuixote”. Sin duda, este evento va a convertir a la capital regional en un destino preferente, en este año, del llamado turismo cultural, complementando el ya de por sí atractivo permanente que como destino turístico ofrece; lo que ya me genera más dudas es que El Greco 2014 reporte sinergias y recursos inducidos, especialmente relevantes, al resto de la región, puesto que el programa se va a consumir, prácticamente, en Toledo.

Nadie puede cuestionar que la figura de El Greco está estrechamente ligada al paisaje de Toledo y que es allí donde está su indeleble huella de 37 años de vida y la mayor parte de su obra, por lo que lo lógico y lo razonable es que la capital regional acoja la mayor y más importante parte del programa de actos del cuarto centenario de su muerte, como también lo es que el Museo del Prado, la pinacoteca española de referencia mundial, sea también partícipe y huésped de la obra de Doménikos Theotokópoulos con esta señalada ocasión; ahora bien, si se quiere promocionar toda Castilla-La Mancha en torno a este evento, al programa de actos de El Greco 2014 le faltan actividades -y de cuanto más peso y más categoría, mejor-, a lo largo y ancho de toda la geografía regional, algo que no se va a subsanar con la, por otra parte, acertada, aunque tardía decisión –al no figurar en el programa oficial en su presentación-, de apoyar la propuesta, promovida con buen criterio desde la Ciudad del Doncel, de organizar una muy interesante exposición de cuadros y tapices en la catedral de Sigüenza –yo, desde luego, no me la pienso perder- y la celebración de otros actos menores en Orgaz, El Bonillo y alguna localidad regional más, con vinculación relativamente directa con la figura y/o la obra de El Greco.

Sin duda, El Greco es Toledo; pero Toledo no es, ni puede, ni debe ser toda Castilla-La Mancha, aunque sea su capital desde que esta región nació en 1981, 367 años después de que muriera el extraordinario pintor cretense. De lo que no me cabe tampoco ninguna duda, es de que promover el turismo cultural en Castilla-La Mancha, con ambición y decisión, con criterio y con rigor, es una apuesta inteligente.

La chicas de Gamonal

 

            Muchos españoles han oído hablar del barrio burgalés de Gamonal, por primera vez en su vida, por la movilización social de sus vecinos y los disturbios acaecidos en sus calles en los últimos días, que han tenido amplia repercusión en los medios de comunicación nacionales y que, incluso, han motivado movilizaciones de supuesta “solidaridad” con los vecinos gamonalenses en otras ciudades de España, la mayor parte de ellas incluyendo enfrentamientos con la policía y conllevando importantes daños a mobiliario urbano, contenedores de basura, coches y locales, especialmente oficinas bancarias. Imágenes todas ellas lamentables y preocupantes.

Yo oí hablar, por primera vez, de Gamonal, hace exactamente 30 años, cuando en el invierno de 1984, tras realizar la instrucción en el CIR de Araca-Vitoria, fui destinado a hacer “la mili” en Burgos, concretamente en el Regimiento Acorazado de Caballería de Montaña “España 11”, cuyo cuartel está situado en el cantón militar de Castrillo del Val, muy cerca de Atapuerca, en la carretera de Logroño, a unos diez kilómetros de Burgos. Gamonal es un popular y populoso barrio de la periferia burgalesa que empezó a crecer a gran ritmo, sobre todo a partir de los años sesenta del siglo pasado, poblándose, fundamentalmente, de gentes venidas del campo castellano, que dejaban atrás su medio rural, en el que la mecanización de las tareas agrarias provocaba masivo y progresivo excedente de mano de obra, mientras, contrariamente, en las áreas urbanas, las grandes fábricas que en ellas se radicaban –en el caso de Burgos, Firestone y San Miguel, entre otras- ofrecían empleo a esos trabajadores que el campo se lo negaba. En la práctica totalidad de ciudades de España, hay un Gamonal, o varios; incluso hay ciudades de la periferia de las grandes ciudades, que todas ellas son “Gamonales”.

Recuerdo especialmente los ratos de ocio que, tras el alto de la tarde, teníamos en el cuartel burgalés, después de acabar las tareas diarias de mantenimiento y limpieza de los carros de combate M-47 –se decía que eran los que el ejército americano usó en Corea, pero motorizados diesel en España por Pegaso-, bautizados cada uno de ellos con nombres de caballos míticos o históricos –Babieca, el del Cid, no podía faltar entre ellos, por supuesto; Bucéfalo, el de Alejandro Magno, tampoco, y así, hasta dieciocho- y que tenía a su cargo el Escuadrón de Carros Medios, en el que estaba yo destinado como furriel. Como anécdota, en esos momentos de asueto que, la mayor parte del tiempo, los pasábamos en la cantina, entre otras razones porque el frío del páramo de Castrillo del Val sólo es comparable con el de otras mesetas altas, entre ellas las parameras molinesas, recuerdo que, con frecuencia, se comenzaban a cantar canciones típicas de soldadesca que unas quintas a otras se iban transmitiendo. Una de esas canciones se titulaba “Las chicas de Gamonal”, cuyo primer párrafo, si mal no recuerdo, decía así:

Las chicas de Gamonal

Paraban pam pam pam pam (bis)

Han puesto una huevería

Para que los niños pijos

Compren lo que no tenían.

Paraban ban pam pam, paraban ban pam pam

Es una simple anécdota, pero esa cancioncilla cuartelera, además de tener otras estrofas más picajosas, en las que se referían amores/desamores de tarde de jueves entre criadas de asueto y soldadillos de paseo, ya apunta a Gamonal como un barrio con conciencia social y en el que a los niños “pijos” se les consideraba “desarmados”, por utilizar un término militar.

Pero lo que ha pasado estos días atrás en Gamonal no es para tomárselo a broma, aunque nunca viene mal distender las cosas, incluso aquellas que pasan de castaño oscuro, como es el caso de ésta y de las consecuencias que ha tenido en otras ciudades españolas, especialmente en Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Zaragoza, donde, aprovechando que el Arlanzón pasa por Burgos, centenares de antisistema y otra fauna acratilla, se han echado a la calle para tratar de hacerla suya, buscando descaradamente enfrentamientos con la policía para liarla parda y elevar la algarada callejera a portada de telediarios, y destrozando todo lo destrozable y más, incluso los cristales de alguna cafetería, para susto mayúsculo de sus clientes, que no entendían nada porque aquello no era entendible.

Como es sabido, el origen de las movilizaciones de Gamonal ha estado en el rechazo de una significativa parte de los vecinos del barrio –lo que no sabemos es si mayoritaria o no, porque en él viven más de 30.000 personas y la concentración más concurrida no ha pasado de las 5.000, según informaciones de prensa- a la obra de remodelación de la calle Vitoria –eje principal de Gamonal, por el que pasaba la antigua carretera N-I, cuando atravesaba Burgos-, por la que se iban a anular dos carriles para coches y, en el centro de la calzada, se iba a instalar un paseo peatonal y un carril bici, con su correspondiente ajardinamiento y mobiliario urbano. Un proyecto que, por cierto, iba en el programa electoral del PP, que gobierna con mayoría absoluta el Ayuntamiento de Burgos, y que también ganó en los colegios electorales de Gamonal. Los vecinos que se echaron a la calle contra esta obra, estaban en contra de ella, fundamentalmente, porque iba a suponer la supresión de 400 plazas de aparcamiento y la alternativa a ellas era comprar una en un parking privado, a 20.000 euros, o aparcar el coche más lejos de donde lo venían haciendo. Cada uno es muy libre de pensar lo que es mejor para él y para su barrio, pero hay un hecho innegable: el urbanismo actual y el que se lleva ya practicando algunos años en la mayoría de las ciudades españolas, tiende a restar espacio en superficie a los coches para dárselo a peatones y bicicletas, y a sustituir asfalto por arboledas y zonas ajardinadas. Pero en fin, lo dicho, no sólo cada uno es muy libre de pensar como quiera, sino también de defender ese pensamiento, pero hasta un límite: el que marca la Ley para proteger la convivencia, la seguridad de las personas, los bienes públicos y privados, y el que dicta el sentido común. Y, en Gamonal y, sobre todo, en las algaradas habidas en otras ciudades en supuesto apoyo a los gamonalenses críticos con la obra del bulevar de la calle Vitoria –excusas, nada más que excusas; el medio era Gamonal, pero el fin era montar follón y causar destrozos-, la Ley se la han pasado algunos cuantos por esas partes pudendas que, según la cancioncilla que cantábamos en la cantina del “España 11”, no tienen los niños “pijos”. Lamentablemente, algunos piensan y actúan con la bolsa escrotal y sólo tienen la cabeza para cubrírsela con un pasamontañas.

 

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