Especulaciones varias

No es la primera vez, ni será la última, que subraye el hecho, tan cierto como lamentable, de que Guadalajara es una ciudad que, por muchos avatares, a lo largo del tiempo, aunque especialmente en los dos últimos siglos, ha perdido casi más patrimonio histórico-artístico del que conserva. La práctica totalidad de las guerras que en el centro de España han tenido sus campos de batalla, en Guadalajara se han ensañado de manera especial: Guerra de la Independencia contra los franceses y Guerras Carlistas, en el XIX, y Guerra Civil, en el XX, fundamentalmente. Y ya sabemos todos que la artillería y la aviación no envían a las ciudades desde el cielo tractores americanos en paracaídas, como los que esperaban inocentemente en la Puebla del Río de “Bienvenido Mr. Marshall”, ni claveles, como los que tapaban los cañones de los fusiles en la Revolución portuguesa homónima, lo que descargan son bombas, incendiarias muchas de ellas para hacer aún más daño, y que se llevan por delante todo lo que pillan: personas, edificios, animales y cosas. Como decía, una significativa parte del inventario patrimonial histórico-artístico de Guadalajara cayó o quedó gravemente herido, como parte de daños de guerras.

Pero no sólo la pólvora y la dinamita han cargado contra el patrimonio monumental de la ciudad, sino que también se han ensañado con él las diversas formas de especulación posibles que, desde hace ya muchas décadas, los propios poderes públicos no siempre han sabido atajar y que, en algunas ocasiones, incluso han contribuido a ella, quiero pensar que más por pasiva que por activa, aunque algunas actuaciones evidencian justamente lo contrario. Y digo históricamente, porque la práctica especulativa, aunque parezca que es un fenómeno relativamente reciente, se manifestó de forma altiva con las desamortizaciones del XIX, y prosiguió con algunas tesis, supuestamente modernistas, de ensanchar las ciudades a costa de romper sus trazas antiguas, murallas incluidas, y de sustituir edificios viejos por otros de nueva planta, como si el paso del tiempo por ellos fuera en detrimento de su valor constructivo y/o histórico-artístico, cuando es justamente lo contrario. Por supuesto que terminó de rematar la faena del expolio y la destrucción patrimonial de la ciudad la forma más moderna de especulación que es la del suelo: es decir, procurar las máximas plusvalías al negocio de la promoción y construcción a costa de casi todo, inclusive derribar edificios, históricos o no, para hacer construcciones con cuanta más altura y aprovechamiento mejor, lo que ha conducido a situaciones de una estética urbana casi aberrante que hoy no quiero señalar, pero que nos asaltan a cada paso que damos; otra cosa ya es que nos hayamos acostumbrado a ellas y hasta nos pasen desapercibidas, o casi. Pero a los que nos visitan, desde luego que no.

Guadalajara, qué duda cabe, tiene una asignatura pendiente con su patrimonio histórico-artístico perdido. Lamentablemente, el que fue destruido por las bombas, por la especulación desamortizadora, por la supuestamente modernista o por la descaradamente economicista, ya va a ser imposible reponer, pero, al menos, le debemos algunas cosas a lo ya caído e irrecuperable: que cese definitivamente cualquier forma de especulación contra el patrimonio, que se revisen, actualicen e, incluso, se amplíen, con criterio exhaustivo y riguroso, las actuales protecciones estructurales y ambientales recogidas en el POM, y, con fines pedagógicos, tratar de dar a conocer el patrimonio monumental desaparecido de la ciudad, de todas las formas posibles, pues, como ocurre con los propios hombres, nadie ni nada muere del todo mientras es recordado.

Aunque el panorama que he pintado al respecto de lo tratado en este post pueda parecer desolador, que en la parte ya irreversible lo es, afortunadamente la dinámica de los tiempos, la conciencia comunitaria –aunque aún trabajable- e, incluso, la sensibilidad de los gestores públicos –también todavía aumentable- parecen ir en la dirección que yo apuntaba. Espero que, efectivamente, los tiempos vayan cambiando y no disfrazándose, como decía la canción de Moncho Alpuente.

P.D.- En mi anterior post, titulado “Al amparo de la Antigua”, se omitía la primera ocasión en que la imagen de la Virgen de la Antigua visitó el templo de San Ginés y lo compartió con la imagen de la Virgen del Amparo: Fue en 1988, dentro de otra Misión Arciprestal como la presente, y en aquel entonces llevada a cabo con motivo del “Año Mariano”, declarado por el Papa Juan Pablo II, y que, efectivamente, como sí se dice en el artículo, fue clausurado con una misa de campaña en el “Pedro Escartín”, presidida por la imagen de la patrona.

Señalar, también, como muy bien recogió en su documentado, fervoroso y cálido pregón, Ángel de Isidro, que el domingo pasado precedió en San Ginés a la misa de 12,30, presidida ya por la imagen de la Antigua, llegada a esta parroquia la tarde anterior, dada la gran y desmedida rivalidad existente entre los partidarios de la Virgen de la Antigua y los del Amparo -reflejada en mi post anterior-, en las primeras ocasiones en que la imagen de la Patrona salió de su santuario para recorrer las parroquias de la ciudad, tras ser declarado su patronazgo en 1883, la Junta de su Real Cofradía solicitó a las autoridades eclesiásticas que la misma no fuera a San Ginés, en evitación de posibles problemas.

El propio párroco emérito de San Ginés, don Jorge Planas, que ofició la misa principal del domingo en san Ginés junto a sus dos compañeros párrocos, Don Oscar y Don Santiago, se refirió a esta rivalidad como algo anecdótico y del pasado, felizmente superado hace ya tiempo, y recordó que la Virgen de la Antigua y la del Amparo son la misma: Simplemente María, la madre de Jesús, el hijo de Dios.

El amparo de la Antigua

            Dentro de la llamada “Misión Arciprestal”, que se inició el pasado 30 de noviembre, en la Iglesia de Santiago, y concluirá el próximo 31 de mayo, en Santa María, por la cual la imagen de la patrona de Guadalajara, la Virgen de la Antigua, está recorriendo todas las parroquias de la capital, el sábado, 1 de marzo, llegará ésta a San Ginés, donde permanecerá hasta el día 8 de marzo en que proseguirá su recorrido, en esta ocasión a San Nicolás.

No se si esta “Misión Arciprestal” con la Virgen de la Antigua in itinere por las actuales diecisiete parroquias de la ciudad se ha producido en ocasiones anteriores, aunque no tengo noticia de ello. Pocas, muy pocas veces ha salido de su santuario la patrona, que lo es desde 1883, salvo todos los veintinueves de agosto, cuando en recogida procesión, se traslada desde allí a Santa María –últimamente, a  San Francisco, la iglesia del Fuerte que pertenece a la Parroquia de la Concatedral-, para permanecer en ella durante su novenario y regresar a su santuario, el día de su festividad, la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre, ya en procesión multitudinaria.

Como decía, sólo en contadas y excepcionales ocasiones ha salido la imagen de nuestra Patrona de la que fuera iglesia de Santo Tomé, que es su santuario desde 1831. Al menos que a mi me conste, el período de tiempo más prolongado en que permaneció fuera de su propia ermita fue de seis años, a finales del siglo XIX, entre 1893 y 1899, cuando fue trasladada a la entonces iglesia conventual de Santa Clara, hoy iglesia y parroquia de Santiago, con motivo de la realización de unas importantes obras en el templo mariano. En 1930, con ocasión de su coronación canónica, la prensa de la época recoge el solemne traslado de la imagen de la Virgen de la Antigua al parque de la Concordia, donde creo que también fue trasladada, al menos en otra ocasión, de la que no recuerdo fecha ni motivo. Sí guardo memoria del traslado hasta el campo de fútbol “Pedro Escartín” de la imagen de nuestra Patrona, en 1988, para clausurarse allí y con ella el “Año Mariano” que el entonces Papa Juan Pablo II había declarado y promovido. Siguiendo esta estela marianista-deportiva, la actual “Misión Arciprestal” con la imagen de la Patrona concluirá en el Palacio Multiusos de Aguas Vivas el día 31 de mayo.

Pues bien, salvo error u omisión, 130 años después de ser declarado el patronazgo de la ciudad a favor de la Virgen de la Antigua, primero por el Ayuntamiento capitalino, siendo su “alcalde constitucional” –así consta en el acta correspondiente- Ezequiel de la Vega, declaración de la autoridad civil después ratificada por la religiosa a través del correspondiente decreto firmado por el Cardenal Moreno Maisanove, su imagen va a compartir templo, el de la iglesia de San Ginés, con la imagen de otra advocación mariana, la Virgen del Amparo, que, como es sabido, estuvo también propuesta en su día como opción para asumir el patronazgo de la ciudad, aunque el “Cabildo de Curas” de entonces y el propio Ayuntamiento se decantaron, finalmente, por la de la Antigua.

Si bien para los cristianos sólo hay una Virgen, María, pese a que la denominemos con mil y una advocaciones distintas, muchas de ellas referidas a parajes naturales o especies vegetales propias de cada lugar para tratar de hacerla aún más “cercana” y “nuestra” –del Saz (Sauce), del Madroñal, de los Olmos, del Valle, del Espinar, etc-, resulta cuando menos curioso que la Virgen de la Antigua y la del Amparo vayan a compartir templo durante una semana, gracias a esta “Misión Arciprestal” que está promoviendo la presencia de la patrona en todas las parroquias de la ciudad. Una Misión, insisto, tan novedosa como, a mi juicio, plausible, pues como dice nuestro sencillo, afable, cercano y buen Obispo, don Atilano, recordando lo proclamado al respecto por el concilio Vaticano II, “la devoción a la Virgen no debe quedarse en un sentimentalismo estéril y transitorio sino que ha de ayudarnos a crecer en el amor filial hacia nuestra Madre y en la imitación de sus virtudes”.

Por supuesto sólo desde un punto de vista festivo y anecdótico, decía que resulta curioso el hecho de que las imágenes de la Virgen de la Antigua y del Amparo vayan a compartir el templo de San Ginés una semana porque, en su día, los partidarios del patronazgo de la ciudad a favor de una y de otra advocación, mantuvieron durante décadas una enconada rivalidad -puro sociocentrismo que diría Caro Baroja-, que no se quedó sólo en palabras y fervores, sino que llegó a concretarse hasta en lanzamientos de piedras, en auténticas dreas, de “amparistas” contra “antigüistas” y viceversa, en una exaltación desacerbada y errática de sus respectivos marianismos militantes. A tal punto llegó la rivalidad que hasta se compusieron coplillas despectivas contra la advocación rival: “La Virgen de (…) come conejo y la del/la (…) chupa los huesos”; evidentemente, dependiendo de quien lanzara, cual venablo, la coplilla, la advocación que comía el conejo y la que chupaba los huesos era una u otra. Y la mayor afrenta que los incondicionales de la Virgen del Amparo podían infligir a los de la Virgen de la Antigua era conseguir encender, antes de tiempo, la hoguera de retamas que, por tradición, siempre se quema cuando la imagen de la Patrona entra en su templo, al concluir su magna procesión del 8 de septiembre.

Afortunadamente, andado el tiempo, esta rivalidad sólo es mero recuerdo de una Guadalajara que ya se fue, en buena hora, aunque en otras malas se nos hayan ido cosas que jamás debimos perder, como patrimonio histórico-artístico o memoria colectiva. Sincretizando ambas advocaciones, los parroquianos de San Ginés y aún los de todas las parroquias de la ciudad, lo que haremos siempre es pedir amparo a la Virgen María, en su advocación de la Antigua, patrona de nuestra ciudad, como antes lo fueron San Roque, Santa Mónica y Santa Agustín. Por cierto, madre e hijo santos que van a ser los titulares de la nueva parroquia de la zona de los Valles, recuperando así la ciudad memoria de su antiguo patronazgo en una de sus nuevas zonas residenciales.

 

La magia del “Chaplin”

 

            El próximo fin de semana, entre el viernes, 14, y el domingo, 16 de febrero, va a celebrarse una nueva edición de “Por arte de magia”, el festival de magos e ilusionistas que el Ayuntamiento de Guadalajara, con buen criterio y éxito de público, lleva ya organizando algunos años. En la provincia hay muchos y buenos magos, la mayoría aficionados, aunque también hay algún muy buen profesional, como el seguntino Adrián Vega, que es quien dirige este festival y que, el año pasado, en el Congreso Internacional de Magos que se celebró en nuestra ciudad, obtuvo el Premio Nacional de Cartomagia; un mago premiado por los propios magos, sin duda tiene que ser un excelente mago.

“Por arte de magia” viene a dar continuidad a “Guadalajara mágica”, actividad en la que, un día de Ferias, generalmente el viernes festivo, creo recordar que desde 2002, varios magos se dan cita con el público en las calles de Guadalajara, llenando plazas y parques de ilusión y causando admiración por sus habilidades y destrezas. Una ciudad en la que se programan, y además gozan de alto poder de convocatoria, actividades como el “Maratón de los cuentos”, “Por arte de magia” o “Guadalajara mágica”, deja entrever que sus ciudadanos no sólo saben hablar, sino también escuchar; no sólo saben mirar, sino también ver y no sólo saben cerrar los ojos, sino también soñar. Incluso me atrevería a decir que las ciudades en las que se cuentan y oyen contar tantos cuentos, y en las que la magia y la ilusión toman la calle con frecuencia, tienen acreditada una inteligencia emocional comunitaria. No obstante, dice mi amigo y hermano Javier Borobia que “Guadalajara es una ciudad que no se gusta a sí misma”; eso es bien cierto, a pesar de que tiene motivos sobrados para ir remontando en autoestima, aunque aún se tenga que hacer mirar algunas cuantas cosas, entre otras, mejorar el conocimiento propio y cambiar actitudes de resignación por compromisos.

 

Pero, ¡ale hop!, ¡nada por aquí, nada por allá, y volvamos a sacar magia de esta chistera de tinta virtual que es un post! Entre la programación del “Por arte de magia” de este año me ha alegrado ver que está incluida dentro de ella una actuación del gran Juan Tamariz, con su conocida, y ya veterana, “Magia potagia”. Aunque Tamariz es un mago que ha tenido mucha presencia en televisión, donde ha cimentado buena parte de su fama y éxito, su mejor magia la hace en proximidad, en cercanía, vis a vis. Y doy fe de ello porque a Tamariz le conocí y vi hacer su “magia potagia” en directo, hace ya más de treinta años, y no una vez sino varias, en el viejo y añorado “Chaplin”, el ya mítico pub en el que, sobre todo a finales de los años setenta y la década completa de los ochenta, nos hicimos jóvenes y disfrutamos de esa juventud mucho tiempo en él varias generaciones de guadalajareños. Juan, aparte de ser más feo que Picio, fealdad de la que sabe sacar partido, tiene una simpatía y un humor muy especiales que redondean sus muchas y grandes habilidades como mago. No me cabe duda que su paso por el festival de magia guadalajareño, este fin de semana, va a ser todo un éxito porque los magos no envejecen; al contrario, según aumenta su experiencia, crece su capacidad de ilusionar.

Y ya que he citado al “Chaplin”, no quiero terminar este post sin contarles a quienes no lo conocieron, aunque sea a vuelapluma, de qué iba aquel especialísimo lugar, y compartir algunos gratos recuerdos con quienes sí fueron parte de sus habituales. El “Chaplin” estaba situado en los bajos de un viejo edificio de la calle Alvarfáñez de Minaya, con vocación de sótano o de cueva. Incluso, si no se tuviera en cuenta el magnífico ambiente que allí se creaba y la calidad de las actuaciones que en él tenían lugar con frecuencia, el local, por su baja altura y reducido espacio, podría ser perfectamente definido como un “antro”. Antes de ser “Chaplin” se llamó “El Cirio” y, menos tabaco, que también, allí se fumaba de todo. Dejada atrás la etapa libérrima del “Cirio” e, incluso, otra en que se llamó “Arco Iris”, el “Chaplin”, de la mano de Juan Antonio Martín Carraux, paso a ser un bar de referencia, casi de culto, en Guadalajara, en el que no sólo se tomaban copas y se pelaba la pava, sino que se jugaba al ajedrez o a las cartas, se leía algún periódico o revista, se formaban tertulias de grupo en las que hacían planes las pandillas de amigos, se hablaba de política en aquellos apasionantes momentos de la transición democrática, de cine, de literatura… y de lo que se terciase, porque aquel pub era un auténtico templo de la palabra y las relaciones humanas, salpimentado por excelentes actuaciones como las de Juan Tamariz y otros grandes magos. También las de extraordinarios músicos como Joaquín Sabina, Javier Krahe y, nuestro paisano, el seguntino Alberto Pérez (Lapastora), quienes conjuntamente grabaron, en 1981, ese disco, también ya mítico, titulado “La Mandrágora”, que era el nombre de un pub parecido al “Chaplin”, pero ubicado en el barrio madrileño de la Latina, en el que Sabina, Krahe y Pérez solían actuar. Todo un lujo para un reducido local de una pequeña ciudad de provincias el poder contar con artistas de esa talla que, no sólo hacían magia o cantaban, sino que después se incorporaban al ambiente del “Chaplin” porque, la verdad, enganchaba.

Puesto que murió hace unos meses en Bali, donde vivía desde hacía unos años después de recorrer medio mundo, Juan Antonio Martín no nos podrá ya explicar cómo se las apañó para hacer del “Chaplin” un lugar tan especial y que tanto nos marcó a quienes lo conocimos y disfrutamos; pero tengo la impresión de que la extraversión de Juan Antonio, su simpatía y cordialidad, al tiempo que su conocida pero consentida informalidad, todos estos factores trufados por una personalidad arrolladora, le permitieron sacar de la chistera, mejor dicho, del bombín de Chaplin, un lugar para el encuentro, la relación y la palabra casi mágico. Y sin casi.

Misión al pueblo bonito

            En España hay más de 8.000 municipios, pero casi 19.000 pueblos. O sea, que 8.000 localidades de España tienen ayuntamiento propio y otras 11.000 dependen administrativamente –como barrio anexionado o como EATIM (entidad de ámbito territorial inferior al municipio)- de alguna de esas 8.000. En el caso de nuestra provincia, hay 288 municipios, pero alrededor de 460 núcleos habitados, aunque más de un 80 por ciento tienen menos de 100 habitantes y en no pocos casos, al menos en invierno, o no vive nadie o casi nadie en ellos, aunque para la primavera regresen algunas familias y ya permanezcan allí hasta mediado el otoño, generalmente hasta la fiesta de Todos los Santos, si es que el tempero viene templado que, si no, el llamado “Veranillo de San Miguel”, a finales de septiembre, o, a más tardar, el día del Pilar, el 12 de octubre, es la fecha tope para permanecer en los pueblos aquellos que también tienen casa propia o de los hijos en la ciudad.

             De esos casi 20.000 pueblos que tiene España repartidos a lo largo y ancho de su “piel de toro”, como en botica, hay de todo: bonitos, regulares y feos, y, dentro de estas tres consideraciones, los hay preciosos, muy bonitos, simplemente bonitos, bonitos tirando a regulares, simplemente regulares, regulares tirando a feos, simplemente feos y hasta muy feos y, seguramente, algún pueblo, por su especial singularidad, incluso será acreedor de algún adjetivo aún no comprendido entre todos éstos, tanto para bien como para mal. Como en el propio pecado de la fealdad ya se lleva la penitencia, no voy a señalar a ningún pueblo que, a mi juicio, merezca esta consideración, ni de aquí, ni de allá, ni de ningún lugar, como dice la canción de Facundo Cabral. Además, la fealdad, como la belleza, son siempre relativas y dependen de los ojos con que ambas se miren, porque desde los de la afección a la “patria chica”, suelen ser siempre muy indulgentes y lo que, para casi todos, es un pueblo feo, para sus hijos es un bonito lugar, si no el que más.

Descontada la subjetividad de calificar la belleza o la fealdad de las cosas, en este caso de los pueblos, podemos afirmar, sin patrioterismo barato, que en España hay una larga nómina de pueblos bonitos y, además, con bellezas muy diferentes, porque España no sólo “is different”, como justamente reivindica nuestro ya veterano eslogan turístico por excelencia, sino que hay muchas Españas y muy diferentes entre ellas, en la acepción orteguiana del término, no en la que algunos utilizan torticeramente para tratar de levantar fronteras artificiales entre regiones, justificándose en esas diferencias que, sumadas, conforman un gran país, pero que, separadas, conformarían unos extemporáneos y minimalistas reinos de Taifas. Fragmentación, separación y/o secesión que iría en contra del viento paneuropeo que sopla desde el Tratado de Roma, de 1950, por el que se creó el entonces llamado Mercado Común Europeo –espacio también conocido como Comunidad Económica Europea (CEE) y, desde el de Maastrich, en 1992, como Unión Europea-, viento que, aún a pesar de algunos roles imprevistos que, a veces, nos han hecho zozobrar, dejado al pairo o navegando en ceñida, a España le ha soplado casi siempre de popa, especialmente desde el Acta de Adhesión de España a la entonces CEE, firmado en Madrid en 1985.

Aunque estoy seguro que, si cada lector de esta especie de “misión al pueblo bonito”, elaborara una lista de los pueblos de España que considera más bellos, muy probablemente ninguna se repetiría de forma exacta aunque, sin duda, habría muchas coincidencias pues lo objetivamente bonito es muy difícil que lo afee una valoración subjetiva. Tampoco me cabe duda alguna de que, a poco que se sea viajado, una lista de pueblos españoles, especialmente bonitos, que no alcanzara la cifra del centenar, se quedaría siempre corta, por lo que el listado de estos siete que ha elaborado el periódico digital www.vozpopuli.com se me antoja, no corto, sino cortísimo; a saber: Albarracín (Teruel), Sos del Rey Católico (Zaragoza), Taramundi (Asturias), Hondarribia/Fuenterrabía (Guipúzcoa), Priego de Córdoba (Córdoba), Cadaqués (Gerona) y Valldemosa (Mallorca). Como dice el propio periódico que ha elaborado esta relación de siete de los pueblos más bonitos de España –que no de los siete pueblos españoles más bonitos-, aunque sea una muletilla muy socorrida, es evidente que son todos los que están, pero no están todos los que son. Así, a bote pronto, echo en falta en ella, sólo en Cantabria, por ser ésta la región que es y a la que considero mi segunda casa, pueblos como Fuente Dé, Mogroviejo, Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera y Comillas, o Cudillero, Lastres, Llanes, Tazones y Ribadesella, en la vecina Asturias, dos de las cuatro regiones cantábricas del norte de España, que completan Galicia y el País Vasco, en las que los pueblos bonitos, entre los azules del mar y el cielo, las construcciones hechas con gusto y el verde de la montaña, se suceden uno tras otro, sin solución de continuidad.

            Renuncio a la esforzada, y, con certeza, siempre incompleta, tarea de relacionar los pueblos que yo considero más bonitos del medio centenar de provincias o de las diecisiete comunidades autónomas españolas, aunque no me duelen prendas en proclamar mi especial afección por los pueblos castellanos y leoneses: Pedraza, Riaza o Sepúlveda, en Segovia, Ciudad Rodrigo y La Alberca, en Salamanca, o Urueña en Valladolid, o Astorga y Peñalba de Santiago, en León, por citar sólo algunos significativos ejemplos. Cada lector tendrá en su retina e, incluso, en su corazón, ese listado de pueblos españoles más bonitos que, además, posee una gran virtud: siempre será una relación abierta, de la que es improbable que se caiga ninguno, pero a la que se pueden ir incorporando muchos; por ejemplo, del Pirineo catalán y del aragonés, de la Vera y el Jerte extremeños; de la Andalucía que mira al mar y de la que se empina en las sierras; de La Rioja, la bella tierra con nombre de vino; de Murcia, la costa cálida; de la Valencia de tierra y mar que te da todo; del territorio de diversidad que es Navarra; de esas Canarias que están a un paso de todo lo que puedas desear; de esas Baleares que son el corazón del Mediterráneo; de ese sorprendente Madrid al que no eclipsan ni asfixian, ni su cielo ceniciento ni su ceñido corsé de capital de uno de los Estados más antiguos de Europa, y aún del mundo, espectacular suma de regiones, diversas y singulares, y en la que hay muchos más pueblos bonitos que feos, sólo basta ir a ellos para comprobarlo.

Sin ir más lejos, a Guadalajara, una provincia que, como decía al principio, reúne en su territorio 460 pueblos, entre los que hay que conocer tantos bonitos que no nombro a ninguno porque se nublarían los que se quedaran en el tintero y quiero cielos siempre azules para mi tierra, porque aquí los nublos vienen solos.

El Greco en la Feria de las Vanidades

            Como responsable técnico que fui, durante algunos años de la década de los 90, del stand de la provincia de Guadalajara en FITUR, y cuatro más, entre 1999 y 2003, en que asumí la responsabilidad política de la presencia de la ciudad de Guadalajara en ella, conozco muy bien esa feria que concluyó el pasado domingo, batiendo todos los record de visitantes, tanto de profesionales, como de público, a pesar de haberse reducido el espacio expositor en un cinco por ciento respecto a la edición del año pasado. Según datos de IFEMA, la institución ferial madrileña organizadora de la Feria, más de 220.000 personas la han visitado este año, con un incremento de un 3,5 por ciento de profesionales y un 7 por ciento de público en general, cifras realmente significativas y que subrayan que esta es la feria más importante que se celebra cada año en Madrid, hasta el punto de generar ingresos inducidos para la capital de España por valor de 180 millones de euros. Profesionales de 9.000 empresas y/o de instituciones de 165 países del mundo han pasado por ella, espectaculares datos que ratifican a FITUR como una de las ferias del turismo más importantes del mundo, junto a las de Berlín y Chicago.

             FITUR es una feria que siempre se celebra en la segunda quincena de enero y que tiene cinco días de duración, estando abierta los tres primeros días sólo a profesionales y los dos últimos, el fin de semana, al público en general. Para quienes hemos ido a FITUR a trabajar, los días exclusivos para profesionales son, con diferencia, los más productivos, al tiempo que menos agotadores y agobiantes, porque en ellos se establecen contactos, fundamentalmente, con mayoristas, minoristas y otros actores del sector, mientras que el sábado y el domingo la Feria se convierte en una gigantesca oficina de turismo/agencia de viajes y el público la toma casi al asalto, en busca de un destino para sus vacaciones, los menos, y a la caza y captura de publicidad turística y merchandising, los más. Una pregunta muy recurrente del público visitante de FITUR en fin de semana es: ¿Y ustedes qué regalan, qué dan? Y la interesada y repetida pregunta, como los guisos de Arguiñano, tiene su fundamento porque, sobre todo en los años de “vino y rosas” en que las administraciones públicas gastaban la pólvora en salvas, yendo a FITUR como si fuera la “feria de las vanidades”, allí se repartía de todo (y aún con “recortes”, he comprobado que se sigue repartiendo): naranjas los valencianos, tomates los murcianos, pimentón los de la Vera, ajos los de Las Pedroñeras, berenjenas los de Almagro, plátanos los canarios, miel los alcarreños, aceite los de Jaén, queso los manchegos, vino los de todas las Españas, etc. etc., además de los más variopintos y singulares elementos en los que, la única condición que ponen los que compran soportes publicitarios a las empresas de publicidad que los venden, es que en ellos se pueda serigrafiar su logotipo; o sea, propaganda más que publicidad. Aunque los presupuestos, especialmente en los stands de instituciones públicas, han bajado de forma acusada en los últimos años, el acopio de publicidad turística y de “merchandising” el fin de semana, sigue siendo el deporte favorito del público que acude a FITUR. Otra cosa ya es el impacto real de esa publicidad y esa propaganda turísticas porque, las papeleras de IFEMA y sus entornos, acaban siendo muchas veces su destino final.

Como muestra de la fuerte minoración del presupuesto de la presencia en FITUR de las instituciones públicas, basta un botón y, además, significativo para nosotros, pues se trata del de Castilla-La Mancha: mientras que en 2009, la Junta de Comunidades, entonces aún gobernada por el PSOE y por Barreda, informó de un presupuesto del stand regional de un millón de euros y ocupó una superficie de 3.000 metros cuadrados, en esta edición, la tercera que gestiona la Junta desde que está gobernada por el PP y por Cospedal, han hecho público un presupuesto de 400.000 euros, para un espacio expositor de 1.000 metros; por cierto, el doble que la región ocupó el año pasado, justificándose este hecho en la circunstancia de que, en esta edición, se ha querido promocionar, de manera especial, el programa conmemorativo del cuarto centenario de la muerte de El Greco.

Cospedal-Fitur1Efectivamente, bajo el eslogan “Es Castilla-La Mancha”, el stand regional de la edición de FITUR que acaba de concluir ha tratado de ser una rampa de lanzamiento del programa de actos de El Greco 2014, recientemente presentado en Madrid. Este importante programa, que tiene muy buena pinta a priori, especialmente en lo que se refiere a las exposiciones que se van a celebrar en Toledo y en Madrid, tendrá un presupuesto de 16 millones de euros –sólo 3 de ellos aportados por las administraciones públicas, mientras que el resto lo cubrirán patrocinadores privados, un dato a resaltar y aplaudir-, frente a los 60 que se gastó la Junta en los fastos delQuixote”. Sin duda, este evento va a convertir a la capital regional en un destino preferente, en este año, del llamado turismo cultural, complementando el ya de por sí atractivo permanente que como destino turístico ofrece; lo que ya me genera más dudas es que El Greco 2014 reporte sinergias y recursos inducidos, especialmente relevantes, al resto de la región, puesto que el programa se va a consumir, prácticamente, en Toledo.

Nadie puede cuestionar que la figura de El Greco está estrechamente ligada al paisaje de Toledo y que es allí donde está su indeleble huella de 37 años de vida y la mayor parte de su obra, por lo que lo lógico y lo razonable es que la capital regional acoja la mayor y más importante parte del programa de actos del cuarto centenario de su muerte, como también lo es que el Museo del Prado, la pinacoteca española de referencia mundial, sea también partícipe y huésped de la obra de Doménikos Theotokópoulos con esta señalada ocasión; ahora bien, si se quiere promocionar toda Castilla-La Mancha en torno a este evento, al programa de actos de El Greco 2014 le faltan actividades -y de cuanto más peso y más categoría, mejor-, a lo largo y ancho de toda la geografía regional, algo que no se va a subsanar con la, por otra parte, acertada, aunque tardía decisión –al no figurar en el programa oficial en su presentación-, de apoyar la propuesta, promovida con buen criterio desde la Ciudad del Doncel, de organizar una muy interesante exposición de cuadros y tapices en la catedral de Sigüenza –yo, desde luego, no me la pienso perder- y la celebración de otros actos menores en Orgaz, El Bonillo y alguna localidad regional más, con vinculación relativamente directa con la figura y/o la obra de El Greco.

Sin duda, El Greco es Toledo; pero Toledo no es, ni puede, ni debe ser toda Castilla-La Mancha, aunque sea su capital desde que esta región nació en 1981, 367 años después de que muriera el extraordinario pintor cretense. De lo que no me cabe tampoco ninguna duda, es de que promover el turismo cultural en Castilla-La Mancha, con ambición y decisión, con criterio y con rigor, es una apuesta inteligente.

La chicas de Gamonal

 

            Muchos españoles han oído hablar del barrio burgalés de Gamonal, por primera vez en su vida, por la movilización social de sus vecinos y los disturbios acaecidos en sus calles en los últimos días, que han tenido amplia repercusión en los medios de comunicación nacionales y que, incluso, han motivado movilizaciones de supuesta “solidaridad” con los vecinos gamonalenses en otras ciudades de España, la mayor parte de ellas incluyendo enfrentamientos con la policía y conllevando importantes daños a mobiliario urbano, contenedores de basura, coches y locales, especialmente oficinas bancarias. Imágenes todas ellas lamentables y preocupantes.

Yo oí hablar, por primera vez, de Gamonal, hace exactamente 30 años, cuando en el invierno de 1984, tras realizar la instrucción en el CIR de Araca-Vitoria, fui destinado a hacer “la mili” en Burgos, concretamente en el Regimiento Acorazado de Caballería de Montaña “España 11”, cuyo cuartel está situado en el cantón militar de Castrillo del Val, muy cerca de Atapuerca, en la carretera de Logroño, a unos diez kilómetros de Burgos. Gamonal es un popular y populoso barrio de la periferia burgalesa que empezó a crecer a gran ritmo, sobre todo a partir de los años sesenta del siglo pasado, poblándose, fundamentalmente, de gentes venidas del campo castellano, que dejaban atrás su medio rural, en el que la mecanización de las tareas agrarias provocaba masivo y progresivo excedente de mano de obra, mientras, contrariamente, en las áreas urbanas, las grandes fábricas que en ellas se radicaban –en el caso de Burgos, Firestone y San Miguel, entre otras- ofrecían empleo a esos trabajadores que el campo se lo negaba. En la práctica totalidad de ciudades de España, hay un Gamonal, o varios; incluso hay ciudades de la periferia de las grandes ciudades, que todas ellas son “Gamonales”.

Recuerdo especialmente los ratos de ocio que, tras el alto de la tarde, teníamos en el cuartel burgalés, después de acabar las tareas diarias de mantenimiento y limpieza de los carros de combate M-47 –se decía que eran los que el ejército americano usó en Corea, pero motorizados diesel en España por Pegaso-, bautizados cada uno de ellos con nombres de caballos míticos o históricos –Babieca, el del Cid, no podía faltar entre ellos, por supuesto; Bucéfalo, el de Alejandro Magno, tampoco, y así, hasta dieciocho- y que tenía a su cargo el Escuadrón de Carros Medios, en el que estaba yo destinado como furriel. Como anécdota, en esos momentos de asueto que, la mayor parte del tiempo, los pasábamos en la cantina, entre otras razones porque el frío del páramo de Castrillo del Val sólo es comparable con el de otras mesetas altas, entre ellas las parameras molinesas, recuerdo que, con frecuencia, se comenzaban a cantar canciones típicas de soldadesca que unas quintas a otras se iban transmitiendo. Una de esas canciones se titulaba “Las chicas de Gamonal”, cuyo primer párrafo, si mal no recuerdo, decía así:

Las chicas de Gamonal

Paraban pam pam pam pam (bis)

Han puesto una huevería

Para que los niños pijos

Compren lo que no tenían.

Paraban ban pam pam, paraban ban pam pam

Es una simple anécdota, pero esa cancioncilla cuartelera, además de tener otras estrofas más picajosas, en las que se referían amores/desamores de tarde de jueves entre criadas de asueto y soldadillos de paseo, ya apunta a Gamonal como un barrio con conciencia social y en el que a los niños “pijos” se les consideraba “desarmados”, por utilizar un término militar.

Pero lo que ha pasado estos días atrás en Gamonal no es para tomárselo a broma, aunque nunca viene mal distender las cosas, incluso aquellas que pasan de castaño oscuro, como es el caso de ésta y de las consecuencias que ha tenido en otras ciudades españolas, especialmente en Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Zaragoza, donde, aprovechando que el Arlanzón pasa por Burgos, centenares de antisistema y otra fauna acratilla, se han echado a la calle para tratar de hacerla suya, buscando descaradamente enfrentamientos con la policía para liarla parda y elevar la algarada callejera a portada de telediarios, y destrozando todo lo destrozable y más, incluso los cristales de alguna cafetería, para susto mayúsculo de sus clientes, que no entendían nada porque aquello no era entendible.

Como es sabido, el origen de las movilizaciones de Gamonal ha estado en el rechazo de una significativa parte de los vecinos del barrio –lo que no sabemos es si mayoritaria o no, porque en él viven más de 30.000 personas y la concentración más concurrida no ha pasado de las 5.000, según informaciones de prensa- a la obra de remodelación de la calle Vitoria –eje principal de Gamonal, por el que pasaba la antigua carretera N-I, cuando atravesaba Burgos-, por la que se iban a anular dos carriles para coches y, en el centro de la calzada, se iba a instalar un paseo peatonal y un carril bici, con su correspondiente ajardinamiento y mobiliario urbano. Un proyecto que, por cierto, iba en el programa electoral del PP, que gobierna con mayoría absoluta el Ayuntamiento de Burgos, y que también ganó en los colegios electorales de Gamonal. Los vecinos que se echaron a la calle contra esta obra, estaban en contra de ella, fundamentalmente, porque iba a suponer la supresión de 400 plazas de aparcamiento y la alternativa a ellas era comprar una en un parking privado, a 20.000 euros, o aparcar el coche más lejos de donde lo venían haciendo. Cada uno es muy libre de pensar lo que es mejor para él y para su barrio, pero hay un hecho innegable: el urbanismo actual y el que se lleva ya practicando algunos años en la mayoría de las ciudades españolas, tiende a restar espacio en superficie a los coches para dárselo a peatones y bicicletas, y a sustituir asfalto por arboledas y zonas ajardinadas. Pero en fin, lo dicho, no sólo cada uno es muy libre de pensar como quiera, sino también de defender ese pensamiento, pero hasta un límite: el que marca la Ley para proteger la convivencia, la seguridad de las personas, los bienes públicos y privados, y el que dicta el sentido común. Y, en Gamonal y, sobre todo, en las algaradas habidas en otras ciudades en supuesto apoyo a los gamonalenses críticos con la obra del bulevar de la calle Vitoria –excusas, nada más que excusas; el medio era Gamonal, pero el fin era montar follón y causar destrozos-, la Ley se la han pasado algunos cuantos por esas partes pudendas que, según la cancioncilla que cantábamos en la cantina del “España 11”, no tienen los niños “pijos”. Lamentablemente, algunos piensan y actúan con la bolsa escrotal y sólo tienen la cabeza para cubrírsela con un pasamontañas.

 

El Calendario Zaragozano, las Cabañuelas y las Témporas

             Decía don Hilarión, en ese pedazo de zarzuela que es “La verbena de la paloma”, que “hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad”. Y decía bien, a pesar de que lo dijo en 1894 –año en que se estrenó esta obra con música de Tomás Bretón y libreto de Ricardo de la Vega-, cuando los tiempos adelantaban más bien poco, al menos en comparación con los actuales en que, sobre todo en el ámbito de las tecnologías de la comunicación y la información, se ha avanzado más en tres décadas que en cinco siglos, de tal forma que, hasta hace bien poquito, el mismísimo Gutenberg podría haberse puesto al día en una imprenta tipográfica sin demasiado esfuerzo, mientras que ahora le parecería un mundo totalmente desconocido para él la edición e impresión digitales.

             Y en lo que también han avanzado los tiempos que es una barbaridad es en la predicción meteorológica, antes absolutamente precaria y acientífica, a pesar de ser muy útil y conveniente adelantarse al tempero para que los labradores y los ganaderos pudieran planificar debidamente sus tareas y que los meteoros no echaran por tierra esa planificación. Si los hombres del campo de antaño hubieran dispuesto de la veraz y puntual información meteorológica de que se dispone hoy, se habrían evitado muchos disgustos y muchos fiascos que sumar al sudor y las lágrimas que, antes de que llegara la mecanización al ámbito agropecuario, eran la verdadera gasolina en los labrantíos.

zaragozano   A falta de satélites y demás elementos que desde hace ya unos cuantos años ayudan a predecir el tiempo, con una fiabilidad casi absoluta y una antelación cada vez mayor, antes se predecía a medio y largo plazo con métodos tradicionales que tenían más que ver con tareas propias de chamanes que de científicos o que se basaban más en cálculos de probabilidades que de certezas realmente previsibles. De entre estos métodos tradicionales de predicción meteorológica destacan las llamadas “Cabañuelas”, una técnica previsora de origen judío muy curiosa pues, en función del tiempo que hace cada uno de los primeros veinticuatro días de agosto, se predice lo que hará en los doce meses siguientes. Las “Cabañuelas” solían ser el método de previsión meteorológica a largo plazo más utilizadas en el sur de España y en Sudamérica, aunque también se tenían noticias de ellas en toda la península Ibérica, si bien, en las zonas más septentrionales de nuestro país, desde Cataluña hasta Galicia, había otro método de predicción meteorológica llamado de las “Témporas”. Se hacían cuatro témporas, una por estación, y consistía en predecir el tiempo que iba a hacer los próximos tres meses, en función de la observación que se hiciese del cielo durante tres días seguidos, sobre la medianoche, correspondiendo cada día con un mes de la témpora que se trataba de predecir. Por cierto, no es seguro que éstas sean las témporas a las que se refiere ese conocido dicho de “no confundir el culo con las témporas” pues hay quien sostiene que esas son las sienes, en particular, y la zona temporal de la cabeza, en general. Dicho queda.

Por cierto, este año me ha regalado un buen amigo, más alcarreño que el Mambrú de Arbeteta y de esos que están cuando los necesitas y con los que el tiempo discurre ameno y siempre se aprenden cosas, un “Calendario Zaragozano”, la publicación que fundara en 1840 el “célebre astrónomo” –así se le califica en la propia publicación- don Mariano Castillo y Ocsiero. Este calendario, que ahora se vende al precio de 1,80 euros, faltaba en muy pocas casas de labradores en décadas pasadas pues en él se incluían –y se siguen incluyendo- un “juicio universal meteorológico”, un “calendario con los pronósticos del tiempo”, el santoral completo, los días de celebración de ferias y mercados en las principales poblaciones de España, así como un amplio compendio de citas y refranes tradicionales.

No me resigno a reproducir, literalmente, el “juicio universal meteorológico para toda España” recogido en el “Calendario Zaragozano” de 2014 para el presente mes de enero, cuando todos sabemos que, en lo meteorológico y, por desgracia, cada vez en muchas cosas más, no hay una España, sino muchas: “ENERO.- Será anublado y revuelto, pero no en demasía, al principio; al mediar, con vientos del NE, fríos y secos, aumentarán las escarchas y heladas, aunque también habrá días apacibles y de bastante mejor temple. Al ir finalizando, volverán a moverse con violencia los vientos del NO, empeorando el temporal con bastante destemple, por lo que se volverán a producir recias escarchas y heladas. Tiempo duro de invierno”. Sin ánimo de contradecir las palabras ni de contravenir los intereses de los sucesores de don Mariano Castillo, este “juicio meteorológico” del “Calendario Zaragozano” para enero de 2014 y “para toda España” es un pregón de lo obvio, como no podría ser de otra manera, pues ni siquiera la AEMET considera fiable ningún pronóstico del tiempo superior a diez días. Vamos que, según este popular calendario, en enero ha hecho, está haciendo y va a hacer frío –se trata de las primeras semanas de invierno y los vientos dominantes suelen ser del Norte- y ha habido, hay y habrá escarchas y heladas, consecuencia de esos fríos y esos vientos.

A lo que no me resigno es a reproducir, también literalmente, la frase que el “Calendario Zaragozano” incorpora en su edición de 2014 para acompañar el santoral completo de la primera quincena del mes de enero: “Trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado” (J. P. Sartre). También reproduzco, a ver si es verdad, el refrán que acompaña esta misma página: “Agua de enero, todo el año tiene tempero”. Y apunten: la primera luna llena de 2014 se producirá a las 4,53 horas del día 16 de enero, festividad de San Fulgencio, patrón de Plasencia, Murcia y Cartagena. El Calendario Zaragozano dixit.

Jano bifronte y algunas venerables piedras

             Éstas que, desde 1833, conforman los alrededor de 12.000 kilómetros cuadrados de extensión que llamamos Guadalajara, fueron tierras de paso de gran parte de las culturas que llegaron a la Península Ibérica y, por ello, hay, cuanto menos, significativos y, en algunos casos, realmente importantes vestigios arqueológicos de ese mosaico de pueblos que por aquí han pasado, dejando su huella, en unos casos más superficial que en otros, pero indelebles todas.

             Sobre todo por la zona de Molina de Aragón y, especialmente, gracias a la labor arqueológica pionera que allí desarrolló el Marqués de Cerralbo, abundan los restos de castros celtíberos, pues, aquella del ahora Este de las guadalajaras, fue tierra de asentamiento de estos pueblos prerromanos, entre ellos los arévacos, el pueblo que defendió Numancia frente a los romanos hasta la inmolación. El castro celtíbero del Ceremeño, en Herrería, es uno de los yacimientos arqueológicos celtíberos más importantes de la tierra molinesa y aún del centro de España, si bien hasta la alcazaba de Molina de Aragón fue erigida por los árabes sobre un antiguo castro. Por cierto, hablando de la alcazaba molinesa, digno es de destacar el magnífico trabajo que el equipo científico, dirigido por el arqueólogo Luis Fernando Abril, ha realizado en el Torreón de la Reina, gracias al cual se han puesto en valor los curiosos grabados medievales allí descubiertos en 2004, que ya pueden ser visitados. Un motivo más que añadir a los muchos que sobran para visitar Molina, en particular, y toda su comarca en general; también en invierno porque, aunque allí llamen “fresco” al frío, una buena pelliza basta y, a veces, hasta sobra para disfrutar, sin tiritar, de uno de los territorios de Europa más bellos y con más carga histórica, a la par que despoblados. La densidad demográfica en Molina es inversamente proporcional a la densidad histórica y paisajística que reúne.

El caso es que, como decíamos, en estas tierras guadalajareñas hay huellas del paso del hombre por ellas que casi se remontan a la noche de los tiempos, como es el caso de los grabados rupestres de la Cuevas de los Casares, en Riba de Saelices, y de la Hoz, en Santa María del Espino, que datan del Paleolítico Medio, es decir, de entre 20.000 y 30.000 años de antigüedad. Especialmente en la Cueva de los Casares, y en su entorno, pues allí no sólo hay huellas prehistóricas, sino también celtíberas, árabes y, por supuesto, cristianas de la época medieval tras la repoblación de la zona, ya se lleva tiempo trabajando para poner en valor este magnífico cogollo de recursos que, si estuviera localizado en alguna región de esas que andan sacándole hasta cosquillas a la historia para buscar su identidad y generalidad remotas, ya sería un parque arqueológico de primer nivel.

Zorita-Recopolis Pero si en la actual provincia de Guadalajara hay un referente arqueológico de primer nivel, por su singularidad y casi hasta exclusividad, ese sin duda es Recópolis, en Zorita de los Canes, cuyo Centro de Interpretación, lamentablemente, ha permanecido cerrado dos años, hasta que el Ayuntamiento y la Diputación lo han rescatado, hace unos meses, con sus propios presupuestos, de los obligados y drásticos recortes presupuestarios de la Junta, que han llegado hasta estas venerables piedras. La ciudad que Leovigildo mandó construir en honor de su hijo, Recaredo, a finales del siglo VI, a orillas del Tajo, en las alcarrias del sur, es la única urbe visigoda de nueva planta que se conserva en España y en la que se puede estudiar el concepto y la estructura de ciudad de este pueblo de origen germánico, que sucedió al romano en estas tierras y precedió al árabe, aportando también su significativo estrato al sedimento de razas y culturas que por aquí pasaron y aquí se asentaron. Hablando de esta ciudad visigoda y alcarreña, me ha sorprendido muy gratamente que ese gran arqueólogo, aunque sólo lo sea de dibujos animados, que es Tadeo Jones, producido por un guadalajareño de vocación, aunque catalán de nación, Pedro Solís, haya desarrollado una de sus aventuras didácticas, precisamente, en Recópolis. De hecho, el capítulo 23 de la primera temporada de “Descubre con Tadeo Jones”, un espacio infantil que se emite a través de los canales de Mediaset, está dedicado a Recópolis y se ha emitido hace unos días por primera vez. Un diez para Pedro Solís, para Marta Valdenebro y para Plácido Ballesteros que, me consta, lo han hecho posible; “gratis et amore”, además. Quienes deseen bajarse “Descubre con Tadeo Jones: Recópolis”, pueden hacerlo a través de este enlace de Internet: http://www.mitelekids.es/castellano/series-infantiles/descubre_con_tadeo/temporada/1/Recopolis_23_1721295001.html

Como ven, el último post del año se ha tintado de arqueología, una apasionante ciencia que en Guadalajara tiene mucho tajo por delante y que, con planes directores adecuados  y de marketing intencionados, puede activarse como uno de los recursos histórico-culturales sobre los que dinamizar el turismo provincial. Los turistas no van a los sitios simplemente por ir; sólo van a los que hay motivos para ir, y cuanto más sobrados, mejor.

Los romanos, un pueblo que también dejó su huella indeleble en estas tierras –ejemplos significativos de su paso por aquí los podemos encontrar en la Villa de las Casutillas, en Corduente, o en la llamada “Alcantarilla”, entre La Cabrera y Sigüenza– celebraban el último día del año en honor del dios Jano, que precisamente da nombre al primer mes del año: enero (January, en inglés; Janvier, en francés; Janeiro, en portugués; Xaneiro, en gallego,…) . Jano, un rey mítico de Italia, era representado con dos caras, de hecho se le conoce como el dios “bifronte”; una cara, representaba el año que se iba y otra el nuevo que venía. O sea, Jano era un dios bipolar y maximalista que, dependiendo de cómo mirara o cómo fuera mirado, ofrecía su cara vieja y oxidada o su rostro nuevo y lozano. Miremos de frente y con esperanza al nuevo año. ¡Que 2014 sea feliz para todos, especialmente para quienes más infelices les han hecho los años precedentes!

 

Foto: parque de Recópolis en Zorita de los Canes

Zambomba, Zambomba

Guadalajara, ciudad y provincia, llegado este tiempo de vísperas de la Navidad – que, como ya dijimos en el post anterior, suele iniciarse con la fiesta de la Purísima, muy especialmente en Molina y en Horche, siempre en derredor del fuego purificador- es terreno propicio para que las rondas y otras agrupaciones musicales navideñas, como cada año, se vuelvan a formar y a echar a la calle para interpretar villancicos y otras canciones tradicionales propias de esta época. Si en las últimas décadas del siglo XX, con el debilitamiento demográfico del medio rural a favor del urbano, con la masiva emigración del campo a la ciudad, se perdió cultura material e inmaterial de nuestros pueblos a serones, gracias al trabajo de recuperación que, ante este alarmante hecho, han desarrollado las instituciones y la propia sociedad civil, los vientos han cambiado y la dinámica de esa pérdida, que parecía imparable, se ha revertido, hasta el punto de que podemos afirmar que, de un tiempo a esta parte, hay un cierto renacimiento del interés general por nuestras costumbres y tradiciones, y no sólo particular de algunos sectores sensibilizados, como ocurría hasta hace bien poco. Y digo sectores y es un puro eufemismo, porque, en realidad, en los tiempos en que lo rural estuvo condenado, no sólo al debilitamiento, sino prácticamente a la eliminación, por tacharse de tosco, viejo y demodé, fueron personas, con nombres y apellidos, y, en todo caso, algunos pequeños colectivos y alguna institución pionera, quienes más hicieron por salvar de la quema la cultura tradicional, material e inmaterial, de nuestros pueblos, arrojada, como he dicho, especialmente durante el tiempo del trasiego masivo de gentes de los pueblos a la ciudad, a la hoguera, no precisamente purificadora, sino devastadora, como si se tratara de los libros de caballería que calentaron los sesos de Don Quijote.

Aunque aún queda mucho por hacer para tratar de que no se pierda el acervo cultural del medio rural que aún pervive y, mucho más, para intentar recuperar, al menos en parte, el que aún pueda ser recuperable del que se llevaron aquellos tiempos de maleta, viento y fuego, como decía antes, los tiempos han cambiado significativamente y, de despreciarse, o casi, todo lo que fuera tradición rural por entender que era un ecosistema humano obsoleto y para olvidar y superar, hemos pasado a una etapa de interés por y de puesta en valor de esa rica y diversa cultura material e inmaterial, creada, vivida y transmitida en nuestros pueblos. Así las cosas, y como ejemplo nítido de ese cambio de vientos a mejor, en los últimos años estamos viviendo un auténtico renacer del folclore musical navideño en nuestra provincia, recuperándose rondas, villancicos y otras entonadas propias de este tiempo y tradicionalmente cantadas por aquí, así como promoviéndose certámenes y festivales de música de Navidad que han calado en el interés de la gente y que son preparados por los participantes y esperados por el público con gusto y contento. Entre ellos, a destacar muy especialmente, por su capacidad de convocatoria, calidad y continuidad, el Certamen de Rondas Tradicionales Navideñas de Torija, que este año se celebrará el 28 de diciembre, fecha en la que alcanzará ya su XXIV edición. También cabe reseñar al respecto el Concurso de Villancicos, anualmente convocado por el Ayuntamiento de Guadalajara, y que se celebró ayer, domingo, 15 de diciembre, cumpliendo un año menos que el Certamen de Torija y entrando también ya en una buena edad moza. Este Concurso de la capital, además, tiene el valor añadido de reservar una categoría para grupos jóvenes, que es la mejor forma de cuidar la cantera de las rondas y otro tipo de agrupaciones musicales navideñas.

Hablando de folclore tradicional, este año los Reyes Magos y, sobre todo, la apuesta institucional de la Diputación y, muy especialmente, personal de José Antonio Alonso, van a traer un gran regalo a la provincia de Guadalajara: la inminente apertura del Centro de Cultura Tradicional, en la antigua Posada del Cordón, en Atienza. Este Centro, les aseguro, no va a ser una sala de etnografía más como las que voluntaristamente se han instalado en algunos pueblos de la provincia –todas ellas dignas de visita y aplauso, por cierto-, este Centro va a ser una referencia imprescindible para conocer y estudiar la etnografía y el folclore provinciales, tanto por ser muy valioso y curioso el material que en él se va a exponer, como por la idoneidad, calidad y visualidad de los elementos expositivos e informativos que lo complementan y el rigor científico en su concepción, estructuración y organización. Si sobraban motivos para visitar Atienza, a partir de ahora la visita será obligada.

Como en la vida misma, no todo va a ser miel, sino que ésta ha de alternarse con algo de hiel. Termino este post reproduciendo la letra de un villancico tradicional de la provincia, “Zambomba zambomba”, adaptada libremente a la situación de la España de hoy, que el otro día oí cantar a un grupo de amigos, acompañándose de zambombas, panderetas, hueseras, cañas, almireces, sonajas, botellas rizadas y demás instrumentos de percusión propios de la Navidad:

 

Estribillo:       Zambomba, zambomba, carrizo, carrizo,

Hoy día en España no hay más que chorizos.

Nosotros cantamos sin mucha alegría

Porque está la cosa bastante jodida.

 

En el portal de Belén los ladrones han entrado;

Alcaldes y concejales, banqueros y diputados.     Estribillo

 

En el portal de mi casa, la del quinto está llorando.

Han llegao los del juzgado a ejecutarla un deshaucio. Est.

 

En el portal de Belén junto al reino de Judea

Han venido antidisturbios a armar la marimorena. Est.

 

Los pastores que se fueron a ver al recién nacido,

Cuando se enteró el patrono fueron todos despedidos. Est.

 

Los líderes sindicales no han querido ir al portal

Al enterarse que dietas no les iban a pagar. Est.

 

Maestros y funcionarios tampoco irán al portal,

Por si otra vez les quitan la paga de Navidad. Est.

 

Tampoco habrá Reyes Magos ni pajes con bellas túnicas.

Han “quitao” la monarquía y han “instaurao” la república. Est.

 

Esta noche es Nochebuena y mañana Dios dirá,

Porque hay mucho mamarracho y poco que celebrar. Est.

 

P.D.- Como muchos lectores sabrán, yo fui ocho años concejal en el Ayuntamiento de Guadalajara y asumo la parte de crítica que me toca en la primera estrofa, porque el estado de opinión de la gente es el que es; ahora bien, les aseguro que en política hay muchos menos “ladrones” de los que parece, aunque, si sólo hubiera uno, ya serían demasiados.

 

De puente a puente

            Hay muchas clases de puentes –de piedra, de ladrillo o… de vacaciones, por ejemplo- y muchos puentes con clase –y otros, sin ella: simples pontones o puentecillos, pues-, siendo abundantes en nuestra provincia al ser su orografía propicia a este tipo de infraestructuras, ya que en la Alcarria y en las Serranías del Norte y en las de Molina abundan los ríos, los arroyos, las ramblas, las escorrentías, los barrancos, las vaguadas  y demás cauces de agua que sólo los puentes pueden salvar, y la cuarta comarca, la de la Campiña, lo es del Henares y del Jarama medio, además de sus respectivos afluentes, y bien es sabido que los puentes suelen construirse para unir las dos riberas de los ríos, aunque hay ocasiones, como la que la leyenda atribuye al Conde de Romanones y a su secretario, Manuel Brocas, en que ni si quiera hace falta río para prometer con descaro –en campaña electoral, por supuesto- un puente.

Debe haber sido el subconsciente el que me ha traído a colación el tema de los puentes pues acabamos de terminar de pasar el de la “Inmaculada Constitución”, sincretismo entre lo civil y lo religioso con que, de manera gráfica y licenciosa, podríamos definir estos días festivos que culebrean en el calendario con otros laborables, en la primera semana de diciembre, y que son como una preparación para los que están por venir –ad venire, en latín; tiempo de adviento, tiempo de espera, en castellano- en la última semana del último mes del año viejo y la primera del primer mes del nuevo año; o sea, Nochebuena/Navidad, la gran fiesta para los cristianos en la que nace la Vida;  Nochevieja/Año Nuevo, la gran fiesta pagana en la que muere un año y nace otro; y la Noche y el Día de Reyes, la Epifanía, la gran fiesta de los niños en España y con la que, al menos de momento, no puede Papá Noel, aunque está en ello con la inestimable ayuda de poderosos caballeros.

Foto víspera Purísima en Molina de AragónEn las guadalajaras, en este puente festivo que acabamos de pasar –y que, en los institutos de secundaria de la ciudad, a última hora, se ha alargado hasta el martes, “por orden de Toledo”,, donde se acumula ahora casi más poder, aunque sólo sea autonómico, que cuando fue capital de la España visigótica-, como es costumbre, se han celebrado señeras fiestas en la víspera de la Purísima Concepción, el dogma que data de 1854, que tanto se impulsó desde España y que, por ello y por las numerosas advocaciones marianas, así como la devoción por ellas, que hay en nuestro país, hasta el Papa Juan Pablo II le llamó “la tierra de María Santísima”. De entre las fiestas de la víspera de la Inmaculada Concepción más importantes celebradas en nuestra provincia, destacan dos: la de Horche, con las hogueras dando fuego purificador y brasas alentadoras a este bonito pueblo que se asoma al valle del Tajuña desde su balconada alcarreña, y las de Molina de Aragón, pues en la capital del Señorío, como es tradición desde 1518, gracias a una Bula Papal de León X, la noche del 7 al 8 de diciembre se celebra la primera Nochebuena, prendiéndose poco después del anochecer una hoguera en el cerro de Santa Lucía, visible desde todo Molina, para después celebrarse la primera gran cena familiar del ciclo navideño y entrar en el día de la Purísima con Misa del Gallo en San Gil, a la salida de la cual se comparten dulces y licores entre los asistentes, ofrecidos por la parroquia a los fieles. Precisamente, la fotografía que acompaña este post, está tomada en el cerro de Santa Lucía, en Molina, el pasado sábado en la tarde-noche.

Los puentes festivos son viáticos para el ocio entre días laborables como los puentes, no sólo con peso específico, sino también atómico, son viáticos para cruzar cauces y enlazar riberas. De este tipo de puentes, como decíamos al principio, en la provincia de Guadalajara tenemos muchos, desde la llamada “Alcantarilla” y el puente de data romana que se localiza entre La Cabrera y Sigüenza, junto a la carretera CM-1101, pasando por el puente árabe de la capital –de la época califal para más señas, aunque la primera historiografía local y localista quisiera que fuere romano- y el atirantado y posmoderno puente, también capitalino, de la Ronda Norte; desde el pequeño puente de pizarra sobre el río Lillas, en el entorno del Hayedo de Tejera Negra, o el del Jaramilla, entre Campillo de Ranas y Corralejo, a los del Martinete (Peralejos), Poveda, Peñalén, San Pedro (Zaorejas), Tagüenza (Huertapelayo) y Valtablado, en el Alto Tajo, de Norte a Sur y de Este a Oeste, ésta es tierra de puentes porque aquí hay ríos o, al menos, cauces y, no sólo necesidad, sino también ganas de ir de una orilla a otra de ellos porque, si no, serían fronteras y ya está bien de ponerle puertas al campo y de tratar de segmentar y dividir a las personas en función del lado de la ribera que le haya tocado estar, en buena o mala suerte. Porque la suerte, ni se hereda ni se lega. Y se puede cambiar. O, al menos, intentarlo.

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