Campo gigante y amarillo

                  Gigante tiene por nombre el festival de música, fundamentalmente indie rock, pop alternativo y post punk, aunque siempre con guiños a otros estilos actuales (y no tanto, este año con Chimo Bayo, casi mítico DJ de la “Ruta del bacalao” noventera), que se celebra en Guadalajara desde hace doce ediciones, si bien tres de ellas (las de 2021 a 2023) se trasladaron a Alcalá de Henares porque la empresa alcarreña organizadora del evento, Producciones Malvhadas, no encontró en el ayuntamiento que entones presidía Alberto Rojo el apoyo que necesitaba y/o demandaba. Con Guarinos ya en la Alcaldía, y especialmente con Santiago López Pomeda como concejal de festejos, el Gigante regresó en 2024 a Guadalajara, convocando anualmente a más de 20.000 espectadores en sus tres días de celebración, muchos llegados de fuera. Este año ha tenido lugar los días 27, 28 y 29 de agosto, el primero de ellos en jornada de puertas abiertas. Aunque también hay actuaciones gratuitas por plazas de la ciudad, la sede del festival, desde la edición del año pasado, es el nuevo recinto ferial de la avenida del Ocio, junto al Ferial Plaza, que se ha demostrado idóneo para su formato y amplia capacidad de convocatoria. El sonido ha rozado el nivel de óptimo (lógicamente, algunos grupos han sonado mejor que otros pero eso ya ha dependido de su propia calidad interpretativa y de la de sus equipos y técnicos), la movilidad ha sido fluida, las barras, aseos y servicios de seguridad y atención al público, han estado bien dotados y dispuestos, apenas ha habido las colas de otros festivales pese a la masiva afluencia de público, sobre todo el viernes, y han sido mínimas las molestias que se han generado al celebrarse en un espacio muy amplio y en un entorno de suelo terciario y no residencial. Es una paradoja que un festival tipo medio como el de Guadalajara se llame Gigante porque, obviamente, su dimensión no es precisamente colosal, sobre todo si se compara con los grandes festivales españoles de este tipo —el Primavera Sound, de Barcelona, el Mad Cool de Madrid, o el Arenal y el FIB de la provincia de Castellón, e, incluso, el Sonorama, de Aranda de Duero, entre otros—, pero, sin duda, con su continuidad en el tiempo y su buena programación y organización habituales se ha ganado el respeto y la atención del público fiel de esta clase de eventos. Si el Gigante no lo es tanto porque tenga la mejor programación y la mayor capacidad de convocatoria del conjunto de los muchos y buenos festivales españoles, que evidentemente no las posee, sí que tiene un punto agigantado en términos relativos y cualitativos más que cuantitativos. Un gigante en el país de los gigantes es uno más, pero un gigante en Lilliput, es el gigante, es Gulliver. El festival Gigante de Guadalajara, una ciudad mediana aún con tics de pequeña, pues claro que es gigante porque pocas veces y pocas cosas convocan aquí a más de 20.000 personas, muchas de ellas venidas de fuera, y además pagando por ello (un precio razonable eso sí). Item más, los nombres en este tipo de eventos que mueven a tanta gente, fundamentalmente joven, son puro marketing, meras referencias para atraer, primero, y recordar, después. Gigante, con ge de Guadalajara, un Lilliput para mucho y Gulliver solo para quienes es nuestra patria chica (hayamos nacido en ella o no) y la queremos como es, con todas sus limitaciones, con todos sus defectos, con todas sus heridas y cicatrices.

Cartel del Festival Gigante 2026

                  El pico de mayor asistencia de público al Gigante de este año se produjo con la actuación de “Ultraligera”, un grupo madrileño que últimamente lo está “petando”, como dice mi hija Ana, festivalera empedernida, indie militante y fuente de información impagable para mí sobre las tendencias musicales actuales. La música siempre me gustó mucho, y me sigue gustando, pero las canas, a veces, ponen cera en los oídos y a quienes ya vamos de vencida en la vida nos obligan a refugiarnos en nuestras propias generaciones musicales… Y yo soy hijo del rock and roll de los Rollings, del pop rock de Beatles y de la new wave inglesa que aquí le pusimos el acento cañí de “La Movida”. “Ultraligera” lo componen cuatro jóvenes músicos madrileños con un “frontman” —vocalista y líder de la banda— carismático y que conecta muy bien con el público. Además, incorporan chorros de fuego al espectáculo, haciéndolo muy visual. No solo tocan, y además, bien, realmente actúan y tienen un punto histriónico que engancha al público y dan un aire total, de clímax y máxima intensidad a sus actuaciones. Su música es puro indie-rock, aunque tienen temas bastante pegadizos que corean sus cada vez más numerosos fans. En Guadalajara, también lo petaron y contribuyeron a justificar el nombre del festival.

                  Si “Ultraligera” es el grupo que ha tenido más tirón de público en el Gigante de este año, la auténtica cabecera de cartel, por su trayectoria y por su peso musical, en realidad ha sido “La M.O.D.A”, el acrónimo de “Maravillosa orquesta del alcohol”. Este grupo lo conforman siete talentosos músicos burgaleses que mezclan folk con rock ad roll y blues, entre otros ritmos y sonidos, con muy buena combinación y gusto. Su canción más conocida, “Héroes del sábado”, la corearon los “giganteros” casi como si fuera un himno, pero yo me quedo con “Campo amarillo”, un bonito tema dedicado a su/nuestra tierra castellana que, interpretado en acústico en un festival de masas, se comporta como un auténtico poema musical, como un grito sordo, como el sonido del silencio. Una de sus estrofas dice: “Quieren hacer el agosto a nuestra costa. Sin saber, sin saber que los campos castellanos arden fácil en verano”. Cuando iban a tocar esta canción en Guadalajara, con mucha empatía y don de la oportunidad, recordaron el incendio de la Sierra Norte del pasado verano y reivindicaron su/nuestra Castilla vaciada. Y olvidada. Que ya no tiene casi ni quien la cante por eso adquiere tanto valor que un grupo joven de música rock indie susurre esta dura realidad castellana al oído de los miles de jóvenes que fueron a gritar al Gigante.

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