Hita: 53 años de FestiVAL MedieVAL

            Fiel a su cita desde hace ya 53 años, el primer finde de julio se celebró el Festival Medieval de Hita, una de las dos fiestas, de las muchas que hay en esta festera provincia, que están declaradas “De Interés Turístico Nacional”, junto con “La Caballada”, de Atienza. Al respecto de esta calificación, cabe señalar que cuando en 1980 se declararon las primeras diecinueve fiestas “De Interés Turístico Nacional” –entre 1965 y 1979 sólo existía la declaración de “Fiestas de interés turístico”, sin el apellido de “nacionales”, que se incorporó en el 80 para distinguirlas de las de interés “regional”, al concederse a las comunidades autónomas, desde ese año, la competencia para realizar dicha declaración-, tanto la de Hita como la de Atienza ya formaban parte de esa primigenia y privilegiada relación que, con el paso de los años, ha llegado a extenderse hasta las 127 citas festivas que, en la actualidad, merecen el título de ser “De Interés Turístico Nacional”. Como curiosidad y como referencia, significar que las últimas fiestas que se han declarado “De Interés Turístico Nacional”, en los dos últimos años, han sido las siguientes:

–          La Pasión Viviente, de Castrourdiales (Cantabria)

–          La Semana Santa, de Burgos

–          Las Jornadas Medievales, de Briones (La Rioja)

–          La Fiesta del Pulpo, de O Carballiño (Orense)

–          El Anunci y el Sexenni, de Morella (Castellón)

–          Los Moros y Cristianos, de Murcia

–          La Fiesta del Marisco, de O Grove (Pontevedra)

–          La Feria de Todos los Santos, de Cocentaina (Alicante)

–          La Fiesta del Orujo, de Potes (Cantabria)

criado El Festival Medieval de Hita se celebró por primera vez en los albores del verano de 1961 y su creador, impulsor, director y “alma mater” fue, desde esa pionera edición, el filólogo Manuel Criado de Val, quien conocía desde bien niño ese paisaje tan personal y contundente que conforman el cerro testigo de Hita y el llano que lo rodea pues, aunque él había nacido en Madrid, su padre era de Rebollosa de Hita, un pequeño pueblo que, a pesar de llevar el apellido hiteño, administrativamente depende de Torija, municipio del que forma parte como barrio anexionado.

Criado de Val propició el nacimiento del Festival de Hita al promover la representación en esta localidad castellana de acusado sabor medieval, y villa del más famoso Arcipreste español, Juan Ruiz, precisamente una obra suya, titulada “Doña Endrina”, que estaba inspirada en el “Libro de Buen Amor” y que había sido estrenada, justo un año antes, en el Teatro “María Guerrero”, de Madrid. La lógica de aquella elección de Criado de Val es absolutamente aplastante: representar en la misma villa de Hita una pieza teatral inspirada en la obra culmen de su gran Arcipreste; es decir, llevó la figura a su propio paisaje, poniendo así las cosas en su sitio, algo que, lamentablemente, no siempre ocurre en nuestra, a pesar de los pesares, muy querida España, que fue, que es y que debe seguir siendo, aunque algunos se empeñen en justo lo contrario, en negarle el pasado, complicándole el ya de por sí difícil presente y tratándole de negar el futuro.

Como decíamos, el Festival Medieval de Hita nació en el inicio de la década de los años sesenta del siglo XX, en una España que aún se lamía las heridas de su entonces todavía reciente Guerra Civil, especialmente en lugares como Hita, que habían quedado literal y materialmente arrasados en la contienda, debiendo ser reconstruidos de sus ruinas por un organismo que se creó expresamente a tal efecto y que se denominaba “Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones”. Gracias al empeño y el trabajo de Criado de Val, el Festival Medieval de Hita pronto alcanzó notoriedad pública como evento cultural y festivo singular, hasta merecer formar parte de los llamados “Festivales de España”, que en verano recorrían todo el país y cuya marca era sinónimo de calidad artística, y, como ya hemos comentado, ser una de las primeras fiestas españolas declaradas “De Interés Turístico”. Si el Festival de Hita nació siendo, fundamentalmente, una representación de teatro medieval, de hecho se publicitaba como “Teatro Medieval de Hita”, cada edición fue sumando nuevos contenidos hasta conformarse, realmente, en una completa propuesta multidisciplinar: Música –a destacar la aportación en este ámbito del gran Cristobal Halffter-, danza y poesía medievales, alardes de botargas –las tres primeras que acudieron a Hita fueron las de Retiendas, Beleña y Majaelrayo- y otros enmascarados, no sólo de la provincia, comidas con menús de sonoras viandas –como los archinombrados “fígados de cabrón con ruibarbo”-, torneos medievales en el palenque –compuestos por justas a caballo, combates a pie y vistosas pruebas de estafermos, bohordos, sortijas, etc.-, mercadillos artesanales y, por supuesto, corridas de toros, que durante años fueron el “plato fuerte” del festival, junto con el teatro. Todas estas actividades terminaron por conformar un atractivo programa que, más de medio siglo después de nacer, aún mantiene un importante poder de convocatoria y de notoriedad y conocimiento públicos, no sólo a nivel provincial, que deben ser cuidados como oro en paño porque a Guadalajara le cuesta mucho hacerse notar fuera para bien.

            No quiero, porque no debo, terminar este post sin hacer una referencia expresa, no por razones de amistad sino de estricta justicia, a mi hermano del alma Javier Borobia, pues gracias a él, cuando el Festival Medieval de Hita pasó por una evidente crisis, a finales de los años 80 y principios de los 90, fundamentalmente por cuestiones económicas, no sólo se mantuvo, sino que se impulsó, merced a su inteligente labor para sumar voluntades y esfuerzos personales y colectivos al festival, empezando por una mayor implicación y participación de los habitantes de la propia Hita en él, y la colaboración altruista y desinteresada de asociaciones como “Arcipreste de Hita”, “Antorcha”, “Teatro Joven de Brihuega” y “Gentes de Guadalajara”, supliendo solventemente con sus actores, figurantes, técnicos y productores aficionados a los profesionales que les precedieron en ediciones anteriores, muchos de renombre y algunos hasta bien pagados, como Carlos Ballesteros, José Sacristán, Carmen Maura, José Carabias, Juan José Otegui, etc.

¡Larga vida a Hita y a su Festival Medieval!

 

 

Maleni no es un nombre de tango

La juez Mercedes Alaya ha dado un paso adelante de gran dimensión judicial, y de previsiblemente amplias repercusiones políticas, en la instrucción del “Caso de los ERES fraudulentos” de Andalucía, imputando a la que fuera Consejera de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía entre 1994 y 2004, Magdalena Álvarez, quien después ocupara la cartera de Fomento en el Gobierno de España, entre 2004 y 2009, con José Luis Rodríguez Zapatero. Desde junio de 2010, “Maleni”, como es conocida y llamada Álvarez en su entorno personal y político más próximo, es vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, un poderoso instrumento financiero de la Unión Europea, que nació como la entonces llamada CEE, en 1958, con el Tratado de Roma, y que gestiona al año la impresionante cifra de 60.000 millones de euros en créditos “para contribuir al desarrollo equilibrado del territorio comunitario a través de la integración económica y la cohesión social” como señalan sus estatutos. O sea que uno de los escasos españoles que ocupan puestos de alta responsabilidad en la actual estructura de la UE, como es el caso de Magdalena Álvarez, está imputada por haber sido, presuntamente, la muñidora de las prácticas presupuestarias irregulares que han permitido el caso de los ERES andaluces, según el cual cientos de empresas y miles de personas, por supuesto todas con nombres y apellidos y casi todas con simpatías y filiaciones sindicales y políticas pro-PSOE, se han beneficiado de fondos públicos gracias a ERES fraudulentos y a la concesión irregular de subvenciones. Aunque la presunción de inocencia la ampara, considero que la imputación de “Maleni” es de tal gravedad que, para que pueda defenderse debidamente, al tiempo que evitar el deterioro de la imagen de la entidad para la que trabaja y la del Estado del que es nacional, es decir, España, no debe permanecer ni un minuto más en su actual responsabilidad en el BEI y debe dimitir, aunque éste sea un verbo que no se suele conjugar en primera persona, ni del singular ni del plural, por supuesto.

Pero el nuevo auto de la juez Alaya, esa mujer casi siempre bien vestida y acusadamente maquillada, de rostro impenetrable como el de Katy Jurado en la película del mismo título, no sólo imputa a Magdalena Álvarez, sino a un total de veinte altos y exaltos cargos de la Junta de Andalucía, entre ellos el actual número dos de la consejería que ocupa Susana Díaz, la aspirante “oficial” a relevar a Griñán como líder del PSOE andaluz. Hace ya tiempo que este escandaloso caso en el que, según dice literalmente el auto de Alaya, los nuevos imputados en él «habrían permitido el uso indebido de las transferencias de financiación con las consecuencias del dispendio continuado de fondos públicos”, ronda los antedespachos de Chaves y Griñán, los dos presidentes de la Junta andaluza en los años en que la instrucción sostiene que se produjeron las graves irregularidades investigadas. De hecho, hay analistas que opinan que Griñán ha anunciado tan pronto –aún quedan tres años para las próximas elecciones autonómicas andaluzas- que no volverá a ser candidato a presidente de la Junta y que dejará, ya mismo, el liderazgo regional socialista porque era consciente de que la instrucción del Caso de los ERES fraudulentos estaba cada día más cerca de implicarle a él, no sólo políticamente, como ya lo está desde hace mucho tiempo, sino judicialmente. Habrá que estar pendiente de los nuevos autos que dicte la juez Alaya una vez que tome declaraciones a los nuevos imputados y se vayan conociendo otros datos y hechos de este Caso que, cada día, adquiere una mayor dimensión y posibles consecuencias políticas y judiciales.

Al contrario que en el libro de Almudena Grandes, “Maleni” no es un nombre de tango, sino el de una política socialista andaluza imputada penalmente por un asunto escandaloso, no, lo siguiente, que, a día de hoy, sigue siendo vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, dentro del cupo de los pocos españoles que detentan altos cargos en la UE. Y eso de ver quiénes nos representan en las instituciones internacionales nos lo tenemos que hacer mirar muy seriamente porque tuvimos a Javier Solana de Secretario General de la OTAN, después de que su partido, el PSOE, hiciera mucho ruido con una campaña que tenía por eslogan OTAN: de entrada no, y fue el que dio la orden de la participación activa de la organización atlántica en la Guerra de los Balcanes; por otra parte y por otra siglas, en este caso las del PP, Rodrigo Rato fue Gerente del Fondo Monetario Internacional, dimitió inesperada e inopinadamente –hay quien dice que por una “calentura de amor”- y tras regresar a España y presidir Bankia, también está imputado en el Caso que afecta a la mala gestión y administración de esta entidad financiera. Otro español con cargo y carga internacional es el exlíder socialista por unos meses, Joaquín Almunia, quien actualmente es Comisario de Competitividad de la UE y al que el gobierno de Rajoy ha acusado, en varias ocasiones ya, de no favorecer, precisamente, los intereses de España, mientras que el sector naval español, directamente, le ha situado estos días en el centro de la diana como “exterminador” de esta industria en nuestro país.

Y punto y aparte merece lo de Bibiana Aído como “asesora especial” de la directora ejecutiva de la ONU mujeres, muy probablemente la “miembra” más incompetente, limitada y con menos curriculum que jamás haya tenido un Gobierno de España, fuere hombre o mujer. Y bien que nos costó mandarla a… Nueva York: nada más y nada menos que 200 millones de euros donó el gobierno de Zapatero a esa organización antes de que “ficharan” a la sinpar Bibiana, con un sueldazo, por supuesto. ¿Casualidad o causalidad? No lo se, pero lo intuyo.

 

“¿Bono bueno? el bono bus…”

             Reconozco que si hay un personaje político que siempre me ha llamado la atención por su camaleonismo en pro de su supervivencia, por su permanente afán de protagonismo, por su indisimulado flirteo con el cinismo y por sus reiteradas sobreactuaciones ese es, sin duda, José Bono, exdiputado nacional por Albacete, exdiputado nacional por Toledo, expresidente del Congreso de los Diputados, exministro de Defensa y, fundamentalmente, expresidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Y he dicho fundamentalmente porque ese es el cargo que más tiempo ha ocupado, exactamente desde 1983 a 2004, y gracias al que disfruta de una serie de privilegios, que nos cuestan 160.000 euros anuales a los habitantes de esta deficitaria y empobrecida región, privilegios que están recogidos en el artículo 9 de la Ley 11/2003, de 25 de septiembre, del Gobierno y el Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha, que, por supuesto, promovió el propio Bono, entonces aún Presidente de la Junta, sólo unos meses antes de que renunciara al cargo, cruzara el río que dijo que jamás iba a cruzar, o sea, el Tajo, y se fuera a Madrid a presidir el Congreso. Ese artículo 9 de la antes citada Ley bonista y pro-Bono, textualmente, dice: “(Los expresidentes de la Junta) tendrán derecho a una Secretaría de apoyo, dotada con dos personas; un local de oficina con los medios adecuados; un conductor; un automóvil de representación perteneciente al parque móvil de la Junta de Comunidades y un Servicio de seguridad y protección personal”.

             Como es sabido, hace menos de una semana que el PP de Castilla-La Mancha sometió a debate y votación una proposición de ley en las Cortes Regionales para modificar ese artículo de la Ley 11/2003 -que en realidad se trata de una ley “de caso único”, pues sólo se beneficia de ella Bono al haber renunciado Barreda a esos privilegios por ya gozar de los que tiene como Diputado al Congreso por Ciudad Real– con el fin de suprimir sus prebendas como expresidente regional y ahorrar los 160.000 euros que cuestan al erario público; cabe recordar que la pensión media en Castilla-La Mancha es una de las más bajas de España y apenas llega a los 800 euros mensuales.

Evidentemente, con esta iniciativa parlamentaria, el PP pretendía poner en un compromiso al PSOE regional -que, perdidos los cargos y las cargas de la Junta, anda más perdido que un torero en Siberia- y dar una patada a Bono en el culo de Page, el actual secretario regional de los socialistas y pupilo y protegido de don José –aunque muchos le llaman “Pepe”- desde sus inicios en la política, a muy temprana edad. ¿Y qué actitud adoptó el Grupo Socialista ante esta iniciativa de los populares? Pues la peor posible, que es hacer la “espantá” y abandonar sus escaños de los “Gilitos” –hay nombres que son verdaderamente contundentes, definitorios y expresivos- para no estar presentes en la votación de la proposición de ley del PP, un gesto político que permitió que no se aprobase puesto que para ello era necesaria una mayoría, no sólo absoluta sino cualificada, de 3/5 de los Diputados que conforman actualmente las Cortes Regionales, a la que no se podía acceder con los únicos votos de los populares, sino que eran precisos todos los suyos y, al menos, los de otros cinco del PSOE. O sea que, gracias al errático posicionamiento del Grupo Socialista, José Bono sigue manteniendo sus privilegios como expresidente de la Junta, algo, a mi juicio, inaceptable en los duros tiempos que corren y menos aún mientras el PSOE no se cansa de criticar los recortes en los servicios públicos, cuando este partido dejó las arcas de la Junta como al “gallo de Morón”, sin plumas y cacareando. No es, precisamente, un servicio, ni muy público ni mucho menos social, el que Bono tenga una oficina, dos secretarias, un chofer, un coche oficial y una seguridad privada pagada por los habitantes de esta región en la que más del 30 por ciento de los hogares viven por debajo del umbral de la pobreza, según datos de la siempre fiable Cáritas.

 

Pero lo peor de todo no es lo que hizo el Grupo Socialista en las Cortes de Castilla-La Mancha para que Bono siga manteniendo los privilegios que él mismo (se) aprobó para los expresidentes regionales, sino lo que el interesado –nunca mejor dicho-dijo al respecto: Que “no tiene el más mínimo problema” en que se eliminen los privilegios a los expresidentes de Castilla-La Mancha. Pues, si eso es así, ¿por qué el Grupo Socialista de las Cortes Regionales no apoyó la proposición de ley del Grupo Popular, a petición del propio Bono, o éste no ha renunciado voluntariamente a sus privilegios? Él, que estudió en los jesuitas de Alicante y que tiene por asesor de cabecera a un exsacerdote, sabe muy bien que “una cosa es predicar y otra dar trigo”.

Termino citando al mismísimo José Bono en su discurso de toma de posesión como presidente del Congreso de los Diputados: “(…) yo no me atrevo a pedir que nuestra conducta sea ejemplar para la ciudadanía. Estimo más necesario pedir que seamos nosotros quienes tomemos ejemplo de la sociedad española”. A ver si va a tener razón un amigo mío que dice que el único “Bono bueno es el bono-bus”, eslogan de una campaña publicitaria de la EMT madrileña, a finales de los años setenta, cuando el de Salobre militaba en el indubitadamente marxista PSP, de Enrique Tierno Galván, antes de que se hiciera “amigo” del excardenal de Toledo, don Marcelo González, y mucho antes de que el exobispo de Sigüenza, don Jesús Pla, le prohibiera ser padrino de un bautizo cristiano en Molina de Aragón por no reunir las “virtudes” exigibles a tal figura. El por qué el “Viejo profesor” les dijo a sus correligionarios del PSP “¡que no se entere Pepito!”, refiriéndose a Bono, en un momento crucial de las negociaciones de integración del partido de Tierno en el PSOE, lo dejo para otra vez porque, sin duda, habrá ocasión. Ya se encargará él de volver a la palestra…

 

 

 

 

 

 

 

La democracia y las setas

 

De un tiempo revuelto a esta parte, y no sólo en nuestro “solar patrio”, las protestas en la calle, sean en versión “escrache”, en tipo pitada/abucheo o en cualquier otro formato de manifestación callejera están proliferando más que las setas de cardo (pleurotus eryngii) en las praderas de Villacadima, después de algunas buenas aguas caídas en las últimas semanas del verano y en un otoño lluvioso pero con temperaturas suaves. O sea, que no hay día que no comamos o cenemos con el “parte” de la televisión, que dirían los abuelos, con una o varias informaciones de protestas, que van desde los afectados en España por las “preferentes” a las puertas de los bancos que les han timado –porque lo que les han hecho se parece mucho al “timo de la estampita”-, a los indignados turcos contra Erdogan en la Plaza Taksim, a los “escraches” de la Plataforma Anti Desahucios de la ya archiconocida Ada Colau o a los pitidos y abucheos que, últimamente, se suelen cebar contra los miembros de la Casa Real, especialmente contra los que más actividad pública tienen: la reina, Sofía, y el príncipe, Felipe, cuando, por cierto, son los que menos culpa tienen del quebranto que, últimamente, ha sufrido la imagen de nuestra monarquía. Casi siempre pagan “justos por pecadores”, desde que Jesucristo así lo sentenció a través de una de sus parábolas.

No se puede, al menos no se debe, meter en el mismo saco cualquier tipo de protesta, porque éstas varían mucho en fondo y en forma. Todo el mundo, evidentemente, tiene derecho a protestar contra lo que cree injusto, errático o que va en contra de sus principios o de sus intereses. Incluso el derecho internacional y, por supuesto, nuestra Constitución, reconocen el de manifestación como uno de los derechos más sustantivos e importantes de los ciudadanos, lo que no es óbice para que esté regulado de tal manera que, para ser autorizadas, las manifestaciones deban cumplir una serie de requisitos previos, que más que limitativos de ese derecho, son garantes del orden público e, incluso, de la movilidad de personas y vehículos, todo un problema en Madrid, que es el “manifestódromo” nacional. Y es que la capital de España es una ciudad en la que, si ya de por sí, es complicado moverse, cuando lo intentas a pie, en coche o en transporte público, un día –o sea, casi siempre- de “manifa”, “escrache”, concentración o algarada cualquiera, es más difícil ir de un sitio a otro que -siguiendo con la micología como recurso de parangón- encontrar una seta de cardo en cualquier pradera ad hoc guadalajareña un fin de semana, por muy buen tempero que haya hecho para los hongos, pues suele haber más buscadores que setas. Muchos de ellos madrileños, por cierto, huyendo del tráfico y… de las manifestaciones y protestas.

La calle es de todos en general y de nadie en particular. Hasta Manuel Fraga –que es uno de los “padres” de la Constitución de 1978 y que aportó mucho en la llamada Transición política española para llevar a la derecha franquista a posiciones democráticas-, cometió el inmenso error de acuñar aquella famosa frase de “la calle es mía”, siendo Ministro de la Gobernación, en 1976; una frase que, precisamente, pronunció con motivo de las duras medidas de represión que las fuerzas de seguridad del Estado aplicaron contra unas importantes movilizaciones sociales que tuvieron lugar en Vitoria, en el inicio mismo de la Transición política.

Repito, la calle no es de nadie, es de todos, pero si aplicamos de manera torcidamente libérrima esa realidad, cometeremos el error de dejarla para unos cuantos, los que más protestan y los que protestan por todo, y, de manera especial, para quienes saben que por el camino de las urnas, que es el más legítimo en democracia, su recorrido es limitado y no les puede llevar hasta donde ellos quieren que, por mucho que disimulen, no es a otro sitio que el poder, en sus distintas formas.

¿Manifestaciones? Sí, las que se convoquen y estén autorizadas, como prevé nuestro Estado de Derecho. ¿Protestas? Las que hagan falta y a través de las vías y los medios legítimos y legales existentes, que no son pocos. ¿”Escraches”? No, por favor. Invadir la privacidad de las personas, por muy pública que sea su actividad, y bordear el acoso o incurrir directamente en él, está muy lejos del concepto ético de democracia, que dice que ésta, más que una forma de gobierno, es una actitud. Incidiendo y perseverando en verdaderas actitudes para la democracia, contribuiremos a su regeneración, que es lo que verdaderamente hace falta, no ir contra ella abusando de su carta de derechos.

 

Aznar vs Rajoy

            Desde que el expresidente del gobierno (1996-2004), José María Aznar, diera más titulares en su entrevista en Antena 3, hace apenas veinte días, que Mariano Rajoy en su más de año y medio de mandato, mucho se ha escrito y hablado sobre la posibilidad e, incluso, necesidad de que aquél volviera a la primera fila de la política española, ante la falta de liderazgo real y evidente pasividad ante acuciantes problemas de la vida política española que, no pocos analistas y muchos militantes y simpatizantes del PP, achacan al actual presidente del gobierno, una pasividad que Rajoy niega y viste de prudencia y no estridencia que, a su juicio, es lo que verdaderamente necesita España y que son actitudes que se ajustan a su propia personalidad.

Dicen que los expresidentes del gobierno son como los grandes “jarrones chinos”, que ocupan mucho espacio, no siempre son piezas artísticas destacables y nadie sabe donde ponerlos. Puede ser una buena definición, pero Aznar no se ha resistido a encajar en ella y después de ocho años de dejar la presidencia del gobierno –voluntariamente, al renunciar a presentarse a la reelección-, ha reaparecido de manera impactante en la escena pública española, con un discurso reformista radical y bastante crítico con la política y la actitud de Rajoy al frente del gobierno, reclamándole a éste que “cumpla” el programa liberal con el que ganó las elecciones generales, y por mayoría absoluta, en noviembre de 2011, más por deméritos de Zapatero y el PSOE que por méritos suyos y del PP, como suele ocurrir siempre que pierde las elecciones el partido que gobierna. Y es que, aunque pueda parecer un contrasentido, la mayor parte de las veces las elecciones no se ganan, se pierden.

Puede que la entrevista a Aznar en Antena 3 haya sido el mayor torpedo contra la línea de flotación del gobierno desde que Rajoy es su presidente. “Fuego amigo”, por tanto, el que más ha cuestionado gran parte de la acción política del actual gobierno –más bien la inacción, según apunta Aznar-, porque parece que el “fuego enemigo”, el que se supone que ha provenido de la oposición, cuestionable y cuestionadamente liderada por un muy desgastado Alfredo P punto Rubalcaba, no ha pasado de hacer cosquillas y agua, dadas la poca carga de su munición y la errática dirección de sus disparos, a juzgar por los sondeos electorales en los que, a pesar de los muchos pesares que pesan sobre el gobierno del PP, el PSOE, lejos de recuperar intención de voto, la pierde por su izquierda y por su derecha –hacia IU y UPYD fundamentalmente-, y hasta por su mismo “centro” –hacia la abstención, el voto en blanco o, incluso, el voto nulo, tres formas de pronunciamiento electoral que, estoy seguro, van a crecer significativamente en futuros comicios, y no sólo entre los votantes del PSOE-.

Estos son los cinco ejes que, según Aznar, deben presidir la acción del gobierno y que, al menos hasta ahora, no se han priorizado o no se han alcanzado debidamente como objetivos en su gestión política:

1. Dejar claro que no está abierta la discusión sobre la Nación española ni sobre su soberanía.

 2. Renovar y fortalecer el funcionamiento del sistema democrático y el respeto al Estado de Derecho.

3. Estabilizar definitivamente la estructura territorial.

4. Flexibilizar y estabilizar la economía.

5. Recobrar la posición internacional de España

            Si la entrevista a Aznar en Antena 3 del 21 de mayo disgustó mucho en Moncloa, aunque estoy seguro que no tanto a los militantes de base del PP, y hasta se dieron órdenes de no comentarla o, al menos, de pasar de puntillas sobre ella, el pasado lunes, 10 de junio, en el Club Siglo XXI, el expresidente del gobierno y del PP dio una conferencia en la que, si bien se ratificó en sus posiciones ya conocidas, hizo bastante menos “sangre” que en su intervención televisiva, sin duda porque consideró que con una llamada de atención a los propios ya es suficiente, sobre todo si ésta fue como lo fue: clara como el agua del Jarama en su manantial de las estribaciones de la Peña Cebollera. La presencia en el Club Siglo XXI de la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, del ministro Soria y de algún miembro de la dirección del PP, como Floriano –“mano derecha” de Cospedal, con quien dicen que Aznar no se lleva bien de un tiempo, Bárcenas, a esta parte-, sin duda fue una inteligente decisión monclovita –y/o genovesa-, porque vino a reconocer a Aznar su papel de presidente de honor del PP y referente histórico de este partido, a dar una imagen de cierta unidad y normalización dentro de los populares y a invitar a la moderación al conferenciante, al menos en las formas.

Tengo muy claro que el PP no se puede permitir prescindir de las reflexiones de quien fuera su primer presidente del gobierno y el hombre que llevó al partido lo suficientemente al centro, sin renunciar a su alma conservadora, como para que triunfara claramente en las urnas, como lo hizo en 1996, cuando antes parecía casi una quimera condicionada por el llamado “techo Fraga”. Por otra parte, el gobierno de Rajoy tampoco debe permitirse obviar las opiniones del presidente español que, cuando su predecesor socialista había renunciado casi a ello por considerarlo inalcanzable, en apenas unos meses logró que la economía española cumpliera con las duras exigencias necesarias para podernos incorporar al euro y con el que, durante sus ocho años en Moncloa, se crearon cinco millones de puestos de trabajo y España era vista con admiración en el exterior y no con lástima, como ahora. Si Rajoy no valora, pondera y asimila debidamente las reflexiones de Aznar y se limita a considerarlo un “jarrón chino”, cometerá un gran error, entre otras razones porque él lo será también algún día y porque Aznar fue, precisamente, quien le hizo ministro durante ocho años y le eligió para ser su sucesor, una decisión que, si fue acertada o no, habrá de juzgarse cuando Rajoy deje la Moncloa y no ahora. Pero mal camino no lleva a buen pueblo y lo que va a ser, va siendo.

 

¡¡¡ Vaya tropa !!!

            Y seguimos con el Condede Romanones, por supuesto- que es un personaje histórico que da para mucho y que, como apuntaba en mi post anterior, estoy convencido que se merece una revisión en profundidad de su figura y de su obra política en la que, probablemente, saldría mucho mejor parado que otros, incluso del tiempo presente, que, como diría Esperanza Aguirre –antes muerta que callada-, no resisten, si quiera, un “juicio de hemeroteca”, como para aguantar un juicio de la historia.

De las muchas anécdotas que se le atribuyen a Don Álvaro de Figueroa y Torres –él mismo negó ser protagonista de muchas de ellas, pero aceptó deportivamente que se le atribuyeran, en una muestra más, no sólo de su ideología, sino de su talante liberal- hay una que siempre me ha llamado especialmente la atención por su contundencia y expresividad: cuentan que el Conde aspiraba a ocupar un sillón en la Real Academia de la Lengua Española y que algún adulador profesional, de los que tanto le merodeaban a él y a cualquiera que tuviera un mínimo de poder en la España apolillada de aquella hora –y que subsisten en la de hoy, cual garrapatas-, le dijo que no iba a haber ningún problema y que podía contar con el voto de la práctica totalidad de los académicos, que sólo bastaba que se lo pidiera para que así fuera. Al parecer, don Álvaro hizo desfilar, uno a uno, a los académicos por su casa y la gran mayoría de ellos le confirmaron que podía contar con su voto para acceder al sillón de la RAE. Pues bien, llegado el momento de la votación, secreta, ésta la perdió de manera abrumadora frente a otro aspirante. Cuando le comunicaron el escrutinio del voto de los académicos, Romanones acuñó una expresión de apenas dos palabras, pero que es todo un compendio de psicología grupal, un hito de la hipocresía y el fariseísmo que puede llegar a alcanzar el ser humano y una prueba palmaria de la sideral distancia que, a veces, hay entre el dicho y el hecho: “¡¡¡Vaya tropa!!!”

Pues bien, esta mañana, cuando nos hemos desayunado con la grata y aliviadora noticia de que en el pasado mes de mayo ha descendido el paro en España en 98.265 personas –pongo en negrita lo de personas porque, por desgracia, en la dichosa macroeconomía, que tan mal nos va a los españolitos desde hace ya un lustro, parece que los números son sólo eso, numeritos-, he escuchado unas declaraciones del líder de la oposición, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, diciendo que el dato “es bueno”, pero que “después de la primavera viene el verano y luego el invierno”; es decir, sin decirlo literalmente, ha dicho, o al menos, ha querido decir, que hay una causa “estacional” en ese buen dato, por lo que no es tan bueno, y que después vendrá “el tío Paco con las rebajas” cuando acabe el verano y concluyan los contratos que se han producido, no porque mejore la situación económica, sino porque en España, en verano, además de un espléndido sol casi todos los días, salen trabajos “estacionales”. O sea, que Rubalcaba dice que el tanto de que haya bajado notablemente el paro en mayo –es, objetivamente, el mejor dato de empleo en un mes de mayo de toda la serie histórica, iniciada en 1996- se lo pueden apuntar el sol y la playa, pero no Rajoy…

¿Y si hacemos un juicio express de hemeroteca al respecto? Pues, gracias a la eficiencia del buscador de Google, pronto nos encontramos con unas declaraciones que, el 2 de junio de 2011, es decir, hace exactamente dos años menos dos días, gobernando -¿¿??-  aún Zapatero, hizo la entonces portavoz del PP en el Congreso de los Diputados y hoy poderosa vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en las que valoraba así el descenso del paro, en mayo de 2011, en 79.701 personas; repito, personas: “Si se descuenta la estacionalidad, el paro ha subido en 38.000 personas”.

Sin comentarios… Bueno, sí, sólo uno: ¡¡¡Vaya tropa!!!

 

Un liberal en pelotas

 

            Acaba de terminar la intervención de restauración y limpieza de la estatua del Conde de Romanones situada en la plaza de Santo Domingo, que ha durado poco más de un mes y que ha tenido un coste para el Ayuntamiento de cerca de 23.000 euros. Visto como ha quedado el conjunto escultórico, a mi juicio bastante bien, no estoy de acuerdo con algunas voces que criticaron esta actuación cuando se anunció y la aplaudo por considerarla, además de bien ejecutada, necesaria y oportuna. Necesaria porque era evidente el estado de deterioro que presentaba y oportuna porque, precisamente en este año, 2013, hace 100 años que se erigió ese monumento en honor a Romanones y en expreso reconocimiento a su decisiva intervención para que se hicieran funcionarios públicos a los maestros, probablemente la decisión administrativa más importante y beneficiosa para el colectivo del magisterio que se haya tomado nunca.

             estatua-romanonesQue estemos en una crisis socioeconómica verdaderamente profunda y duradera, no es excusa para negarle al patrimonio histórico-artístico de Guadalajara –bastante socavado por el inexorable paso del tiempo y la torpe actuación, en unos casos, y la lamentable dejación, en muchos otros, de los hombres- 23.000 euros para restaurar y adecentar uno de sus escasos conjuntos escultóricos cuando, además, este cumple su primer centenario. Si echamos un vistazo a los parques, a las calles, a las plazas y otros espacios públicos de nuestra ciudad, nos daremos cuenta de que Guadalajara tiene un escaso patrimonio escultórico y eso a pesar de que José María Bris, cuando fue alcalde, se empeñó en enriquecerlo y gracias a él, en el Paseo de las Cruces tienen bustos, de los que es autor Luis Sanguino, algunos de los personajes que más huella han dejado en la historia de Guadalajara: desde Ibn Muntil –“walí”, o sea una especie de prohombre, de nuestra ciudad y primer nombre de la historia vinculado a Guadalajara, en el siglo IX- hasta Buero Vallejo y Cela, pasando por Alvarfáñez de Minaya, el Marqués de Santillana o el mismísimo Dr. Fernández Iparraguirre que da nombre al paseo; también por iniciativa de Bris hay una estatua monumental del Cardenal Mendoza junto al Palacio del Infantado, un conjunto escultórico de los aviadores Barberán y Collar en la Concordia, una del fotógrafo Camarillo en el Jardinillo y otra de San Juan Bosco en el parque que lleva su nombre, cerca de los Salesianos, además de la de la Virgen de la Antigua que, sobre una columna de granito, con su basa y su fuste correspondientes, se instaló a la entrada de su santuario. Imagínense la pobreza escultórica de esta ciudad sin estos bustos y estatuas que el buen Alcalde Bris –algunos pensarán que ese adjetivo no es apropiado, pero yo tuve el honor de trabajar cuatro años junto a él y creo que se lo tiene más que merecido- la aportó; por ello, insisto, creo acertada y adecuada la restauración hecha al conjunto escultórico de Romanones y animo al Ayuntamiento a que amplíe, cualitativa y cuantitativamente, sus actuaciones en materia patrimonial pues en ese ámbito tiene tajo de sobra. Y lo que no pueda ser ahora, por lógicas limitaciones presupuestarias, pues que vaya siendo a través de planes y proyectos directores, escuchando atentamente siempre a Pedro J. Pradillo, el extraordinario técnico municipal de patrimonio y que vale más que un Potosí, por utilizar una expresión netamente patrimonialista.

          Tengo la sensación de que gran parte de las voces críticas con la restauración del conjunto escultórico en honor a Romanones –al que popularmente conocemos los guadalajareños como “El Pelotas”, por la desnudez de las dos figuras que rinden honores a la estatua de medio cuerpo del Conde- tienen su origen en la imagen de cacique, maniobrero político y monárquico a ultranza de la que goza Don Álvaro de Figueroa y Torres, que así se llamaba el susodicho, fama que tiene su parte de verdad, pero que no le hace justicia plena. Basta leer la autobiografía de Romanones –escrita en tres tomos, bajo el título común de “Notas de una vida”- o su “Breviario de política experimental-, para conocer mejor a un extraordinario político que si ejerció el caciquismo, fue porque esa era la forma de hacer política cuando él estaba en ejercicio, y que si destacó por su capacidad de maniobra en las Cortes y en el Palacio Real, fue porque era un gran estratega y la política de entonces era puro pasillo y puro ajedrez, y que si fue monárquico a ultranza, lejos de ser un deshonor, lo que certifica es su lealtad inquebrantable a la corona, una virtud de la que él y muy pocos más hicieron gala cuando se le formuló una durísima “Acta de acusación” en las Cortes al Rey Alfonso XIII, tras proclamarse la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Y lo que muchos ignoran es que don Álvaro –que, aunque nació en Madrid, quiso enterrarse en Guadalajara, fundiéndose así para siempre con la tierra a la que tantas veces representó en Cortes- fue un destacado liberal de su tiempo, enemigo declarado del conservadurismo rancio, como también lo fue del comunismo, posicionándose en una centralidad política que aportó mucho más de lo que erosionó a la España de aquellos convulsos años de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, en los que Romanones fue tres veces Presidente del Consejo de Ministros, cerca de una decena de veces Ministro, Presidente del Congreso y Presidente del Senado, entre otros cargos públicos, como Alcalde de Madrid.

           Y, aunque a su modo y, por supuesto, condicionado por las circunstancias de la época, Romanones demostró su gran liberalismo hasta cuando escribió estas palabras, poco después de que su estatua, la que ahora se ha restaurado, fuera retirada de su primitivo emplazamiento, junto al Palacio del Infantado, en 1931, y no volviera a reponerse hasta 1954, cuatro años después de su fallecimiento, ya en la plaza de Santo Domingo que, entonces, se llamaba del General Mola: “Debiera estar prohibido que se elevaran estatuas a los contemporáneos. Las estatuas deben descansar en un cimiento muy sólido, que necesita para fraguar el transcurso del tiempo. Cometí la puerilidad de consentir me elevaran una. ¡Bien arrepentido estoy! Respiré a mis anchas cuando mis enemigos la derribaron, y ¡con cuanta razón!”.

Más libros, por favor

Desde ayer, jueves, 16, y hasta el próximo domingo –por cierto, festividad de Pentecostés, una fecha muy señalada en el calendario de fiestas tradicionales de la provincia, destacando entre ellas La Caballada, de Atienza-, se celebra en el Parque de la Concordia la Feria del Libro de la Guadalajara castellana, que no tiene la fama internacional de la que goza la de la Guadalajara de Jalisco –la conocida FIL, a la que acuden más de 1600 editoriales de más de 40 países-, pero que va haciendo camino al andar. De hecho, esta Feria alcarreña se ha convertido en una cita esperada y estimada para libreros, bibliófilos y gentes de aquí de la lectura y la escritura en general –entre los que proclamo estar- que, aún a pesar de la tendencia imparable del mercado hacia los libros electrónicos –los llamados e-books-, aún seguimos estimando el libro convencional, impreso en papel, espero y deseo que por muchos años, fundamentalmente por el bien de escritores, libreros, personal de artes gráficas y demás oficios y empresas auxiliares de la industria del libro clásico.

Es algo incontestable que los libros virtuales tienen, entre otras, las virtudes de la liviandad, la comodidad, la accesibilidad y la utilidad, pero es obvio que adolecen, al menos, de peso específico, referencia y presencia. Y hasta de la nada desdeñosa posibilidad de ser apilables y ocupar un espacio en los anaqueles y las baldas de muchos muebles y de no pocas casas en las que los libros se limitan a ocupar un espacio y son meros elementos del paisaje doméstico, pero que jamás han sido leídos, que es para lo que de verdad nacen los libros, como los ríos para terminar dando a la mar, que es el morir, como dijo el gran poeta Jorge Manrique en una de las “Coplas a la muerte de su padre”.

borlan2Y hablando de poetas, mucho me alegra, por ser justo y oportuno, que en las actividades paralelas y complementarias de la Feria del Libro alcarreña de este año, y dentro del festival de poesía de “Arriversos”, como su primera actividad en esta edición ferial se programara para ayer, jueves, un homenaje-recuerdo a Fernando Borlán, alcarreño de Galleguillos de Campos (León) –los buenos poetas nacen donde quieren y son de todas partes-, recordado y estimado profesor de Literatura del Instituto Brianda de Mendoza, maestro de verdad y amigo de sus alumnos, y poeta de muy alto nivel que nos dejó versos de la calidad de éstos que a continuación reproduzco, recogidos en “Taberna de humo y sueño”, su poemario de madurez y de estar de vuelta ya en la vida:

 

(…)Desde la oscuridad intermitente

            voy desgranando el corazón a solas,

            escuchando

            el rastreo

            de tus pisadas por baldosas frías.

                        En las hojas caídas del otoño

            apenas se vislumbran los senderos

            y hay que inventarlos bajo las estrellas (…)

 

            Aunque cuando escribo este post marcea en mayo, o sea, hay frío, lluvia y viento, tres elementos que suelen condicionar negativamente el éxito de cualquier feria, espero que los meteoros den una tregua suficiente el fin de semana como para que la gente pueda pasear por la Concordia y comprar algún libro… para después leerlo.   Termino parafraseando a Luis Eduardo Aute y tuneando su “Más cine, por favor”, para reivindicar un “Más libros, por favor”:

 

¡Libros, libros, libros, libros…

            más libros, por favor,

            que no todo en la vida son libros,

            pero los libros, sueños son!

Un gobierno serio pero antipático

Como hace ya seis años que dejé la política activa y mi relación con los políticos es cada vez más tangencial y episódica, crece en mí la convicción de que “lo prometido es deuda” y que “cosa prometida es medio debida”, como sentencian dos frases proverbiales que van en la misma línea, aunque una de ellas, la segunda, se queda a mitad de camino, como el que lanza una piedra, pero esconde la mano. Así que, con el permiso de “El Pirata” o sin él, que jamás he rendido pleitesía a cobardes insidiosos -fueran vizcaínos o cántabros, andaluces o murcianos, calagurritanos o egabrenses o do quiera que fueran- hoy, contradiciendo a Tip y Coll, no lo dejo para la próxima semana y voy a hablar/escribir del gobierno… regional; o sea, del ejecutivo autonómico de Dolores Cospedal –me consta que se han dado instrucciones para que no se le coloque la preposición “de” delante de su primer apellido, quien las haya dado sabrá por qué-, que va a cumplir pronto dos años al frente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Hace, pues, dos años que el PP gobierna en la región y aún le quedan, por tanto, otros dos años de gobierno, momento propicio para hacer balance a media legislatura y proyectar lo que puede devenir en lo que resta de ella, aunque eso sea más labor de videntes que de escribientes.

Para valorar la labor del gobierno de Cospedal con ponderación, hay que partir del hecho principal que, en gran medida, motivó su triunfo y que, sin duda, más está condicionando su acción política: la grave crisis económica que llevamos padeciendo desde hace ya más de cinco años y que se está demostrando más pertinaz que la sequía en estas tierras, en las que abunda el secano, pero que, a pesar de ello, sirven de manantial a las huertas levantinas y a algún que otro campo de golf, a través de esa sangría que es el trasvase Tajo-Segura, que nunca cesa, como el rayo de Miguel Hernández, gobierne quien gobierne. Ahora, por cierto, el nuevo proyecto de Plan de Cuenca del Tajo, que dicen los murcianos y los valencianos que ha sido condicionado por Cospedal a favor de los embalses de cabecera, o sea Entrepeñas y Buendía, prevé incrementar la reserva estratégica –el agua no trasvasable- de 240 a 400 hectómetros cúbicos, cota que hasta el mismísimo José Bono, cuando ejercía de todopoderoso “manchakari”, afirmó no poderse alcanzar “ni en el mejor de los sueños”. Pues bien, si esa reserva de 400 se confirma y se asegura jurídicamente y, al tiempo, se garantiza la sostenibilidad del entorno de los embalses y, por supuesto, el abastecimiento de agua, en cantidad y calidad adecuadas, a la zona de cabecera, no seré yo quien le niegue a la presidenta regional mi reconocimiento por este logro que, aunque el PSOE trate de minusvalorar intencionadamente, sería realmente histórico.

Pero si Cospedal parece que se ha mojado con el trasvase, donde está pisando charcos, prácticamente desde que comenzó a mandar en el palacio de Fuensalida, es en dos materias muy sensibles para la población y que suponen las dos grandes áreas de gestión de la Junta: la Sanidad y la Educación. Es evidente que el PSOE dejó la región al borde del abismo económico y que, si Barreda hubiera vuelto a ganar las elecciones, probablemente hubiéramos dado un paso al frente, a juzgar por el “sostenella y no enmendalla” de los socialistas a favor del déficit y de la deuda pública, o sea, del gastar hoy de prestado y que paguen los que vengan y sus hijos y sus nietos. Cabe recordar que el expresidente del PSOE dejó sin pagar 167.727 facturas, la mayor parte de 2010 y 2011, aunque algunas también de 2009 e, incluso, de 2008. El propio Síndico de Cuentas –un personaje poliédrico, por cierto-, nada más tomar posesión Cospedal, calculó en 2.813 millones de euros la necesidad de liquidez a corto plazo de la Junta, una cifra mareante y que evidenciaba la pésima gestión de Barreda que, a pesar de ello y de ser consciente de que la crisis se agudizaba y era tiempo de prudencia financiera, se empeñaba en vender e iniciar proyectos para hacerse fotos, intencionadamente electoralistas, como la ampliación del Hospital General de Guadalajara y del Campus Universitario del Ruiseñor, cuando no había financiación ni para los cimientos. Pero si Cospedal heredó una economía con más agujeros que un queso Emmental –el Gruyère tiene la fama y el Emmental los agujeros y se ha visto obligada a hacer políticas drásticas de ajuste, bien es verdad que éstas se han hecho, a veces, como en el caso del intento de cierre de algunas urgencias en los Puntos de Atención Continuada, con escasa oportunidad política y con más que dudosa seguridad jurídica, hasta el punto de que los tribunales, a instancias de los pueblos afectados, algunos de ellos del PP, han paralizado ese intento. Este traspiés judicial ha supuesto que el Consejero de Sanidad, el alcarreño de Valladolid y avecindado en Madrid, José Ignacio Echániz –a quien aprecio personalmente, pero creo que se está equivocando, más en las formas que en el fondo-, se haya dejado unos cuantos pelos políticos en la gatera, a sumar a los que se suele dejar por sus, a veces, inadecuadas, extemporáneas y agresivas declaraciones públicas, en una sobreactuación política gratuita, más cerca del histrionismo que de la verdadera eficiencia, no sólo eficacia, a las que tanto se apela desde todo el gobierno regional, como si de un latiguillo justificador de tijeretazos se tratara. Aunque es aplicable a gran parte del gobierno de Cospedal, creo que Iñaki Echániz se lo tiene que hacer mirar: una cosa es un gobierno serio –y éste parece que lo es- y otra bien distinta es un gobierno antipático.

Como decía, la crisis económica está condicionando, sobremanera, al gobierno de Cospedal y le está obligando a hacer recortes de gasto e inversión que apenas le dejan margen de maniobra para vender su gestión, porque es imposible sacar provecho político de lo que no se hace o de lo que no se mantiene, aunque sea porque no se puede. Si al desgaste de los recortes unimos que la sangría del paro continúa –en mayo de 2011 había 212.000 parados en la región y dos años después hay 268.000-, parece evidente que, salvo que cambien significativamente las circunstancias en los próximos dos años, especialmente la creación de empleo, el PP va a tener complicado revalidar su mayoría absoluta en la región en 2015, aunque hay dos elementos que van a jugar a su favor: el desgaste que el PSOE también está teniendo en la oposición y la anunciada reducción del número de escaños en las Cortes regionales, hecho que, aplicando la Ley D`hont en la adjudicación de actas de diputados electos, suele beneficiar a los dos partidos mayoritarios. A pesar de ello, es más que posible que en la próxima legislatura haya más de dos grupos políticos representados en el parlamento regional y que, incluso, sean cuatro, con la casi segura llegada de IU, a costa del PSOE, y la probable de UPYD, a costa de PSOE y de PP. Pero dos años dan para mucho en política y lo que hoy es azul, mañana puede ser rojo, verde, roji-verde o, incluso, tener algún tinte magenta… “Time to time”, que dirían los ingleses. Tiempo al tiempo, sí.

Para terminar este post, no quiero dejar de reflejar una llamativa circunstancia: a pesar de que el PP ganó las elecciones regionales gracias al excelente resultado que obtuvo en la provincia de Guadalajara, echo de menos un mayor compromiso de la Junta con esta provincia, aún en el tiempo de recortes que toca. Un ejemplo: por fin se van a reactivar algunas obras de carreteras y de la prometida (¡ya por Bono y para estar terminada en 2008!) “Autovía de la Alcarria”, nada se sabe, como tampoco hay plazos para reanudar las obras del Hospital, muy necesarias pues el actual está más “enfermo” que algunos de los pacientes ingresados en él. Y un dato revelador, o de la poca estima que le merece a Cospedal la militancia del PP de Guadalajara o de la poca estima que ésta objetivamente merece o de la mucha más que merecen las militancias de otras provincias: sólo cinco de los ochenta altos cargos de la Junta son de Guadalajara (un consejero, una viceconsejera y tres directores generales) y los diputados regionales por esta provincia, tienen escaso peso dentro del Grupo Parlamentario Popular. Ahí queda el dato.

 

 

 

Dos años por detrás y dos por delante

            Dentro de este mismo mes de mayo, exactamente el día 22, va a hacer dos años que se celebraron las últimas elecciones municipales y autonómicas, que supusieron un notable avance del Partido Popular, tanto en el gobierno de ayuntamientos como de diputaciones y comunidades autónomas, antesala de la mayoría absoluta que Mariano Rajoy alcanzó, cinco meses después, para acceder al gobierno de España, al tercer intento, por cierto.

             Estamos, pues, ante el ecuador de los actuales mandatos en los ámbitos locales, provinciales y autonómicos y, por tanto, es tiempo de hacer balance y, con todo el riesgo y la dificultad que entraña, de anticipar lo que pudiera ocurrir dentro de dos años, cuando haya nueva llamada a las urnas para renovar ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas; pero, un año antes de la celebración de las autonómicas y locales de 2015, o sea, dentro de un año, habrá otra cita, las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, en las que, como suele ocurrir, los electores tendrán muy probablemente en cuenta que Bruselas y Estrasburgo quedan todavía muy lejos –aunque cada vez estén más cerca- y que quien manda realmente en Europa es Ángela Merkel, para muchos no ir a votar –la abstención en este tipo de comicios siempre es más alta que en el resto- o para hacerlo en negativo: es decir, aplicar doble dosis de castigo a quienes gobiernan o a quienes lideran vacilantes la oposición, si es que los ciudadanos no están demasiado satisfechos ni con unos ni con otros, valoración que, al menos así lo parece, es la que asume en el tiempo político actual un amplio sector de la población.

Hacer un balance generalizado de la situación política actual y futura de los ayuntamientos es una tarea compleja y que, fácilmente, lleva al equívoco porque cada pueblo, cada ciudad es un mundo singular y las circunstancias particulares de los municipios, especialmente la estima y consideración que los ciudadanos tienen a sus propios alcaldes y concejales, priman sobre las valoraciones de carácter general, sobre todo en los ayuntamientos de menor población, donde se vota más a los candidatos a alcalde que a los partidos por los que se presentan. No obstante, en el actual contexto de acusada crisis, y como ya ocurrió también en las elecciones de hace dos años, la turbulenta situación política, social y económica nacional influirá, de seguir así o parecida, en las próximas municipales, poniendo contra las cuerdas a algunos buenos gestores y llevándose por delante a los regulares y, sobre todo y con justicia, a los malos. El desgaste en estos tiempos para quienes ocupan el poder o no ejercen una buena oposición es de lija del 40.

Mi pronóstico, a dos años vista y sin descontar lo mucho que en ese tiempo que queda aún puede ocurrir y las singularidades de cada municipio, es que, sobre todo en los ayuntamientos de mayor tamaño, van a perder apoyos los dos principales partidos españoles, PP y PSOE, especialmente donde gobiernen, y a costa de su desgaste van a crecer IU, UPYD y candidaturas “independientes” de variado signo, etiqueta que resulta especialmente atractiva cuando las opciones tradicionales sufren un acusado desgaste y sus alternativas, también tradicionales, no terminan de convencer. En la teórica independencia se pueden aglutinar muchas sensibilidades y refugiar muchos desencantos.

Respecto a las diputaciones, al ser instituciones que se eligen en segundo grado, pronosticar resultados a dos años vista sería, directamente, jugar a la ruleta, si bien, precisamente porque sus corporaciones se elijen en función de los resultados que se dan en los ayuntamientos, sumados los votos habidos en las elecciones de todos ellos y asignados los escaños en función de los resultados obtenidos por cada partido político y los diputados provinciales que corresponden a cada partido judicial –en el caso de nuestra provincia: 15 al de Guadalajara, 6 al de Sigüenza y 4 al de Molina-, es evidente que las tendencias políticas que he apuntado para los ayuntamientos, también condicionarán la distribución de fuerzas resultante en las diputaciones. En todo caso, parece evidente que van a verse mermadas las mayorías absolutas en muchas diputaciones, que pueden cambiar los tradicionales equilibrios y que es probable que aparezcan nuevas opciones políticas en ellas, lo que obligará a llegar a acuerdos de gobierno, algo saludable si se suman fuerzas y voluntades y se pactan programas de interés general, pero tóxico si lo que se pacta son sólo cargos y sueldos. Y es que hay mucho pirata, aunque bien es verdad que no sólo en política. Y mucho bucanero. Y no pocos filibusteros.

Por cierto, hablando de las diputaciones, aún con el grato recuerdo, muy vivo y presente, de la reciente conmemoración del bicentenario de la de Guadalajara, aprovecho para reivindicar que las corporaciones provinciales sean elegidas directamente por los ciudadanos, en primer grado, lo que las acercaría al conocimiento y la voluntad de los electores y permitiría que se premiaran o castigaran las gestiones de sus máximos responsables y no las de los ayuntamientos.

Y, como decían Tip y Coll, la próxima semana hablaremos del gobierno… regional. O de lo que me venga en gana, que ya sólo faltaría que, a mis 51 años y con la bolsa escrotal negra del humo de mil batallas, me digan de lo que tengo que escribir o hablar y, lo que es peor aún, lo que tengo que opinar. El gran Ortega y Gasset decía, contemplando y admirando la estatua yacente de El Doncel de Sigüenza, que “en España, casi todo lo grande, es anónimo”; pero, digo yo, que no le alcanzo a Ortega ni a la suela de sus zapatos, que también hay mucha cobardía, mucha vileza interesada y mucha pequeñez que se esconden en el anonimato. La verdad no necesita heraldos, se anuncia y proclama sola. Y mira de frente.

 

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