Aznar vs Rajoy

            Desde que el expresidente del gobierno (1996-2004), José María Aznar, diera más titulares en su entrevista en Antena 3, hace apenas veinte días, que Mariano Rajoy en su más de año y medio de mandato, mucho se ha escrito y hablado sobre la posibilidad e, incluso, necesidad de que aquél volviera a la primera fila de la política española, ante la falta de liderazgo real y evidente pasividad ante acuciantes problemas de la vida política española que, no pocos analistas y muchos militantes y simpatizantes del PP, achacan al actual presidente del gobierno, una pasividad que Rajoy niega y viste de prudencia y no estridencia que, a su juicio, es lo que verdaderamente necesita España y que son actitudes que se ajustan a su propia personalidad.

Dicen que los expresidentes del gobierno son como los grandes “jarrones chinos”, que ocupan mucho espacio, no siempre son piezas artísticas destacables y nadie sabe donde ponerlos. Puede ser una buena definición, pero Aznar no se ha resistido a encajar en ella y después de ocho años de dejar la presidencia del gobierno –voluntariamente, al renunciar a presentarse a la reelección-, ha reaparecido de manera impactante en la escena pública española, con un discurso reformista radical y bastante crítico con la política y la actitud de Rajoy al frente del gobierno, reclamándole a éste que “cumpla” el programa liberal con el que ganó las elecciones generales, y por mayoría absoluta, en noviembre de 2011, más por deméritos de Zapatero y el PSOE que por méritos suyos y del PP, como suele ocurrir siempre que pierde las elecciones el partido que gobierna. Y es que, aunque pueda parecer un contrasentido, la mayor parte de las veces las elecciones no se ganan, se pierden.

Puede que la entrevista a Aznar en Antena 3 haya sido el mayor torpedo contra la línea de flotación del gobierno desde que Rajoy es su presidente. “Fuego amigo”, por tanto, el que más ha cuestionado gran parte de la acción política del actual gobierno –más bien la inacción, según apunta Aznar-, porque parece que el “fuego enemigo”, el que se supone que ha provenido de la oposición, cuestionable y cuestionadamente liderada por un muy desgastado Alfredo P punto Rubalcaba, no ha pasado de hacer cosquillas y agua, dadas la poca carga de su munición y la errática dirección de sus disparos, a juzgar por los sondeos electorales en los que, a pesar de los muchos pesares que pesan sobre el gobierno del PP, el PSOE, lejos de recuperar intención de voto, la pierde por su izquierda y por su derecha –hacia IU y UPYD fundamentalmente-, y hasta por su mismo “centro” –hacia la abstención, el voto en blanco o, incluso, el voto nulo, tres formas de pronunciamiento electoral que, estoy seguro, van a crecer significativamente en futuros comicios, y no sólo entre los votantes del PSOE-.

Estos son los cinco ejes que, según Aznar, deben presidir la acción del gobierno y que, al menos hasta ahora, no se han priorizado o no se han alcanzado debidamente como objetivos en su gestión política:

1. Dejar claro que no está abierta la discusión sobre la Nación española ni sobre su soberanía.

 2. Renovar y fortalecer el funcionamiento del sistema democrático y el respeto al Estado de Derecho.

3. Estabilizar definitivamente la estructura territorial.

4. Flexibilizar y estabilizar la economía.

5. Recobrar la posición internacional de España

            Si la entrevista a Aznar en Antena 3 del 21 de mayo disgustó mucho en Moncloa, aunque estoy seguro que no tanto a los militantes de base del PP, y hasta se dieron órdenes de no comentarla o, al menos, de pasar de puntillas sobre ella, el pasado lunes, 10 de junio, en el Club Siglo XXI, el expresidente del gobierno y del PP dio una conferencia en la que, si bien se ratificó en sus posiciones ya conocidas, hizo bastante menos “sangre” que en su intervención televisiva, sin duda porque consideró que con una llamada de atención a los propios ya es suficiente, sobre todo si ésta fue como lo fue: clara como el agua del Jarama en su manantial de las estribaciones de la Peña Cebollera. La presencia en el Club Siglo XXI de la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, del ministro Soria y de algún miembro de la dirección del PP, como Floriano –“mano derecha” de Cospedal, con quien dicen que Aznar no se lleva bien de un tiempo, Bárcenas, a esta parte-, sin duda fue una inteligente decisión monclovita –y/o genovesa-, porque vino a reconocer a Aznar su papel de presidente de honor del PP y referente histórico de este partido, a dar una imagen de cierta unidad y normalización dentro de los populares y a invitar a la moderación al conferenciante, al menos en las formas.

Tengo muy claro que el PP no se puede permitir prescindir de las reflexiones de quien fuera su primer presidente del gobierno y el hombre que llevó al partido lo suficientemente al centro, sin renunciar a su alma conservadora, como para que triunfara claramente en las urnas, como lo hizo en 1996, cuando antes parecía casi una quimera condicionada por el llamado “techo Fraga”. Por otra parte, el gobierno de Rajoy tampoco debe permitirse obviar las opiniones del presidente español que, cuando su predecesor socialista había renunciado casi a ello por considerarlo inalcanzable, en apenas unos meses logró que la economía española cumpliera con las duras exigencias necesarias para podernos incorporar al euro y con el que, durante sus ocho años en Moncloa, se crearon cinco millones de puestos de trabajo y España era vista con admiración en el exterior y no con lástima, como ahora. Si Rajoy no valora, pondera y asimila debidamente las reflexiones de Aznar y se limita a considerarlo un “jarrón chino”, cometerá un gran error, entre otras razones porque él lo será también algún día y porque Aznar fue, precisamente, quien le hizo ministro durante ocho años y le eligió para ser su sucesor, una decisión que, si fue acertada o no, habrá de juzgarse cuando Rajoy deje la Moncloa y no ahora. Pero mal camino no lleva a buen pueblo y lo que va a ser, va siendo.

 

¡¡¡ Vaya tropa !!!

            Y seguimos con el Condede Romanones, por supuesto- que es un personaje histórico que da para mucho y que, como apuntaba en mi post anterior, estoy convencido que se merece una revisión en profundidad de su figura y de su obra política en la que, probablemente, saldría mucho mejor parado que otros, incluso del tiempo presente, que, como diría Esperanza Aguirre –antes muerta que callada-, no resisten, si quiera, un “juicio de hemeroteca”, como para aguantar un juicio de la historia.

De las muchas anécdotas que se le atribuyen a Don Álvaro de Figueroa y Torres –él mismo negó ser protagonista de muchas de ellas, pero aceptó deportivamente que se le atribuyeran, en una muestra más, no sólo de su ideología, sino de su talante liberal- hay una que siempre me ha llamado especialmente la atención por su contundencia y expresividad: cuentan que el Conde aspiraba a ocupar un sillón en la Real Academia de la Lengua Española y que algún adulador profesional, de los que tanto le merodeaban a él y a cualquiera que tuviera un mínimo de poder en la España apolillada de aquella hora –y que subsisten en la de hoy, cual garrapatas-, le dijo que no iba a haber ningún problema y que podía contar con el voto de la práctica totalidad de los académicos, que sólo bastaba que se lo pidiera para que así fuera. Al parecer, don Álvaro hizo desfilar, uno a uno, a los académicos por su casa y la gran mayoría de ellos le confirmaron que podía contar con su voto para acceder al sillón de la RAE. Pues bien, llegado el momento de la votación, secreta, ésta la perdió de manera abrumadora frente a otro aspirante. Cuando le comunicaron el escrutinio del voto de los académicos, Romanones acuñó una expresión de apenas dos palabras, pero que es todo un compendio de psicología grupal, un hito de la hipocresía y el fariseísmo que puede llegar a alcanzar el ser humano y una prueba palmaria de la sideral distancia que, a veces, hay entre el dicho y el hecho: “¡¡¡Vaya tropa!!!”

Pues bien, esta mañana, cuando nos hemos desayunado con la grata y aliviadora noticia de que en el pasado mes de mayo ha descendido el paro en España en 98.265 personas –pongo en negrita lo de personas porque, por desgracia, en la dichosa macroeconomía, que tan mal nos va a los españolitos desde hace ya un lustro, parece que los números son sólo eso, numeritos-, he escuchado unas declaraciones del líder de la oposición, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, diciendo que el dato “es bueno”, pero que “después de la primavera viene el verano y luego el invierno”; es decir, sin decirlo literalmente, ha dicho, o al menos, ha querido decir, que hay una causa “estacional” en ese buen dato, por lo que no es tan bueno, y que después vendrá “el tío Paco con las rebajas” cuando acabe el verano y concluyan los contratos que se han producido, no porque mejore la situación económica, sino porque en España, en verano, además de un espléndido sol casi todos los días, salen trabajos “estacionales”. O sea, que Rubalcaba dice que el tanto de que haya bajado notablemente el paro en mayo –es, objetivamente, el mejor dato de empleo en un mes de mayo de toda la serie histórica, iniciada en 1996- se lo pueden apuntar el sol y la playa, pero no Rajoy…

¿Y si hacemos un juicio express de hemeroteca al respecto? Pues, gracias a la eficiencia del buscador de Google, pronto nos encontramos con unas declaraciones que, el 2 de junio de 2011, es decir, hace exactamente dos años menos dos días, gobernando -¿¿??-  aún Zapatero, hizo la entonces portavoz del PP en el Congreso de los Diputados y hoy poderosa vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en las que valoraba así el descenso del paro, en mayo de 2011, en 79.701 personas; repito, personas: “Si se descuenta la estacionalidad, el paro ha subido en 38.000 personas”.

Sin comentarios… Bueno, sí, sólo uno: ¡¡¡Vaya tropa!!!

 

Un liberal en pelotas

 

            Acaba de terminar la intervención de restauración y limpieza de la estatua del Conde de Romanones situada en la plaza de Santo Domingo, que ha durado poco más de un mes y que ha tenido un coste para el Ayuntamiento de cerca de 23.000 euros. Visto como ha quedado el conjunto escultórico, a mi juicio bastante bien, no estoy de acuerdo con algunas voces que criticaron esta actuación cuando se anunció y la aplaudo por considerarla, además de bien ejecutada, necesaria y oportuna. Necesaria porque era evidente el estado de deterioro que presentaba y oportuna porque, precisamente en este año, 2013, hace 100 años que se erigió ese monumento en honor a Romanones y en expreso reconocimiento a su decisiva intervención para que se hicieran funcionarios públicos a los maestros, probablemente la decisión administrativa más importante y beneficiosa para el colectivo del magisterio que se haya tomado nunca.

             estatua-romanonesQue estemos en una crisis socioeconómica verdaderamente profunda y duradera, no es excusa para negarle al patrimonio histórico-artístico de Guadalajara –bastante socavado por el inexorable paso del tiempo y la torpe actuación, en unos casos, y la lamentable dejación, en muchos otros, de los hombres- 23.000 euros para restaurar y adecentar uno de sus escasos conjuntos escultóricos cuando, además, este cumple su primer centenario. Si echamos un vistazo a los parques, a las calles, a las plazas y otros espacios públicos de nuestra ciudad, nos daremos cuenta de que Guadalajara tiene un escaso patrimonio escultórico y eso a pesar de que José María Bris, cuando fue alcalde, se empeñó en enriquecerlo y gracias a él, en el Paseo de las Cruces tienen bustos, de los que es autor Luis Sanguino, algunos de los personajes que más huella han dejado en la historia de Guadalajara: desde Ibn Muntil –“walí”, o sea una especie de prohombre, de nuestra ciudad y primer nombre de la historia vinculado a Guadalajara, en el siglo IX- hasta Buero Vallejo y Cela, pasando por Alvarfáñez de Minaya, el Marqués de Santillana o el mismísimo Dr. Fernández Iparraguirre que da nombre al paseo; también por iniciativa de Bris hay una estatua monumental del Cardenal Mendoza junto al Palacio del Infantado, un conjunto escultórico de los aviadores Barberán y Collar en la Concordia, una del fotógrafo Camarillo en el Jardinillo y otra de San Juan Bosco en el parque que lleva su nombre, cerca de los Salesianos, además de la de la Virgen de la Antigua que, sobre una columna de granito, con su basa y su fuste correspondientes, se instaló a la entrada de su santuario. Imagínense la pobreza escultórica de esta ciudad sin estos bustos y estatuas que el buen Alcalde Bris –algunos pensarán que ese adjetivo no es apropiado, pero yo tuve el honor de trabajar cuatro años junto a él y creo que se lo tiene más que merecido- la aportó; por ello, insisto, creo acertada y adecuada la restauración hecha al conjunto escultórico de Romanones y animo al Ayuntamiento a que amplíe, cualitativa y cuantitativamente, sus actuaciones en materia patrimonial pues en ese ámbito tiene tajo de sobra. Y lo que no pueda ser ahora, por lógicas limitaciones presupuestarias, pues que vaya siendo a través de planes y proyectos directores, escuchando atentamente siempre a Pedro J. Pradillo, el extraordinario técnico municipal de patrimonio y que vale más que un Potosí, por utilizar una expresión netamente patrimonialista.

          Tengo la sensación de que gran parte de las voces críticas con la restauración del conjunto escultórico en honor a Romanones –al que popularmente conocemos los guadalajareños como “El Pelotas”, por la desnudez de las dos figuras que rinden honores a la estatua de medio cuerpo del Conde- tienen su origen en la imagen de cacique, maniobrero político y monárquico a ultranza de la que goza Don Álvaro de Figueroa y Torres, que así se llamaba el susodicho, fama que tiene su parte de verdad, pero que no le hace justicia plena. Basta leer la autobiografía de Romanones –escrita en tres tomos, bajo el título común de “Notas de una vida”- o su “Breviario de política experimental-, para conocer mejor a un extraordinario político que si ejerció el caciquismo, fue porque esa era la forma de hacer política cuando él estaba en ejercicio, y que si destacó por su capacidad de maniobra en las Cortes y en el Palacio Real, fue porque era un gran estratega y la política de entonces era puro pasillo y puro ajedrez, y que si fue monárquico a ultranza, lejos de ser un deshonor, lo que certifica es su lealtad inquebrantable a la corona, una virtud de la que él y muy pocos más hicieron gala cuando se le formuló una durísima “Acta de acusación” en las Cortes al Rey Alfonso XIII, tras proclamarse la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Y lo que muchos ignoran es que don Álvaro –que, aunque nació en Madrid, quiso enterrarse en Guadalajara, fundiéndose así para siempre con la tierra a la que tantas veces representó en Cortes- fue un destacado liberal de su tiempo, enemigo declarado del conservadurismo rancio, como también lo fue del comunismo, posicionándose en una centralidad política que aportó mucho más de lo que erosionó a la España de aquellos convulsos años de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, en los que Romanones fue tres veces Presidente del Consejo de Ministros, cerca de una decena de veces Ministro, Presidente del Congreso y Presidente del Senado, entre otros cargos públicos, como Alcalde de Madrid.

           Y, aunque a su modo y, por supuesto, condicionado por las circunstancias de la época, Romanones demostró su gran liberalismo hasta cuando escribió estas palabras, poco después de que su estatua, la que ahora se ha restaurado, fuera retirada de su primitivo emplazamiento, junto al Palacio del Infantado, en 1931, y no volviera a reponerse hasta 1954, cuatro años después de su fallecimiento, ya en la plaza de Santo Domingo que, entonces, se llamaba del General Mola: “Debiera estar prohibido que se elevaran estatuas a los contemporáneos. Las estatuas deben descansar en un cimiento muy sólido, que necesita para fraguar el transcurso del tiempo. Cometí la puerilidad de consentir me elevaran una. ¡Bien arrepentido estoy! Respiré a mis anchas cuando mis enemigos la derribaron, y ¡con cuanta razón!”.

Más libros, por favor

Desde ayer, jueves, 16, y hasta el próximo domingo –por cierto, festividad de Pentecostés, una fecha muy señalada en el calendario de fiestas tradicionales de la provincia, destacando entre ellas La Caballada, de Atienza-, se celebra en el Parque de la Concordia la Feria del Libro de la Guadalajara castellana, que no tiene la fama internacional de la que goza la de la Guadalajara de Jalisco –la conocida FIL, a la que acuden más de 1600 editoriales de más de 40 países-, pero que va haciendo camino al andar. De hecho, esta Feria alcarreña se ha convertido en una cita esperada y estimada para libreros, bibliófilos y gentes de aquí de la lectura y la escritura en general –entre los que proclamo estar- que, aún a pesar de la tendencia imparable del mercado hacia los libros electrónicos –los llamados e-books-, aún seguimos estimando el libro convencional, impreso en papel, espero y deseo que por muchos años, fundamentalmente por el bien de escritores, libreros, personal de artes gráficas y demás oficios y empresas auxiliares de la industria del libro clásico.

Es algo incontestable que los libros virtuales tienen, entre otras, las virtudes de la liviandad, la comodidad, la accesibilidad y la utilidad, pero es obvio que adolecen, al menos, de peso específico, referencia y presencia. Y hasta de la nada desdeñosa posibilidad de ser apilables y ocupar un espacio en los anaqueles y las baldas de muchos muebles y de no pocas casas en las que los libros se limitan a ocupar un espacio y son meros elementos del paisaje doméstico, pero que jamás han sido leídos, que es para lo que de verdad nacen los libros, como los ríos para terminar dando a la mar, que es el morir, como dijo el gran poeta Jorge Manrique en una de las “Coplas a la muerte de su padre”.

borlan2Y hablando de poetas, mucho me alegra, por ser justo y oportuno, que en las actividades paralelas y complementarias de la Feria del Libro alcarreña de este año, y dentro del festival de poesía de “Arriversos”, como su primera actividad en esta edición ferial se programara para ayer, jueves, un homenaje-recuerdo a Fernando Borlán, alcarreño de Galleguillos de Campos (León) –los buenos poetas nacen donde quieren y son de todas partes-, recordado y estimado profesor de Literatura del Instituto Brianda de Mendoza, maestro de verdad y amigo de sus alumnos, y poeta de muy alto nivel que nos dejó versos de la calidad de éstos que a continuación reproduzco, recogidos en “Taberna de humo y sueño”, su poemario de madurez y de estar de vuelta ya en la vida:

 

(…)Desde la oscuridad intermitente

            voy desgranando el corazón a solas,

            escuchando

            el rastreo

            de tus pisadas por baldosas frías.

                        En las hojas caídas del otoño

            apenas se vislumbran los senderos

            y hay que inventarlos bajo las estrellas (…)

 

            Aunque cuando escribo este post marcea en mayo, o sea, hay frío, lluvia y viento, tres elementos que suelen condicionar negativamente el éxito de cualquier feria, espero que los meteoros den una tregua suficiente el fin de semana como para que la gente pueda pasear por la Concordia y comprar algún libro… para después leerlo.   Termino parafraseando a Luis Eduardo Aute y tuneando su “Más cine, por favor”, para reivindicar un “Más libros, por favor”:

 

¡Libros, libros, libros, libros…

            más libros, por favor,

            que no todo en la vida son libros,

            pero los libros, sueños son!

Un gobierno serio pero antipático

Como hace ya seis años que dejé la política activa y mi relación con los políticos es cada vez más tangencial y episódica, crece en mí la convicción de que “lo prometido es deuda” y que “cosa prometida es medio debida”, como sentencian dos frases proverbiales que van en la misma línea, aunque una de ellas, la segunda, se queda a mitad de camino, como el que lanza una piedra, pero esconde la mano. Así que, con el permiso de “El Pirata” o sin él, que jamás he rendido pleitesía a cobardes insidiosos -fueran vizcaínos o cántabros, andaluces o murcianos, calagurritanos o egabrenses o do quiera que fueran- hoy, contradiciendo a Tip y Coll, no lo dejo para la próxima semana y voy a hablar/escribir del gobierno… regional; o sea, del ejecutivo autonómico de Dolores Cospedal –me consta que se han dado instrucciones para que no se le coloque la preposición “de” delante de su primer apellido, quien las haya dado sabrá por qué-, que va a cumplir pronto dos años al frente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Hace, pues, dos años que el PP gobierna en la región y aún le quedan, por tanto, otros dos años de gobierno, momento propicio para hacer balance a media legislatura y proyectar lo que puede devenir en lo que resta de ella, aunque eso sea más labor de videntes que de escribientes.

Para valorar la labor del gobierno de Cospedal con ponderación, hay que partir del hecho principal que, en gran medida, motivó su triunfo y que, sin duda, más está condicionando su acción política: la grave crisis económica que llevamos padeciendo desde hace ya más de cinco años y que se está demostrando más pertinaz que la sequía en estas tierras, en las que abunda el secano, pero que, a pesar de ello, sirven de manantial a las huertas levantinas y a algún que otro campo de golf, a través de esa sangría que es el trasvase Tajo-Segura, que nunca cesa, como el rayo de Miguel Hernández, gobierne quien gobierne. Ahora, por cierto, el nuevo proyecto de Plan de Cuenca del Tajo, que dicen los murcianos y los valencianos que ha sido condicionado por Cospedal a favor de los embalses de cabecera, o sea Entrepeñas y Buendía, prevé incrementar la reserva estratégica –el agua no trasvasable- de 240 a 400 hectómetros cúbicos, cota que hasta el mismísimo José Bono, cuando ejercía de todopoderoso “manchakari”, afirmó no poderse alcanzar “ni en el mejor de los sueños”. Pues bien, si esa reserva de 400 se confirma y se asegura jurídicamente y, al tiempo, se garantiza la sostenibilidad del entorno de los embalses y, por supuesto, el abastecimiento de agua, en cantidad y calidad adecuadas, a la zona de cabecera, no seré yo quien le niegue a la presidenta regional mi reconocimiento por este logro que, aunque el PSOE trate de minusvalorar intencionadamente, sería realmente histórico.

Pero si Cospedal parece que se ha mojado con el trasvase, donde está pisando charcos, prácticamente desde que comenzó a mandar en el palacio de Fuensalida, es en dos materias muy sensibles para la población y que suponen las dos grandes áreas de gestión de la Junta: la Sanidad y la Educación. Es evidente que el PSOE dejó la región al borde del abismo económico y que, si Barreda hubiera vuelto a ganar las elecciones, probablemente hubiéramos dado un paso al frente, a juzgar por el “sostenella y no enmendalla” de los socialistas a favor del déficit y de la deuda pública, o sea, del gastar hoy de prestado y que paguen los que vengan y sus hijos y sus nietos. Cabe recordar que el expresidente del PSOE dejó sin pagar 167.727 facturas, la mayor parte de 2010 y 2011, aunque algunas también de 2009 e, incluso, de 2008. El propio Síndico de Cuentas –un personaje poliédrico, por cierto-, nada más tomar posesión Cospedal, calculó en 2.813 millones de euros la necesidad de liquidez a corto plazo de la Junta, una cifra mareante y que evidenciaba la pésima gestión de Barreda que, a pesar de ello y de ser consciente de que la crisis se agudizaba y era tiempo de prudencia financiera, se empeñaba en vender e iniciar proyectos para hacerse fotos, intencionadamente electoralistas, como la ampliación del Hospital General de Guadalajara y del Campus Universitario del Ruiseñor, cuando no había financiación ni para los cimientos. Pero si Cospedal heredó una economía con más agujeros que un queso Emmental –el Gruyère tiene la fama y el Emmental los agujeros y se ha visto obligada a hacer políticas drásticas de ajuste, bien es verdad que éstas se han hecho, a veces, como en el caso del intento de cierre de algunas urgencias en los Puntos de Atención Continuada, con escasa oportunidad política y con más que dudosa seguridad jurídica, hasta el punto de que los tribunales, a instancias de los pueblos afectados, algunos de ellos del PP, han paralizado ese intento. Este traspiés judicial ha supuesto que el Consejero de Sanidad, el alcarreño de Valladolid y avecindado en Madrid, José Ignacio Echániz –a quien aprecio personalmente, pero creo que se está equivocando, más en las formas que en el fondo-, se haya dejado unos cuantos pelos políticos en la gatera, a sumar a los que se suele dejar por sus, a veces, inadecuadas, extemporáneas y agresivas declaraciones públicas, en una sobreactuación política gratuita, más cerca del histrionismo que de la verdadera eficiencia, no sólo eficacia, a las que tanto se apela desde todo el gobierno regional, como si de un latiguillo justificador de tijeretazos se tratara. Aunque es aplicable a gran parte del gobierno de Cospedal, creo que Iñaki Echániz se lo tiene que hacer mirar: una cosa es un gobierno serio –y éste parece que lo es- y otra bien distinta es un gobierno antipático.

Como decía, la crisis económica está condicionando, sobremanera, al gobierno de Cospedal y le está obligando a hacer recortes de gasto e inversión que apenas le dejan margen de maniobra para vender su gestión, porque es imposible sacar provecho político de lo que no se hace o de lo que no se mantiene, aunque sea porque no se puede. Si al desgaste de los recortes unimos que la sangría del paro continúa –en mayo de 2011 había 212.000 parados en la región y dos años después hay 268.000-, parece evidente que, salvo que cambien significativamente las circunstancias en los próximos dos años, especialmente la creación de empleo, el PP va a tener complicado revalidar su mayoría absoluta en la región en 2015, aunque hay dos elementos que van a jugar a su favor: el desgaste que el PSOE también está teniendo en la oposición y la anunciada reducción del número de escaños en las Cortes regionales, hecho que, aplicando la Ley D`hont en la adjudicación de actas de diputados electos, suele beneficiar a los dos partidos mayoritarios. A pesar de ello, es más que posible que en la próxima legislatura haya más de dos grupos políticos representados en el parlamento regional y que, incluso, sean cuatro, con la casi segura llegada de IU, a costa del PSOE, y la probable de UPYD, a costa de PSOE y de PP. Pero dos años dan para mucho en política y lo que hoy es azul, mañana puede ser rojo, verde, roji-verde o, incluso, tener algún tinte magenta… “Time to time”, que dirían los ingleses. Tiempo al tiempo, sí.

Para terminar este post, no quiero dejar de reflejar una llamativa circunstancia: a pesar de que el PP ganó las elecciones regionales gracias al excelente resultado que obtuvo en la provincia de Guadalajara, echo de menos un mayor compromiso de la Junta con esta provincia, aún en el tiempo de recortes que toca. Un ejemplo: por fin se van a reactivar algunas obras de carreteras y de la prometida (¡ya por Bono y para estar terminada en 2008!) “Autovía de la Alcarria”, nada se sabe, como tampoco hay plazos para reanudar las obras del Hospital, muy necesarias pues el actual está más “enfermo” que algunos de los pacientes ingresados en él. Y un dato revelador, o de la poca estima que le merece a Cospedal la militancia del PP de Guadalajara o de la poca estima que ésta objetivamente merece o de la mucha más que merecen las militancias de otras provincias: sólo cinco de los ochenta altos cargos de la Junta son de Guadalajara (un consejero, una viceconsejera y tres directores generales) y los diputados regionales por esta provincia, tienen escaso peso dentro del Grupo Parlamentario Popular. Ahí queda el dato.

 

 

 

Dos años por detrás y dos por delante

            Dentro de este mismo mes de mayo, exactamente el día 22, va a hacer dos años que se celebraron las últimas elecciones municipales y autonómicas, que supusieron un notable avance del Partido Popular, tanto en el gobierno de ayuntamientos como de diputaciones y comunidades autónomas, antesala de la mayoría absoluta que Mariano Rajoy alcanzó, cinco meses después, para acceder al gobierno de España, al tercer intento, por cierto.

             Estamos, pues, ante el ecuador de los actuales mandatos en los ámbitos locales, provinciales y autonómicos y, por tanto, es tiempo de hacer balance y, con todo el riesgo y la dificultad que entraña, de anticipar lo que pudiera ocurrir dentro de dos años, cuando haya nueva llamada a las urnas para renovar ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas; pero, un año antes de la celebración de las autonómicas y locales de 2015, o sea, dentro de un año, habrá otra cita, las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, en las que, como suele ocurrir, los electores tendrán muy probablemente en cuenta que Bruselas y Estrasburgo quedan todavía muy lejos –aunque cada vez estén más cerca- y que quien manda realmente en Europa es Ángela Merkel, para muchos no ir a votar –la abstención en este tipo de comicios siempre es más alta que en el resto- o para hacerlo en negativo: es decir, aplicar doble dosis de castigo a quienes gobiernan o a quienes lideran vacilantes la oposición, si es que los ciudadanos no están demasiado satisfechos ni con unos ni con otros, valoración que, al menos así lo parece, es la que asume en el tiempo político actual un amplio sector de la población.

Hacer un balance generalizado de la situación política actual y futura de los ayuntamientos es una tarea compleja y que, fácilmente, lleva al equívoco porque cada pueblo, cada ciudad es un mundo singular y las circunstancias particulares de los municipios, especialmente la estima y consideración que los ciudadanos tienen a sus propios alcaldes y concejales, priman sobre las valoraciones de carácter general, sobre todo en los ayuntamientos de menor población, donde se vota más a los candidatos a alcalde que a los partidos por los que se presentan. No obstante, en el actual contexto de acusada crisis, y como ya ocurrió también en las elecciones de hace dos años, la turbulenta situación política, social y económica nacional influirá, de seguir así o parecida, en las próximas municipales, poniendo contra las cuerdas a algunos buenos gestores y llevándose por delante a los regulares y, sobre todo y con justicia, a los malos. El desgaste en estos tiempos para quienes ocupan el poder o no ejercen una buena oposición es de lija del 40.

Mi pronóstico, a dos años vista y sin descontar lo mucho que en ese tiempo que queda aún puede ocurrir y las singularidades de cada municipio, es que, sobre todo en los ayuntamientos de mayor tamaño, van a perder apoyos los dos principales partidos españoles, PP y PSOE, especialmente donde gobiernen, y a costa de su desgaste van a crecer IU, UPYD y candidaturas “independientes” de variado signo, etiqueta que resulta especialmente atractiva cuando las opciones tradicionales sufren un acusado desgaste y sus alternativas, también tradicionales, no terminan de convencer. En la teórica independencia se pueden aglutinar muchas sensibilidades y refugiar muchos desencantos.

Respecto a las diputaciones, al ser instituciones que se eligen en segundo grado, pronosticar resultados a dos años vista sería, directamente, jugar a la ruleta, si bien, precisamente porque sus corporaciones se elijen en función de los resultados que se dan en los ayuntamientos, sumados los votos habidos en las elecciones de todos ellos y asignados los escaños en función de los resultados obtenidos por cada partido político y los diputados provinciales que corresponden a cada partido judicial –en el caso de nuestra provincia: 15 al de Guadalajara, 6 al de Sigüenza y 4 al de Molina-, es evidente que las tendencias políticas que he apuntado para los ayuntamientos, también condicionarán la distribución de fuerzas resultante en las diputaciones. En todo caso, parece evidente que van a verse mermadas las mayorías absolutas en muchas diputaciones, que pueden cambiar los tradicionales equilibrios y que es probable que aparezcan nuevas opciones políticas en ellas, lo que obligará a llegar a acuerdos de gobierno, algo saludable si se suman fuerzas y voluntades y se pactan programas de interés general, pero tóxico si lo que se pacta son sólo cargos y sueldos. Y es que hay mucho pirata, aunque bien es verdad que no sólo en política. Y mucho bucanero. Y no pocos filibusteros.

Por cierto, hablando de las diputaciones, aún con el grato recuerdo, muy vivo y presente, de la reciente conmemoración del bicentenario de la de Guadalajara, aprovecho para reivindicar que las corporaciones provinciales sean elegidas directamente por los ciudadanos, en primer grado, lo que las acercaría al conocimiento y la voluntad de los electores y permitiría que se premiaran o castigaran las gestiones de sus máximos responsables y no las de los ayuntamientos.

Y, como decían Tip y Coll, la próxima semana hablaremos del gobierno… regional. O de lo que me venga en gana, que ya sólo faltaría que, a mis 51 años y con la bolsa escrotal negra del humo de mil batallas, me digan de lo que tengo que escribir o hablar y, lo que es peor aún, lo que tengo que opinar. El gran Ortega y Gasset decía, contemplando y admirando la estatua yacente de El Doncel de Sigüenza, que “en España, casi todo lo grande, es anónimo”; pero, digo yo, que no le alcanzo a Ortega ni a la suela de sus zapatos, que también hay mucha cobardía, mucha vileza interesada y mucha pequeñez que se esconden en el anonimato. La verdad no necesita heraldos, se anuncia y proclama sola. Y mira de frente.

 

Con trabajo y economía se enriquecen los pueblos

            Hoy, 25 de abril de 2013, se cumplen, exactamente, doscientos años de la constitución de la “Diputación Provincial de Guadalaxara con Molina”, nombre literal que adoptó la primera corporación provincial al unir, en una sola Diputación, los antiguos territorios de los comunes de villa y tierra de Guadalajara y su entorno más próximo en dirección al Este (Hita, Uceda, Brihuega, Cifuentes, etc.) con el del Señorío de Molina, siguiendo el entonces reciente mandato de la primera Constitución española, la de Cádiz de 1812, que en su artículo 325 determinaba que “en cada provincia habrá una diputación llamada provincial”. Hasta veinte años después, en 1833, con un decreto del Ministro de Fomento de Isabel II, Javier de Burgos, no se cerrarían los actuales límites de las provincias españolas; de hecho, cuando nació la Diputación de Guadalajara con Molina, los límites provinciales variaban, respecto a los actuales, en el oeste y el sur de la provincia: al noroeste, las tierras de Buitrago y Lozoya pertenecían a Guadalajara, mientras que al suroeste, el entonces llamado “partido de Almonacid” pertenecía a Madrid y las tierras al sur del Tajo (zona de Sacedón y parte de la de Cifuentes), dependían en aquel momento de los partidos de Huete y Cuenca.

La constitución de la primera corporación de la Diputación de Guadalajara no pudo celebrarse en la capital de la provincia, entonces ocupada, como gran parte de ella, por las tropas napoleónicas; ante esta tesitura, los primeros diputados provinciales se dieron cita en Anguita, un pueblo que estaba a caballo de las antiguas tierras de Guadalajara y sus villas de influencia mendocina, del Real Señorío de Molina y del Señorío Episcopal de Sigüenza, que eran los tres grandes territorios que iban a sumarse en esa Diputación naciente; pero, sobre todo, Anguita era un enclave estratégico porque tenía fácil acceso para quienes debían allí reunirse y formar la primera Diputación, al tiempo que mejor retirada por si tenían que salir huyendo ante un eventual ataque de las tropas francesas. Así nació, pues, la “Diputación Provincial de Guadalaxara con Molina”, con los franceses guerreando por casi todo su territorio y con el rey Fernando VII –llamado “El Deseado”, mientras España estaba invadida por los gabachos y el residía en el castillo de Valençay, luego apodado “El Felón” al tratar de dejar en papel mojado “La Pepa”, a pesar de haberla jurado- intentando volver, una y otra vez, como la burra al trigo, al Antiguo Régimen absolutista pre-constitucional, lo que supuso que nuestra Diputación, y las pocas que entonces se habían constituido ya, quedaran suprimidas en dos ocasiones, hasta que a partir de 1835 fueran ya restauradas definitivamente, llegando hasta nuestros días, aunque con muy distintos grados de competencias y recursos.

El primer presidente de la Diputación de Guadalajara fue Guillermo de Vargas y Ximénez de Cisneros, que también ocupó el cargo de Jefe Superior Político de la provincia, equivalente al de Gobernador Civil, o sea, el entonces máximo representante del Estado en el territorio. Desde 1813 y hasta 1868, en que Diego García Martínez fue elegido presidente de la Diputación por los propios diputados provinciales, los presidentes no fueron electos, sino designados por el Gobierno, con lo cual la autonomía de acción de las diputaciones en su primer medio siglo de existencia fue prácticamente nula, limitándose a ser correas de transmisión del propio gobierno de la nación, más que por contribuir al desarrollo de los pueblos, como era la razón básica de su nacimiento, para controlarlos políticamente, en una larga etapa realmente convulsa, primero por la invasión francesa y, después, por las sucesivas guerras carlistas, así como por los períodos absolutistas y liberales que se fueron alternando y condicionando toda la vida política española en ese tiempo, incluido su desarrollo constitucional –entre 1812 y 1869, se aprobaron cinco constituciones, las del 12, el 34, el 37, el 45 y el 69- y, por ende, la actividad y capacidad de acción de las diputaciones.

En esta efeméride del bicentenario de la Diputación que hoy se conmemora, cabe recuperar el nombre de los que fueron los siete primeros diputados provinciales electos de Guadalajara con Molina: Baltasar Carrillo, Fernando García del Olmo, Francisco Hernández de Vargas, Félix Herreros, José López Santa María, Joaquín Montesoro y Ventura de Zubiaur. Como diputados provinciales suplentes acudieron a Anguita, esa histórica jornada del 25 de abril de 1813, Manuel Sabroso, Patricio Sanz Pinilla y Pedro José de Ybarrola. Aunque no dispongo del dato de la procedencia de todos y cada uno de esos diez diputados provinciales, sí está confirmado que García del Olmo procedía de Alcolea, Herreros de Iriépal, López Santa María de Sigüenza, Montesoro y Sanz Pinilla de Alustante, y Sabroso de Jadraque. Al menos dos de estos diez diputados provinciales constituyentes eran religiosos: Herreros, párroco de Iriépal, y López Santa María, canónigo de Sigüenza. Aunque el primer secretario titular de la Diputación de Guadalajara con Molina fue Diego de Mangirón, quien hizo de Secretario interino en la reunión de Anguita fue Juan José López-Merlo, acudiendo también a la cita constituyente el Intendente de la provincia (una especie de Delegado de Hacienda, al tiempo que de máximo responsable de las reales Fábricas de Paños), José López Juana Pinilla.

Como no podía ser de otra manera, hoy tocaba un guiño historicista a este post dado lo que se conmemora en la fecha en la que está escrito: el bicentenario de la “Diputación Provincial de Guadalaxara con Molina” o, lo que es lo mismo, el nacimiento de una institución que, desde ese 25 de abril de 1813, con muy distintos avatares, lleva trabajando por los pueblos de esta provincia de pueblos, mayoritariamente pequeños y muy pequeños, que la necesitan, como un hijo a una madre, para poder seguir teniendo un mínimo de servicios y de calidad de vida. Y es que la Diputación es y debe ser, cada vez más, el gran Ayuntamiento de los pequeños Ayuntamientos. Bien está celebrar el bicentenario y además con dignidad e ilusión, pero, una vez desmontados los estrados de los actos protocolarios, toca volver a arremangarse y reanudar el tajo, asumiendo como leit motiv de ese trabajo el lema con el que los arquitectos Marañón y Aspiunza presentaron, en 1880, el proyecto que resultó ganador en el concurso convocado para construir el Palacio de la Diputación Provincial: “Con trabajo y economía se enriquecen los pueblos”. En el tiempo actual, desgastado el verbo “enriquecer” por la codicia de algunos, sustitúyase por el de “progresar” y renuévese el compromiso de la Diputación con los pueblos y las gentes que más la necesitan. Si no, sólo será historia.

Molina se mueve

Han leído bien, sí, el titular de este post es “Molina se mueve” y no “Molina se muere”, algo que lleva ocurriendo desde hace muchas décadas e, incluso, desde hace siglos, pues la tierra molinesa, a pesar de haber sido un importante reino taifa en la España musulmana y, después, un condado señero en la España reconquistada y un Real Señorío independiente de las coronas de Castilla y Aragón desde 1138 –el actual Rey de España, entre sus títulos oficiales, sólo conserva dos Señoríos: el de Vizcaya y el de Molina-, hace tiempo que vivió su mejor hora y ya se cuenta, no sólo por décadas, sino incluso por siglos, el largo tiempo en que lleva perdiendo población, actividad socio-económica y peso político –no olvidemos que en las Cortes constituyentes de Cádiz hubo un diputado por Molina, Ramón López-Pelegrín, aunque tras ellas se abolieron los señoríos jurisdiccionales y se crearon las diputaciones, incorporándose el territorio de Molina a la de Guadalajara-.

MolinacencerradaMuchas y variadas han sido las causas que han llevado a la comarca molinesa a esa regresión histórica a lo largo del tiempo, gran parte de ellas de carácter bélico, con lo que de muerte y devastación conllevan. Y es que el señorío molinés ha sido campo de batalla continuo desde la llamada “Guerra de los dos Pedros” (El I de Castilla y el IV de Aragón, en la segunda mitad del siglo XIV), a la “Acción de Rueda” (un siglo después, en la que Molina mantuvo su fuero frente a Beltrán de la Cueva, pero pagó caro por ello), la “Guerra de los 30 años” (ya en el siglo XVII), la Guerra de Sucesión (principios del XVIII), por supuesto la de la Independencia contra los franceses (principios del XIX), las “Guerras Carlistas” del XIX y la Guerra Civil del XX. Batallitas aparte –nunca mejor dicho-, y aunque han sido muchas las circunstancias históricas, socio-políticas y económicas que han jugado en contra de los intereses de Molina y su tierra a lo largo de la historia, la que más ha afectado al tiempo presente es la crisis agraria de la segunda mitad del siglo XX, que implicó una emigración masiva de las áreas rurales a las urbanas y que supuso que el Señorío de Molina perdiera, en apenas tres décadas, más de la mitad de su población, que actualmente apenas supera los 8.000 habitantes, dándose los significativos datos de que menos de veinte pueblos del casi centenar que hay en la comarca superan actualmente los cien habitantes –y sólo uno de ellos, el propio Molina de Aragón, el millar- y que la densidad demográfica es inferior a tres habitantes por kilómetro cuadrado.

Habiéndose puesto así de difíciles las cosas en las últimas décadas para Molina y estando agravándose aún más con la actual crisis económica que está acarreando el cierre de empresas, en una tierra en la que apenas las hay, la destrucción de empleo, en una comarca en la que el sector primario aún representa casi el 30 por ciento de la población activa, y un progresivo recorte de servicios públicos –especialmente en materia de sanidad, educación y servicios sociales- que hacen aún más difícil vivir allí, como al “olmo seco, hendido por el rayo y en su mitad podrido” de Machado, algunas “hojas verdesle están saliendo a Molina en esta primavera, en forma de actividad de sus movimientos asociativos, como la realizada por la plataforma “La Otra Guadalajara”, que lleva ya unos cuantos años reivindicando todo lo reivindicable para Molina –el martes, 16, apoyaron la justa queja para que se resuelva la huelga del transporte escolar en la comarca, que ya dura más de un mes-, haciéndose útil para los ciudadanos pero incómoda para los políticos y las administraciones públicas, como es la obligación de un colectivo que quiere ser la voz de una tierra dolida. En el mismo ámbito del asociacionismo, igualmente es destacable la labor que está realizando “Tierra Molinesa”, una asociación cultural que también es voz de la conciencia de los molineses y que el día 18 de abril entrega sus V Premios a Emprendedores Molineses, poniendo el acento en el emprendimiento, un valor absolutamente imprescindible para reactivar Molina, por lo que de creación de empresas y generación de empleo conlleva. Y aunque son muchas las asociaciones de carácter social y cultural que, en el propio Molina y en muchos pueblos de la comarca, están en marcha, de entre todas ellas quiero destacar la Asociación de Amigos del Museo de Molina, que está haciendo una labor impagable, poniendo en valor la riqueza de los recursos histórico-artísticos y naturales de la comarca molinesa, tan ricos y diversos como infravalorados hasta ahora para generar en torno a ellos empresa y empleo, especialmente en el sector servicios. A este respecto, me alegra saber que el Ayuntamiento de Molina está haciendo gestiones para reabrir “La Subalterna”, un hotel rural con verdadero encanto que lleva cerrado muchos años, por la incompetencia y desidia de algunos, y cuyo cierre a cal y canto dejaba con el faldón levantado a Molina en su justa y necesaria reivindicación de que allí se construya un Parador Nacional porque, si ni siquiera es viable un pequeño hotel rural, cómo lo va a ser un Parador. Por cierto, Don Ramón Aguirre, exdiputado (“paracaidista”) por Guadalajara y actual presidente de la SEPI: lo prometido es deuda y espero que pronto haya novedades (y positivas) en el proyecto del Parador molinés.

Y, para terminar, otra buena noticia molinesa: el pasado viernes se presentó en Santa María del Conde una magnífica edición del histórico “Fuero de Molina”, de la que es autora la profesora de la UAH, Dolores Cabañas, un trabajo de investigación y divulgación que no se hacía desde 1916. Este Fuero fue el que reguló la convivencia de los molineses desde el siglo XII y es letra y espíritu de su Derecho local histórico y recopilación de sus “fazañas”, o sea, la forma en que en Molina se acostumbraba a resolver pleitos, a otorgar derechos e imponer tasas y sanciones, eliminando las decisiones meramente episódicas. Como ya dije en otra ocasión: el singular pasado de Molina es, sin duda, uno de los principales recursos en los que puede cambiar su presente y asentar su futuro. Pero el movimiento se demuestra andando y si Molina no emprende, que nadie espere que emprendan por ella.

 

Un (presunto) golfo en el Golfo

            No es que sea yo, precisamente, un entusiasta de la monarquía como sistema de estado, pero reconozco que Juan Carlos I se ha ganado mi respeto como jefe del estado español, por su decisiva contribución a que nuestro país sea irreversiblemente democrático cuando muchos han procurado que no lo fuera a lo largo de casi toda su historia, especialmente sus reyes. Y si me merece respeto el Borbón de nuestro tiempo, he de decir que también me merece simpatía e, incluso, cierto afecto comprensivo, sobre todo desde que hemos sabido públicamente lo que se rumoreaba privadamente: que le gusta cazar de todo, desde elefantes en Botswana a conejos allá donde salten, especialmente entre sábanas. Y con ello no es que pretenda hacer elogio de los desenfrenos sexuales del monarca, bien al contrario, porque han sido (presuntamente) adúlteros, sino que al ser públicos le hacen bajar bastantes peldaños del pedestal y acercarse aún más a los comunes de los mortales, por su ahora conocida debilidad humana, al menos a la altura de la bragueta, en contraste con el vínculo divino atribuido a las monarquías en su mismo origen, absoluto y absolutista, por supuesto.

Es de sobra conocido que en España hay mucho liberal sólo de cintura para abajo, aunque no parece ser el caso del Rey; pero si quien le precedió en la jefatura del estado y sentó en el trono, Francisco Franco, fue “generalísimo”, Juan Carlos I bien podría pasar a la historia como el “liberalísimo” o mejor, el “libérrimo”, porque ha sabido compaginar el liderar bien a su pueblo y ser el primero en hacerle marchar tanto tiempo por la senda constitucional –al contrario de su antepasado, el rey “felónFernando VII, perjuro y enemigo declarado de “La Pepa”-, con hacer lo que le ha salido de sus mismísimos en su vida privada, algo, repito, que no es para aplaudirle porque mientras él ha gozado otras y otros han sufrido, pero sí para comprenderle, puesto que se ha demostrado que su sangre no es azul, sino roja, y, sobre todo, caliente, como la de muchos y muchas españolas. Y es que en España, aunque tengamos la envidia por el primero de nuestros pecados capitales autóctonos, la lujuria no le anda a la zaga…

Ironías aparte, mucho lamento, por la inestabilidad institucional que supone para España y el deterioro de su imagen internacional en una momento crítico como el actual, la situación en la que se ha visto envuelta la monarquía española, no sólo por los tiros y tiritos que haya pegado el monarca, sino porque una Infanta de España, Cristina de Borbón y Grecia, séptima en la línea sucesoria de la Corona, está imputada desde hace unos días por ser “cooperadora necesaria” y/o “cómplice” de su marido, Iñaki Urdangarín, que, por su parte, hace ya más de un año que está imputado por el “Caso Nóoscomo presunto autor de los delitos de  prevaricación, tráfico de influencias, falsedad documental, fraude a la administración y malversación, que no son moco de pavo penal precisamente.  Aunque la presunción de inocencia es un principio básico de cualquier justicia democrática que se precie, mucho me temo que al Duqueem-palmado” –su calentón no es borbónico de sangre, pero como “si lo sería”, como dirían sus paisanos vascos- le han pillado con el carrito del helado, o sea, pegando palos a todos los que se han dejado, que, por lo visto hasta ahora, han sido muchos y con el dinero de todos, y va a ser muy difícil que salga bien librado del proceso judicial en el que está inmerso pues la carga de las pruebas que pesan sobre él es mucha. Pero acabe ese proceso como acabe, el daño causado por Urdangarín a la Casa Real y a la Infanta Cristina me temo que serán ya irreparables, incluso aunque, finalmente, ésta deje de estar imputada, como ha solicitado el fiscal en contra de la tesis que mantiene el juez instructor, en un poco frecuente caso de inversión de papeles habituales entre jueces y fiscales.

Y, como no podía ser de otra manera porque la cabra siempre tira al monte, en este río revuelto en el que anda metido nuestra monarquía, cada vez son más los pescadores anti-monárquicos que están lanzando sus buitreras cañas para intentar pescar la III República española; otra cosa es que, si quiera, esté ese pez en el río porque no todos los peces se pueden pescar en cualquier río, por muy revuelto que esté. Y es que los españoles, sin necesidad de leyes ad hoc, tenemos buena memoria. Bueno, la verdad, no siempre.

¡Y a Urdangarín, ya le vale, ya…! Por mi, que se vaya, y bien pronto y para mucho tiempo, al Golfo Pérsico a ganarse honradamente la vida como ayudante del nuevo seleccionador del equipo de balonmano de Qatar, que va a ser el hasta ahora seleccionador español, el gran Valero Rivera, y que, según se ha confirmado, le ha ofrecido ese puesto, lo que permitirá al, todavía, marido de la Infanta poner tierra de por medio con España, como en su día ocurrió cuando se fue a Washington, no por casualidad, sino por causalidad: ya la había hecho y tenía miedo a tener que pagarla. Pues que cobre en Qatar, pero que la pague en España, si es que así lo dictaminan los jueces en sentencia firme cuando toque, que espero que sea pronto, porque como dice una máxima legal “justicia retrasada, no es justicia”. Así pues, que el (presunto) golfo se vaya al Golfo. Pérsico.

Tras las tinieblas, la luz

        Dice un refrán muy conocido y usado, no sólo en esta refranera tierra de Castilla, que “Después de la tempestad viene la calma”, y así es, porque no hay tempestad, ni mal –ni mucho menos bien-, que cien años dure; es más, la “tempestad” a la que hoy me refiero -en sentido figurado, obviamente-, la Semana Santa, ha durado realmente cuatro días, comenzando el Jueves Santo y acabando el Domingo de Resurrección, en diez comunidades autónomas, entre ellas Castilla-La Mancha, e iniciándose el Viernes Santo y concluyendo el Lunes de Pascua, para los de las otras siete. La España “asimétrica”, hasta para conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo

    La “tempestad” a la que me refiero y que acabamos de dejar atrás, nada tiene que ver con una gran tormenta marina de esas que hacen temblar hasta el misterio y que, probablemente, están en el origen del refrán, sino que se trata de ese tiempo de Semana Santa en el que viajan más personas que en ningún otro momento del año, inclusive el verano, porque el verano es muy largo y tiene muchas semanas, mientras que la Semana Santa, a efectos vacacionales, no tiene ni una semana de duración, aunque parezca un contrasentido; lo dicho, son cuatro días…

  Cuatro días en los que mucha gente, tenga raíces directas o no en los pueblos, acude masivamente a ellos, sin duda buscando el entorno justamente contrario al que habitualmente vive –ahí radica una de las motivaciones básicas que incitan al hombre a viajar y vacacionar- y tratando de disfrutar de las virtudes que el medio rural reúne, que no son pocas, y que podrían resumirse sólo en dos: sosiego y singularidad. Si a la tranquilidad y el tipismo que casi siempre ofrece el medio rural se les une el valor de las raíces y de la familiaridad que muchos tenemos en él, queda perfectamente justificado el hecho del trasiego masivo de gentes de la ciudad a los pueblos que se dan todas las semanas santas y que en ésta no ha sido excepción –se calcula que entre el Domingo de Ramos y el Lunes de Pascua ha habido 13 millones de desplazamientos-;  empero, la meteorología se ha aliado más con los que han optado por la vacación en la costa mediterránea o en Canarias que por los que se han inclinado por el interior de España, en ciudades o pueblos, igual da, pues la lluvia ha sido una constante, dando una mínima tregua al sol únicamente en Sábado Santo.

Precisamente, si hay un día de Semana Santa en el que la gente se mueve más que los precios, ese es el Sábado. Dado que Jueves y Viernes Santo y el Domingo de Resurrección, son días de fiesta cristiana mayor, con sus oficios, sus procesiones y demás actos rituales propios de estas fechas –en esta materia, recomiendo encarecidamente leer el post actual, y los que le preceden, en el hilo del blog en GD de mi compañero y amigo, José Ramón López de los Mozos, uno de los que más saben de costumbres y tradiciones populares de Guadalajara, como ha reconocido públicamente hasta el gran folclorista castellano, Joaquín Díaz-, el Sábado Santo, huérfano de eventos hasta la Vigilia Pascual, que se celebra ya en la transición al domingo, se ofrece como el día de la vacación por excelencia en medio del conjunto de la vacación de Semana Santa. Y, claro, así no nos puede extrañar que vayamos a cualquier sitio – a Patones de Arriba, por ejemplo-, buscando el sosiego y la singularidad de un pequeño pueblo serrano de arquitectura negra –en el caso de Patones, renacido de sus ruinas para ser tuneado y puesto a la carta para los “turistas”- y te encuentres con una caravana de coches más larga que la que se forma cualquier día en La Carrera por la tarde y con más gente que en el Metro en hora punta. O sea, las turbas de la ciudad trasladadas al medio del campo, avasallándolo, y formando una procesión, no de capirotes y pasos, sino de urbanitas abarrotando cuestas y costanillas soladas con lajas de pizarra y campos salpicados de matas de jara, romero, cantueso e hisopo, acobardadas ante el aluvión sobrevenido. No es esto, no es esto. ¡Claro que también a quién se le ocurre ir a Patones y, encima, en Sábado Santo…! Eso es llevar la penitencia con el pecado.

Aunque el medio rural suele ser muy hospitalario porque hace tiempo, mucho tiempo, que enfermó de soledad, estoy convencido que le sienta mucho mejor la calma llegada el Lunes o el Martes de Pascua que la “tempestad” pasada. Y es que, como dice otro certero y sinónimo refrán al del inicio de este post, y muy propio de estas fechas, “tras las tinieblas viene la luz”.

 

 

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