Las Ferias de hoy, ayer y siempre

 

            Las Ferias de Guadalajara han cambiado más entre la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI que desde que Alfonso X concediera a la ciudad, en 1260, el “Privilegio Real” de la celebración de dos ferias: unas se celebraban en primavera, “durante los 11 días siguientes a la Pascua de Quincuagésima”, y otras en otoño, exactamente “ocho días antes y ocho después de San Lucas”, o sea, en la segunda mitad de octubre. Aquellas primigenias ferias de otoño han ido moviéndose en el calendario, casi siempre adelantándose en busca de un tiempo más bonancible, hasta llegar a celebrarse, como ocurre ahora y desde hace ya unos años, a finales de verano. Por seguir haciendo un guiño historicista a las ferias de la capital, cabe recordar que, gracias a la cédula que en tal sentido expidió Felipe V en 1707, Guadalajara mantuvo el privilegio de celebrar dos ferias al año, las de primavera, en marzo, exactamente el “día del Ángel de la Guarda”, primero de mes, y las de otoño, casi ya en diciembre, el día 25 de noviembre, festividad de Santa Catalina.

Decía que las Ferias de Guadalajara han cambiado mucho en las últimas décadas, y no sólo de fecha de celebración, y creo que decía bien porque durante casi siete siglos, las de la capital eran ferias puras y duras, concretamente de ganado, que se completaban y complementaban con ofertas puntuales de ocio, comida y bebida para dar satisfacción a las personas que acudían a mercadear en torno a la feria ganadera. Desaparecida la feria de ganado, bien entrado el siglo XX, ésta fue sustituida, a principios de los años sesenta, por la llamada “Feria de Muestras del Comercio y la Industria”, que organizaba la Cámara de Comercio, con años de especial éxito de expositores y público cuando se celebraba en los terrenos que hoy ocupa el magnífico parque de Adoratrices y que, durante tres décadas, las dos últimas del XX y la primera del XXI, tras dejar de celebrarse allí la “Feria de Muestras”, fue el recinto ferial de la ciudad, hasta que éste se desplazó al nuevo recinto al otro lado de la A-2, junto al Centro Comercial Ferial Plaza y El Corte Inglés. Aunque muchos no lo sepan o no hayan caído en ello, el nuevo ferial se localiza en la oficial y adecuadamente llamada “Avenida del Ocio”, pues allí se concentra la mayor oferta comercial, recreativa y de servicios de hostelería de toda la ciudad, no sólo en ferias, sino durante todo el año.

De las originarias ferias de ganado que desde el siglo XIII se celebraban en Guadalajara, se pasó a las llamadas “ferias y fiestas”, denominación que se mantiene en la actualidad, si bien el concepto de feria ya no lo aporta una cita comercial específica anual, y menos aún de ganado, sino las atracciones lúdicas y recreativas que se instalan en el recinto, complementadas por una amplia oferta de puestos de restauración, eufemismo que quizá le venga un poco grande a los típicos puestos de chorizos, morcillas y demás viandas “colesteroleras” que, esos sí, siempre han estado en nuestras ferias, fueran de ganado, de “Mielitos” –ese riquísimo trigo hinchado y endulzado con miel que se producía en Humanes, dignísimo antecedente de los americanos “Kellogs”, y producto estrella de las viejas “Ferias de Muestras”- o de tómbolas, tiros, “güitomas”, caballitos, barcas, norias, coches de choque y demás cachivaches y atracciones que reinan, desde hace ya décadas, en el recinto ferial, supliendo a las mulas, los bueyes, las ovejas y las cabras, para cuyo mercadeo concedió su privilegio a la ciudad el rey “Sabio”. Incluso hubo un pregonero que, festiva pero atinadamente, se atrevió a decir desde el balcón del Ayuntamiento en la plaza Mayor de la ciudad que la “sabiduría” le vino reconocida a Alfonso X, no por sus valiosas aportaciones a las primeras fuentes del derecho español, ni al juego del ajedrez, ni a la literatura y a otras artes, que fueron muchas, sino por haber concedido a Guadalajara ese “privilegio” de celebrar, no una feria, sino dos. Ese pregonero fue y es un excelente periodista y un gran amigo, Santiago Barra.

Aunque a quienes no lo hayan vivido, bien por razones de edad, bien de avecindamiento, les cueste creerlo, hasta 1978 las ferias de Guadalajara se celebraron en el parque de la Concordia, emplazamiento que sucedió al paseo de las Cruces y a la plaza de Santo Domingo. La verdad es que las ferias en la Concordia tenían un encanto muy especial, alternándose cachivaches y puestos entre la abudante vegetación del parque, pero hizo muy bien el entonces alcalde, Agustín de Grandes –por iniciativa de ese extraordinario concejal de parques y de cementerio que fue Francisco Borobia-, llevándoselas a Adoratrices, porque la Concordia quedaba, año tras año, literalmente arrasada, como hizo muy bien hace unos años el actual alcalde, Antonio Román, llevándoselas a la Avenida del Ocio porque las redes eléctricas y de saneamiento del viejo ferial de Adoratrices estaban ya en un precario peligroso, el polvo y el ruido impactaban muy negativamente en vecinos y visitantes y, sobre todo, porque el solar que ocupaban las ferias durante siete días al año, era un descampado degradado durante los otros 358 días, en vez del bonito parque que ahora lo ocupa siempre, con parking subterráneo incluido.

Lo que nunca ha cambiado ni cambiará es que, cuando acabe, cada uno contará la feria según le haya ido en ella. Ese dicho, que tiene su origen en el éxito o el fracaso de ventas de los feriantes –como hemos dicho, en su día, de ganado, hace ya tiempo que sólo de atracciones y puestos-, sigue siendo plenamente vigente por lo que espero y deseo que todos los lectores de GD encontréis en las ferias próximas a celebrarse motivos sobrados para recordarlas y contarlas con agrado, especialmente los adolescentes, pues nuestras ferias siempre han tenido un componente casi iniciático en los primeros amores.

Biología y biografía de La Concordia

Me parece muy bien que el Ayuntamiento de Guadalajara vaya a invertir 600.000 euros en reparar, reformar y mejorar el Parque de la Concordia como ha anunciado el equipo de gobierno a través del segundo teniente alcalde de la ciudad, mi excompañero y sin embargo amigo, Jaime Carnicero. La Concordia, objetivamente, hace tiempo que demandaba una actuación en él, incluso de mayor calado que la que se va a acometer, pero entiendo que los tiempos no están para hacer lo que se quiere, sino lo que se debe y se puede. Ahora confío en el buen hacer de los técnicos municipales para que el proyecto sea lo más adecuado posible y se actúe de manera eficiente en los problemas más acuciantes del parque que, efectivamente, como ya anunció públicamente Carnicero, radican en la necesidad de mejorar la recogida de aguas pluviales, el drenaje y adecuada compactación de los paseos de tierra, muy afectados por las escorrentías, la mejora de los parterres y las praderas de césped, incluido su abordillamiento, bastante deteriorado en algunas zonas, la aplicación de las nuevas tecnologías a la red de riego automático, la renovación del mobiliario urbano, especialmente los juegos infantiles, y, por supuesto, un tratamiento adecuado de los árboles y arbustos que completan la floresta del parque, reponiendo marras, realizándose nuevas plantaciones y creando nuevos macizos para la plantación de flores de temporada, algo que se está haciendo muy bien en algunas glorietas de la ciudad, especialmente en la Avenida del Ejército. Si el presupuesto diera para ello, o habilitándose uno complementario, creo que también sería conveniente que se renovara la fuente luminosa que está en el eje del parque y que se tratara adecuadamente el entorno de las estatuas que hay en él, incluida su iluminación monumental.

Reconozco mi debilidad personal por el parque de la Concordia, debilidad que tiene su origen en que, desde que nací en 1961, cuando Guadalajara era una cuarta parte de lo que es ahora, siempre he vivido junto a él.  Y a él fui de la mano de mis padres incontables veces cuando era pequeño, allí dejé de ser niño y me hice adolescente mientras correteaba, jugaba a las chapas o leía a Tintín en la biblioteca de préstamo de libros que había junto al kiosco de música, después lo anduve hasta desgastar no pocas suelas de zapato y comer muchas bolsas de pipas, cogido de la mano de alguna chica a la que siempre llevaba al “árbol del amor” que aún pervive cerca de la Mariblanca, en él paseé a mis hijas y las llevé de la mano adonde me llevaron a mi y en él vi otoñar a mi padre mientras caminaba, al tiempo que leía, subrayaba y hasta corregía las erratas del periódico, como si fuera uno más de los miles y miles de exámenes que evaluó en los más de cuarenta años que ejerció de maestro. En La Concordia hay una estatua invisible de mi padre, a la que guiño el ojo y sonrío cuando paso cerca de ella.

Parque_de_la_Concordia_1910Por todo ello y mucho más –como, por supuesto, el hecho de que desde 1999 a 2003 yo fuera el responsable de su mantenimiento y conservación como Concejal delegado de Parques y Jardines de la ciudad-, la Concordia es para mí mucho más que un parque, un sentimiento que, estoy seguro, no es privativo mío por las muchas circunstancias que me vinculan a él, sino que comparten la inmensa mayoría de los habitantes de Guadalajara pues ésta, aunque afortunadamente sea una ciudad con muchas zonas verdes, tiene a la Concordia no sólo como un parque, así en indeterminado, sino como el parque por excelencia, no en vano es el más antiguo –data de 1854-, el más céntrico, el más concurrido y el más emblemático.

Hay una cita de Ortega y Gasset –puede que sea el español más citado, ¡por algo será!- que dice que “el hombre, más que biología, es biografía”. Tomando esa extraordinaria reflexión prestada, creo que la Concordia, más que biología, rica y diversa, es, efectivamente, biografía pues lo han vivido intensamente y asumido como propio todas las generaciones de guadalajareños, desde mitad del siglo XIX, cuando sobre lo que fueron las “Eras Grandes” de la ciudad, entre el Arrabal del Agua y el de Santa Catalina –zona de la actual C/ Nuño Beltrán de Guzmán-, el Paseo de San Roque –también llamado popularmente “Carrahorche”- y la Carrera de San Francisco –así nominada por los alardes a caballo que en ella se celebraban-, nació este parque que fue llamado de la Concordia “en testimonio de la que felizmente reina en esta muy noble y muy leal ciudad “.

Acabo citando a un tal Jesús Orea –al contrario que ocurre con Ortega, a mí solo me cito yo mismo- en un emotivo artículo que publicó el 16 de septiembre de 1987 en su querido y recordado periódico “Flores y Abejas” y que se titulaba “Elogio y nostalgia de La Concordia”: “Todos los niños del mundo deberían tener a la puerta de su casa un parque tan amplio, denso y bonito como La Concordia; incluso, tendría que ser un derecho del niño a añadir a la relación de los que la ONU aprobó en 1959 y a la que, en muchos países, no hacen ni puñetero caso, por cierto”.

 

Gráfico: Planos originales del parque de La Concordia/ Archivo Ayto. de Guadalajara.

Provincia abierta por vacaciones

El “Caso Bárcenas” no ha dado mucho de sí esta semana, a pesar de los empeños del flojísimo secretario de organización del PSOE, Oscar López, en forzar titulares que pueden costarle hasta una querella por calumnias; por otra parte, a UGT de Andalucía le han pillado malversando (presuntamente, of course) fondos públicos al derivar partidas de formación de desempleados a gastos de publicidad y propaganda –siempre va la burra al trigo…-. Y hablando de burras/dinero público y de trigo/propaganda: Arturo Mas se va a gastar más de 100.000 euros en la prensa escrita –es fácil adivinar qué cabeceras se van a llevar la magra- para publicitar la “Diada” catalana del próximo 11 de septiembre y ya se han presupuestado diez veces más, o sea un millón de “pavos”, para la del año que viene, puesto que entonces se conmemorará el tricentenario del triunfo de la dinastía Borbón frente a la de los Austria en la Guerra de Sucesión Española –la Batalla de Villaviciosa fue clave en su discurrir-, que es uno de los hitos históricos en los que se asienta el nacionalismo catalán, por considerar que tuvo unas muy negativas consecuencias para Cataluña, como si para el resto de las regiones de España la llegada del rey de origen francés en 1714 hubiera sido el bálsamo de Fierabrás para todos sus males; por cierto, que habría que revisar el por qué de este hecho, ya que Felipe V, antes de su victoria militar, llegó a acudir hasta las Cortes catalanas, a hablar en ellas en catalán y a pactar con los catalanes,… ¿podrían tener causa esas supuestas negativas consecuencias en algo que éstos después no cumplieron?-; ¡ahí lo dejo! El caso es que el nacionalismo radical, además de endogámico, sectario, centrípeto, aldeano y excluyente suele jugar con la historia a su conveniencia, silencia capítulos, amplifica otros y manipula casi todos. Y acostumbra ser muy caro…

En fin, que yo me proponía escribir hoy un post descargado de política, aunque sólo fuera por evitarme una sudada mental extra en estos días de sofoco agosteño, pero he terminado haciendo caso omiso a lo que se cuenta que Franco aconsejaba a quienes le iban a protestar al Pardo por alguna decisión de sus ministros: “¡haga usted lo que yo, no se meta en política!”, una frase que por su enorme calado merecería haber sido pronunciada de verdad por el “Generalísimo”.

IMG-20130821-WA0000Metido ya suficientemente en política por hoy, la segunda parte de este post la voy a dedicar a escribir de lo que verdaderamente me apasiona, que es mi provincia, especialmente sus zonas rurales, ahora que nuestros pueblos apuran sus últimos días del mes en el que, contrariamente a lo que ocurre durante el resto del año, excepción hecha de Semana Santa y algún fin de semana, la mayor parte de sus casas están abiertas, en sus calles no se escucha el silencio y la soledad no es la única compañera de los mayores que quedan  en ellos, cada vez menos y cada vez más mayores.

Agosto es a Guadalajara lo que el domingo a la semana. Es sinónimo de fiesta, antes de baño semanal en balde con agua soleada y ahora de ducha con agua corriente, pero no pocas veces traída al depósito por camiones de la Diputación porque los manantiales, como las lágrimas de las abuelas, hace tiempo que ya se secaron. Y no hay mayor dolor y desconsuelo que querer llorar y no poder. Como no hay mayor injusticia que ver el agua caída en tu tierra camino de otras de mayor fortuna, mientras tú te quedas con tu secano y tu sed.

Agosto es a los pueblos de la Guadalajara rural, que es la que ocupa un ochenta por ciento de su extensión pero sólo reúne a un veinte por ciento de su población, lo que el canto de los gallos picajosos a las albadas; el final de la noche, la amanecida, ese momento en el que tras una noche de bochorno en un mar de sudor y sábanas arrugadas, una fresca y aliviante brisa se cuela por las ventanas de las alcobas incitando a retomar el sueño y la pereza. En agosto, Guadalajara está de fiesta y es una fiesta total, sin duda porque no hay mayor fiesta que la del regreso y el reencuentro, que la de los pueblos llenos de gentes y además alegres, aunque sólo sea por unos días, porque el silencio y la soledad ya no habrán de faltar los otros once meses del año en los que podría colgarse un gigantesco cartel que gritara a la escarcha, al hielo y al viento solano: “Provincia cerrada por no vacaciones”.

No quiero terminar este artículo sin tratar de ponerle un buen punto y final –aparte mejor, que los finales son tajantes y excluyentes- con un poema del viajero que mejor cantó a la Alcarria, Camilo José Cela, y que por un tiempo hasta se avecindó en ella; gustoso, me consta. Se trata de la “Cancioncilla de los cuatro ríos”, que forma parte del “Cancionero del Viaje a la Alcarria”. Lean y disfruten:

 

Por el Jarama

va un negro toro.

                                               Una señora

                                               y  un caballero.

Muy de mañana

el río es de oro.

                                               Corre la aurora

                                               por el sendero.

El río Henares

lleno de agua.

                                               Un caballero

                                               y una señora.

Negros pesares

y alba la enagua.

                                               Vuele el sombrero!

                                               Cante la alondra!

Pasa el Tajuña

lindando huertas.

                                               Una señora

                                               y un caballero.

Gata garduña

la barbechera.

                                               Marca una hora

                                               sobre el pañuelo.

El río Tajo

como un lebrel.

                                              Un caballero

                                               y una señora.

Ni alto ni bajo:

plomo y cordel.

                                               Sobre el estero

                                               va una amazona.                                

“Poderoso caballero es don dinero” (fin de la cita)

            Para mí, hoy, no es lo mismo decir “se cierra Comillas” que “fin de la cita”, aunque puedan ser dos expresiones sinónimas en la mayoría de las ocasiones en que se emplean, sobre todo si la voz “comillas” se escribe con minúscula. Y digo para mí –o sea, que hago de ello una cuestión personal- porque, como ya dejé dicho en mi post anterior, cerrarse este año Comillas, así, con mayúscula, significa que, bien a mi pesar, se me han acabado las vacaciones disfrutadas en esta preciosa villa castellana vieja y cántabra, a la que renuevo mi afecto y fidelidad, y a la que me propongo el próximo verano volver a volver que, aunque pueda parecer un silogismo más que una redundancia, no es lo mismo que revolver, por mucho que el prefijo “re” indique repetición de la acción a la que precede. Me cito a mi mismo en una de las “125 Luces de Bohemia”: “Sólo se regresa al punto de donde se parte; a los demás sitios, simplemente se va”. Y créanme, cuando fui por primera vez a Comillas tuve la sensación de que regresaba, no de que iba por primera vez.

El lector avisado, que doy por hecho que lo son todos ustedes porque no es fácil que uno despistado se pase por aquí y, menos aún, que regrese, ya habrá intuido que no voy a escurrir el bulto por mi pasado pepero, del que ni reniego ni renegaré –y mi presente, porque mi pensamiento político liberal forma parte del ideario básico del PP aunque algunos de sus dirigentes no se enteren o no se quieran enterar, que es peor-, y que voy a volver a hablar del espinoso tema del “Caso Bárcenas”, que se está enmarañando y comprometiendo a los populares cada vez más y, especialmente, a su presidente, que es también presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Esa ya célebre expresión de “fin de la cita” -sinónima de “se cierran comillas” pero no de “se cierra Comillas”-, pronunciada por Rajoy en voz alta en su discurso de comparecencia ante el Congreso el pasado 1 de agosto, cuando era una acotación al margen escrita para no ser leída, es muy gráfica de la desorientación que, a mi juicio y al de muchísimos más, informan desde hace meses la actuación del PP con el follón que les está montando su “bien pagao” particular, que no es otro que su extesorero, Luis Bárcenas. Porque no me digan que no está bien pagao cobrar más de 18.000 euros al mes, como él cobraba del PP, según demostró ayer El Mundo publicando su nómina de mayo de 2012. Y lo que es peor: no es que 18.000 euros mensuales sea un sueldo obsceno por llevar las cuentas de un partido, que lo es, sino que además demuestra que el señor Bárcenas estaba en esa fecha vinculado contractualmente con los populares, con su alta en la Seguridad Social y todo, cuando Rajoy había afirmado, literalmente, en su comparecencia agosteña que, desde que él era presidente del gobierno –diciembre de 2011-, “Luis Bárcenas no estaba ya en el partido”, manipulando encima la realidad porque, efectivamente, éste había dejado de ser militante a petición propia, pero seguía siendo el empleado que más cobraba de Génova, 13 aunque ya ni si quiera era tesorero, sino simplemente “licenciado” al servicio  de los populares. Cuando de las universidades españolas salen “licenciados” como churros que, o se van directamente al paro o, los que tienen suerte, a trabajar como burros por una beca de 500 euros, que el partido del gobierno pagara 18.000 euros a su “licenciado” Bárcenas clama al cielo. Y más allá.

Creo que Mariano Rajoy es una persona honrada, sensata y cabal; incluso pienso que está siendo un, relativamente, buen presidente del gobierno de España para la difícil etapa que vivimos, y que el tiempo le recompensará aciertos que hasta ahora se le niegan, pero lo que es una verdad como un puño porque está probada es que, si no ha mentido del todo, como mínimo no ha dicho toda la verdad en sede parlamentaria sobre el “Caso Bárcenas”, lo que acabará siendo un lastre muy pesado que minará su credibilidad, disminuirá su moral y la de su tropa y terminará diluyendo el rédito político que pudiera obtener en el futuro, según vaya mejorando la situación económica de España, como parece que va a mejorar si se cumplen las previsiones de la mayoría de los observadores cualificados, FMI, OCDE y UE incluidos.

Y todo este embrollo del “Caso Bárcenas”, que parece un culebrón con más capítulos que “Amar en tiempos revueltos”, se resume muy fácilmente: El PP está metido en un lío colosal por la irregular forma –les competerá a los jueces determinar si, además de irregular, fue ilegal- en que se financió en tiempos pasados y por los sueldos y sobresueldos que se pagaron en su sede.

Hoy se publica en ABC que “Rajoy renovará el PP en otoño tras el caso Bárcenas” y que “él y Cospedal preparan cambios en la estructura que podrían afectar a nombres de la vieja guardia”. Más de la “vieja guardia” que Rajoy hay pocos en el PP y más comprometidos por el “Caso Bárcenas” que él –por acción o por omisión; por hechos, por dichos o por silencios-, tampoco. Y veremos cómo sale de ésta Cospedal, aunque en su favor siempre quedará el hecho cierto de haber sido la primera secretaria general del PP que se enfrentó a Bárcenas y le quitó su poder que, por lo visto, era omnímodo pues, como decía Quevedo, “poderoso caballero es don dinero”.

¡Puesto el pie ya en el estribo con las ansias de…Comillas!

    

Parafraseando a Cervantes, tengo ya “puesto el pie en el estribo con las ansias de…” las vacaciones, que lo de la muerte que decía el autor del Quijote en su frase original no me pone ni siquiera mentarlo. ¡Bicha…!

Si Dios quiere y la gastroenteritis que he pillado a última hora me da una mínima tregua, desde el jueves, 25 de julio, festividad de Santiago, patrón de España pero al que la autoridad civil no le da rango de día festivo, cuando en tiempos era una de las fiestas más esperadas y celebradas en todo el país –por cierto, la hiperactiva Cofradía de la Pasión, con sede en parroquia de Santiago, sigue empeñada en recuperar esta fiesta y ha programado algunos actos en torno a ella-, volveré a Comillas, esa preciosa villa marinera cántabra –a mi me gusta más decir que santanderina, incluso castellana vieja, porque lo de “Cantabria” tiene casi tanto de invento como lo de “Castilla-La Mancha” y otras regiones que nacieron en el famoso “café para todos” de Clavero Arévalo–  que está a caballo entre Asturias y la región cántabra, que es lamida por el mar en buenas playas, como la de la propia villa y, especialmente, la de Oyambre, que forma parque de un magnífico parque natural, que está a los mismos pies de los Picos de Europa, que es punto de paso obligado de la ruta norte del Camino de Santiago, que puede presumir de ser, junto con Astorga, uno de los dos únicos lugares en los que el genial Antonio Gaudí dejó obra fuera de Cataluña -en el caso de Comillas el llamado “Capricho”-, que lucha activamente contra los malos tiempos financieros que corren para hacer revivir su extraordinaria Universidad Pontificia, como referencia del estudio del español para extranjeros, que presenta muchas preciosas postales, entre ellas la espectacular de la campa, infinitamente verde, que se asienta delante del Palacio de Sobrellano, un magnífico ejemplo de la arquitectura ecléctica de finales del XIX, en este caso de estilo inglés, que…

¡Punto y aparte para respirar y quieto parao que veo que ya me he lanzado y no hay quien me pare, porque si siento hasta los tuétanos a Guadalajara, ciudad y provincia, como propias e insustituibles, a Comillas la empecé a querer desde el mismo día que la conocí, hace ya más de diez años, y, si no me echan de allí, que espero que no, seguirá siendo muchos años el referente de mi descanso y de mis vacaciones en familia porque, además, tengo la suerte de que los míos, mejor dicho, las mías- se han quedado también prendados de Comillas, de ese macropaisaje espectacular de suelo verde y cielo azul que envuelve a uno de los pueblos marineros más monumentales y bonitos de todo el norte de España, que está cerca de casi todas partes: Santander, San Vicente de la Barquera, Santillana del Mar, Suances, Cabezón de la Sal, Unquera, Potes y Panes, por citar sólo algunos de los lugares más renombrados del occidente cántabro! y en que el verbo pasear tranquilo, disfrutar de la historia, de la geografía, del arte, de las costumbres y de las tradiciones, y de comer buenas viandas se conjuga en las tres personas, tanto del singular como del plural.

Hoy me había propuesto escribir en positivo y olvidarme de Bárcenas y el PP, de los ERES fraudulentos en Andalucía y el PSOE, del Caso Palau en Cataluña y de CIU, del Caso Velódromo en Palma y del resto de golfadas que nos tienen helados a los españoles, a pesar de estar en el ecuador del verano, y casi lo he conseguido. Permítanme que vuelva de Comillas sólo un minuto y les diga que el uno de agosto, fecha en la que comparecerá Rajoy en el Congreso de los Diputados para dar su “versión” sobre el Caso Bárcenas, seguramente estaré paseando por la playa de Oyambre, comiendo caracolillos (bígaros), tomando una cerveza fresquita y leyendo el Marca a ver si ya hemos fichado entonces al galés ese que dicen que es muy bueno pero que va a costar casi el doble del presupuesto del Ayuntamiento de Guadalajara para un año. Y espero que Rajoy -y lo digo de corazón y no con ironía pues yo he confiado en él y le he votado siempre como candidato a presidente del gobierno- dé ese día unas explicaciones convincentes, bien claritas y entendibles por todos, que dejen a Bárcenas a la altura del betún, a la oposición como carroñeros y el PP recobre su “honor” perdido, tan difícil de recuperar como ya referí en mi post anterior. Y si no es así, ¡que dimita ya mismo y se vaya, que deje el gobierno a alguien de comportamientos éticos intachables y sin pasados sobre-cogedores y que pueda refundar un partido que, hoy en día, está bajo sospecha y, lo peor, es que alguna ya está fundada.

¡Feliz verano a todos!

¡Bárcenas es un caso!

            Hablar del “Caso Bárcenas” es meterse en un avispero porque, de momento, este chusco asunto que tiene al PP y al Gobierno de rodillas, con orejas de burro, con los brazos en cruz y contra la pared, está más envuelto en dudas que en certezas, fundamentalmente porque Luis Bárcenas ha mentido ya varias veces –esa es una certeza contrastada- y el Gobierno y el partido que lo sostiene están pasando las de Caín por causa de los “papeles” y las declaraciones de su extesorero, que ofrecen pocas certezas pero muchas dudas razonables de credibilidad y veracidad por proceder de un señor ya pillado en la mentira. Pero no hablar del caso Bárcenas es obviar la actualidad, empezar a leer los periódicos por la última página, sólo ver los deportes en televisión y no escuchar la radio, además de mirar para otro lado y jugar a esconder la cabeza debajo de la tierra, como los avestruces. A día de hoy, lamentablemente, la noticia no surge del frío, como el espía de John Le Carré, ni del calor, como correspondería al ecuador de julio; hoy, como ayer y probablemente como casi todo el verano y puede que el otoño, la noticia es Bárcenas, ¡todo un caso!, lo que no deja de ser lamentable porque un tipo como él jamás debería marcar el tiempo de la actualidad en un país “serio”, como se empeña Rajoy en decir una y otra vez que es España, mientras en los países serios de verdad cada vez nos toman más a “chufla”, como tomaba la gente al Piyayoviejecillo renegro, reseco y chicuelo” de José Carlos de Luna. Y a mí, como a él, me da mucha pena.

Que Bárcenas es un mentiroso es una certeza absoluta que él mismo ha contribuido a evidenciar pues primero dijo, tanto en declaraciones en sede judicial como en manifestaciones públicas, que sus llamados “papeles”, publicados por El País –entonces sólo fotocopias-, eran “falsos” y ahora, cuando los ha publicado El Mundo y su siempre hiperprotagonista director, Pedro J. Ramírez, los ha entregado al juez Ruz –al parecer originales, pero idénticos a los primeros-, dice que son “verdaderos”, al tiempo que ponía el ventilador al máximo de potencia para esparcir mierda a todo el PP, incluso a la vieja AP de Fraga, aunque con especial intención de enmerdar al mismísimo presidente del Gobierno y a la Secretaria General del PP, Dolores de Cospedal, para tratar de derribar a ambos. Una certeza al respecto: si un mentiroso y un más que presunto delincuente como es Luis Bárcenas se quiere cargar al Presidente del Gobierno de España y al partido que lo sostiene, del que vivió y se lucró durante muchos años, algo habrán hecho, o dejado de hacer, tanto el Gobierno como el PP, para que el inquilino entre barrotes de Soto del Real esté tan cabreado. Y cabrear a un mentiroso y a un presunto delincuente acusado de cometer hasta catorce delitos -diez contra la Hacienda Pública, uno continuado de blanqueo de capitales, uno de falsedad documental, uno de estafa procesal en grado de tentativa y uno de cohecho- tiene sus consecuencias negativas para los cabreadores, pero no seré yo quien censure que se le cabree. Y más.

De lo que no cabe ninguna duda es de que el Gobierno del PP está pasando por su más comprometido momento político desde que ganó las elecciones del 20-N de 2011, grave circunstancia a la que se suman otros dos “volcanes”, como los define Rubalcaba: el de la deriva independentista en Cataluña y, por supuesto, el de la crisis económica que, aunque hay ya visibles síntomas de que puede estar tocando fondo y llegando a su fin, aún sigue y va a continuar siendo el más importante problema de España y de los españoles, sobre todo de los cinco millones que están registrados oficialmente en paro, aunque ya acumulemos tres meses seguidos de minoración del dato, un soplo de aire fresco en medio del sofoco. Y otra certeza: si el Gobierno del PP está tocado, que lo está, la oposición del PSOE está siendo patética, como la sexta sinfonía de Tchaikovsky, también en su estrategia política sobre el Caso Bárcenas. Porque hay pocas cosas más patéticas en política que el quiero y no puedo y el desgaste que supone amenazar con presentar una moción de censura que, de presentarse finalmente, la perderían irremediablemente, porque la mayoría absoluta del PP en el Congreso no la va a resquebrajar su extesorero y, mucho menos, Pedro J. Ramírez, y en ese fallido intento se terminarían de dejar el escaso capital político que les queda Rubalcaba y su equipo, que después de año y medio de oposición no hace más que alimentar las expectativas de voto de Cayo Lara –el líder más flojito que ha tenido jamás IU-, de Rosa Díez –de momento UPYD es poco más que ella y ella no es gran cosa-, de la abstención, del voto en blanco y hasta del nulo.

Pero por muchas dudas y escasas certezas que haya en el “Caso Bárcenas”, lo que es evidente es que está haciendo un daño irreparable al PP, porque no hay nada más difícil de reparar que el honor perdido, como bien dice el artículo primero del Reglamento del servicio de la Guardia Civil que redactó su propio fundador, el Duque de Ahumada: «El Honor es la principal divisa del Guardia Civil. Debe, por consiguiente, conservarse sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás». Y no hay forma más sangrante de perder el honor para un partido político que se ponga en entredicho la honradez de sus dirigentes, como se ha puesto la de los del PP, por causa de Bárcenas, sus papeles y sus últimas declaraciones. Aunque será la justicia quien tenga la última palabra sobre este feo asunto, todo apunta a que, efectivamente, algo no se hizo bien en la gestión económica del PP y, además, durante mucho tiempo. Espero, y deseo, que sólo se trate de financiación ilegal o, al menos, irregular, que aún siendo un hecho grave, lo es mucho menos que si se lo hubieran llevado crudo sus principales dirigentes, como ahora intenta apuntar Bárcenas, una vez que se ha visto definitivamente abandonado por el partido del que fue tesorero, aunque debió abandonarle hace ya mucho tiempo. Si bien me hubiera gustado que lo hubiera dicho previamente en los órganos de dirección nacional del partido, coincido con Esperanza Aguirre en que, si se han hecho mal las cosas en el PP, se reconozcan públicamente y se corrijan. Con quien coincido plenamente es con Dolores de Cospedal, a quien Bárcenas intenta implicar –por lo visto hasta ahora, de manera burda y descarada- en una supuesta comisión ilegal entregada al PP de Castilla-La Mancha porque fue ella quien le puso de patitas en la calle y trató de frenar en seco el inmenso poder del que gozaba el extesorero en Génova 13 hasta que ella accedió a la Secretaría General de los populares. Como decía, comparto con Cospedal que, en este y en cualquier otro caso, “¡cada palo que aguante su vela!”

Lamentablemente, además de otros muchos problemas, en España hay uno muy grave con la financiación de los partidos. Está probado, en sentencia firme, que el PSOE se financió ilegalmente a través de Filesa y otras sociedades, acaba de dictaminarse que Convergencia Democrática de Cataluña también se financió ilegalmente en el llamado “Caso Palau”, IU en Andalucía está echando un cable al PSOE y haciéndose así su cómplice para que el Caso de los ERES no haga saltar su gobierno de coalición y otros partidos minoritarios también están envueltos en casos de corrupción política y/o de financiación ilegal. Pero el que casi todo el mundo obre mal, no da pátina de bueno a lo mal hecho. Hace falta como el comer una nueva ley de partidos o modificar sustancialmente la actual, que haga absolutamente transparente su gestión económica y, por supuesto, que contribuya a eliminar el sectarismo, la opacidad y la endogamia con que suelen actuar las formaciones políticas y a que su funcionamiento interno sea intachablemente democrático. Y hablo de democracia real, no orgánica.

Hita: 53 años de FestiVAL MedieVAL

            Fiel a su cita desde hace ya 53 años, el primer finde de julio se celebró el Festival Medieval de Hita, una de las dos fiestas, de las muchas que hay en esta festera provincia, que están declaradas “De Interés Turístico Nacional”, junto con “La Caballada”, de Atienza. Al respecto de esta calificación, cabe señalar que cuando en 1980 se declararon las primeras diecinueve fiestas “De Interés Turístico Nacional” –entre 1965 y 1979 sólo existía la declaración de “Fiestas de interés turístico”, sin el apellido de “nacionales”, que se incorporó en el 80 para distinguirlas de las de interés “regional”, al concederse a las comunidades autónomas, desde ese año, la competencia para realizar dicha declaración-, tanto la de Hita como la de Atienza ya formaban parte de esa primigenia y privilegiada relación que, con el paso de los años, ha llegado a extenderse hasta las 127 citas festivas que, en la actualidad, merecen el título de ser “De Interés Turístico Nacional”. Como curiosidad y como referencia, significar que las últimas fiestas que se han declarado “De Interés Turístico Nacional”, en los dos últimos años, han sido las siguientes:

–          La Pasión Viviente, de Castrourdiales (Cantabria)

–          La Semana Santa, de Burgos

–          Las Jornadas Medievales, de Briones (La Rioja)

–          La Fiesta del Pulpo, de O Carballiño (Orense)

–          El Anunci y el Sexenni, de Morella (Castellón)

–          Los Moros y Cristianos, de Murcia

–          La Fiesta del Marisco, de O Grove (Pontevedra)

–          La Feria de Todos los Santos, de Cocentaina (Alicante)

–          La Fiesta del Orujo, de Potes (Cantabria)

criado El Festival Medieval de Hita se celebró por primera vez en los albores del verano de 1961 y su creador, impulsor, director y “alma mater” fue, desde esa pionera edición, el filólogo Manuel Criado de Val, quien conocía desde bien niño ese paisaje tan personal y contundente que conforman el cerro testigo de Hita y el llano que lo rodea pues, aunque él había nacido en Madrid, su padre era de Rebollosa de Hita, un pequeño pueblo que, a pesar de llevar el apellido hiteño, administrativamente depende de Torija, municipio del que forma parte como barrio anexionado.

Criado de Val propició el nacimiento del Festival de Hita al promover la representación en esta localidad castellana de acusado sabor medieval, y villa del más famoso Arcipreste español, Juan Ruiz, precisamente una obra suya, titulada “Doña Endrina”, que estaba inspirada en el “Libro de Buen Amor” y que había sido estrenada, justo un año antes, en el Teatro “María Guerrero”, de Madrid. La lógica de aquella elección de Criado de Val es absolutamente aplastante: representar en la misma villa de Hita una pieza teatral inspirada en la obra culmen de su gran Arcipreste; es decir, llevó la figura a su propio paisaje, poniendo así las cosas en su sitio, algo que, lamentablemente, no siempre ocurre en nuestra, a pesar de los pesares, muy querida España, que fue, que es y que debe seguir siendo, aunque algunos se empeñen en justo lo contrario, en negarle el pasado, complicándole el ya de por sí difícil presente y tratándole de negar el futuro.

Como decíamos, el Festival Medieval de Hita nació en el inicio de la década de los años sesenta del siglo XX, en una España que aún se lamía las heridas de su entonces todavía reciente Guerra Civil, especialmente en lugares como Hita, que habían quedado literal y materialmente arrasados en la contienda, debiendo ser reconstruidos de sus ruinas por un organismo que se creó expresamente a tal efecto y que se denominaba “Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones”. Gracias al empeño y el trabajo de Criado de Val, el Festival Medieval de Hita pronto alcanzó notoriedad pública como evento cultural y festivo singular, hasta merecer formar parte de los llamados “Festivales de España”, que en verano recorrían todo el país y cuya marca era sinónimo de calidad artística, y, como ya hemos comentado, ser una de las primeras fiestas españolas declaradas “De Interés Turístico”. Si el Festival de Hita nació siendo, fundamentalmente, una representación de teatro medieval, de hecho se publicitaba como “Teatro Medieval de Hita”, cada edición fue sumando nuevos contenidos hasta conformarse, realmente, en una completa propuesta multidisciplinar: Música –a destacar la aportación en este ámbito del gran Cristobal Halffter-, danza y poesía medievales, alardes de botargas –las tres primeras que acudieron a Hita fueron las de Retiendas, Beleña y Majaelrayo- y otros enmascarados, no sólo de la provincia, comidas con menús de sonoras viandas –como los archinombrados “fígados de cabrón con ruibarbo”-, torneos medievales en el palenque –compuestos por justas a caballo, combates a pie y vistosas pruebas de estafermos, bohordos, sortijas, etc.-, mercadillos artesanales y, por supuesto, corridas de toros, que durante años fueron el “plato fuerte” del festival, junto con el teatro. Todas estas actividades terminaron por conformar un atractivo programa que, más de medio siglo después de nacer, aún mantiene un importante poder de convocatoria y de notoriedad y conocimiento públicos, no sólo a nivel provincial, que deben ser cuidados como oro en paño porque a Guadalajara le cuesta mucho hacerse notar fuera para bien.

            No quiero, porque no debo, terminar este post sin hacer una referencia expresa, no por razones de amistad sino de estricta justicia, a mi hermano del alma Javier Borobia, pues gracias a él, cuando el Festival Medieval de Hita pasó por una evidente crisis, a finales de los años 80 y principios de los 90, fundamentalmente por cuestiones económicas, no sólo se mantuvo, sino que se impulsó, merced a su inteligente labor para sumar voluntades y esfuerzos personales y colectivos al festival, empezando por una mayor implicación y participación de los habitantes de la propia Hita en él, y la colaboración altruista y desinteresada de asociaciones como “Arcipreste de Hita”, “Antorcha”, “Teatro Joven de Brihuega” y “Gentes de Guadalajara”, supliendo solventemente con sus actores, figurantes, técnicos y productores aficionados a los profesionales que les precedieron en ediciones anteriores, muchos de renombre y algunos hasta bien pagados, como Carlos Ballesteros, José Sacristán, Carmen Maura, José Carabias, Juan José Otegui, etc.

¡Larga vida a Hita y a su Festival Medieval!

 

 

Maleni no es un nombre de tango

La juez Mercedes Alaya ha dado un paso adelante de gran dimensión judicial, y de previsiblemente amplias repercusiones políticas, en la instrucción del “Caso de los ERES fraudulentos” de Andalucía, imputando a la que fuera Consejera de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía entre 1994 y 2004, Magdalena Álvarez, quien después ocupara la cartera de Fomento en el Gobierno de España, entre 2004 y 2009, con José Luis Rodríguez Zapatero. Desde junio de 2010, “Maleni”, como es conocida y llamada Álvarez en su entorno personal y político más próximo, es vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, un poderoso instrumento financiero de la Unión Europea, que nació como la entonces llamada CEE, en 1958, con el Tratado de Roma, y que gestiona al año la impresionante cifra de 60.000 millones de euros en créditos “para contribuir al desarrollo equilibrado del territorio comunitario a través de la integración económica y la cohesión social” como señalan sus estatutos. O sea que uno de los escasos españoles que ocupan puestos de alta responsabilidad en la actual estructura de la UE, como es el caso de Magdalena Álvarez, está imputada por haber sido, presuntamente, la muñidora de las prácticas presupuestarias irregulares que han permitido el caso de los ERES andaluces, según el cual cientos de empresas y miles de personas, por supuesto todas con nombres y apellidos y casi todas con simpatías y filiaciones sindicales y políticas pro-PSOE, se han beneficiado de fondos públicos gracias a ERES fraudulentos y a la concesión irregular de subvenciones. Aunque la presunción de inocencia la ampara, considero que la imputación de “Maleni” es de tal gravedad que, para que pueda defenderse debidamente, al tiempo que evitar el deterioro de la imagen de la entidad para la que trabaja y la del Estado del que es nacional, es decir, España, no debe permanecer ni un minuto más en su actual responsabilidad en el BEI y debe dimitir, aunque éste sea un verbo que no se suele conjugar en primera persona, ni del singular ni del plural, por supuesto.

Pero el nuevo auto de la juez Alaya, esa mujer casi siempre bien vestida y acusadamente maquillada, de rostro impenetrable como el de Katy Jurado en la película del mismo título, no sólo imputa a Magdalena Álvarez, sino a un total de veinte altos y exaltos cargos de la Junta de Andalucía, entre ellos el actual número dos de la consejería que ocupa Susana Díaz, la aspirante “oficial” a relevar a Griñán como líder del PSOE andaluz. Hace ya tiempo que este escandaloso caso en el que, según dice literalmente el auto de Alaya, los nuevos imputados en él «habrían permitido el uso indebido de las transferencias de financiación con las consecuencias del dispendio continuado de fondos públicos”, ronda los antedespachos de Chaves y Griñán, los dos presidentes de la Junta andaluza en los años en que la instrucción sostiene que se produjeron las graves irregularidades investigadas. De hecho, hay analistas que opinan que Griñán ha anunciado tan pronto –aún quedan tres años para las próximas elecciones autonómicas andaluzas- que no volverá a ser candidato a presidente de la Junta y que dejará, ya mismo, el liderazgo regional socialista porque era consciente de que la instrucción del Caso de los ERES fraudulentos estaba cada día más cerca de implicarle a él, no sólo políticamente, como ya lo está desde hace mucho tiempo, sino judicialmente. Habrá que estar pendiente de los nuevos autos que dicte la juez Alaya una vez que tome declaraciones a los nuevos imputados y se vayan conociendo otros datos y hechos de este Caso que, cada día, adquiere una mayor dimensión y posibles consecuencias políticas y judiciales.

Al contrario que en el libro de Almudena Grandes, “Maleni” no es un nombre de tango, sino el de una política socialista andaluza imputada penalmente por un asunto escandaloso, no, lo siguiente, que, a día de hoy, sigue siendo vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, dentro del cupo de los pocos españoles que detentan altos cargos en la UE. Y eso de ver quiénes nos representan en las instituciones internacionales nos lo tenemos que hacer mirar muy seriamente porque tuvimos a Javier Solana de Secretario General de la OTAN, después de que su partido, el PSOE, hiciera mucho ruido con una campaña que tenía por eslogan OTAN: de entrada no, y fue el que dio la orden de la participación activa de la organización atlántica en la Guerra de los Balcanes; por otra parte y por otra siglas, en este caso las del PP, Rodrigo Rato fue Gerente del Fondo Monetario Internacional, dimitió inesperada e inopinadamente –hay quien dice que por una “calentura de amor”- y tras regresar a España y presidir Bankia, también está imputado en el Caso que afecta a la mala gestión y administración de esta entidad financiera. Otro español con cargo y carga internacional es el exlíder socialista por unos meses, Joaquín Almunia, quien actualmente es Comisario de Competitividad de la UE y al que el gobierno de Rajoy ha acusado, en varias ocasiones ya, de no favorecer, precisamente, los intereses de España, mientras que el sector naval español, directamente, le ha situado estos días en el centro de la diana como “exterminador” de esta industria en nuestro país.

Y punto y aparte merece lo de Bibiana Aído como “asesora especial” de la directora ejecutiva de la ONU mujeres, muy probablemente la “miembra” más incompetente, limitada y con menos curriculum que jamás haya tenido un Gobierno de España, fuere hombre o mujer. Y bien que nos costó mandarla a… Nueva York: nada más y nada menos que 200 millones de euros donó el gobierno de Zapatero a esa organización antes de que “ficharan” a la sinpar Bibiana, con un sueldazo, por supuesto. ¿Casualidad o causalidad? No lo se, pero lo intuyo.

 

“¿Bono bueno? el bono bus…”

             Reconozco que si hay un personaje político que siempre me ha llamado la atención por su camaleonismo en pro de su supervivencia, por su permanente afán de protagonismo, por su indisimulado flirteo con el cinismo y por sus reiteradas sobreactuaciones ese es, sin duda, José Bono, exdiputado nacional por Albacete, exdiputado nacional por Toledo, expresidente del Congreso de los Diputados, exministro de Defensa y, fundamentalmente, expresidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Y he dicho fundamentalmente porque ese es el cargo que más tiempo ha ocupado, exactamente desde 1983 a 2004, y gracias al que disfruta de una serie de privilegios, que nos cuestan 160.000 euros anuales a los habitantes de esta deficitaria y empobrecida región, privilegios que están recogidos en el artículo 9 de la Ley 11/2003, de 25 de septiembre, del Gobierno y el Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha, que, por supuesto, promovió el propio Bono, entonces aún Presidente de la Junta, sólo unos meses antes de que renunciara al cargo, cruzara el río que dijo que jamás iba a cruzar, o sea, el Tajo, y se fuera a Madrid a presidir el Congreso. Ese artículo 9 de la antes citada Ley bonista y pro-Bono, textualmente, dice: “(Los expresidentes de la Junta) tendrán derecho a una Secretaría de apoyo, dotada con dos personas; un local de oficina con los medios adecuados; un conductor; un automóvil de representación perteneciente al parque móvil de la Junta de Comunidades y un Servicio de seguridad y protección personal”.

             Como es sabido, hace menos de una semana que el PP de Castilla-La Mancha sometió a debate y votación una proposición de ley en las Cortes Regionales para modificar ese artículo de la Ley 11/2003 -que en realidad se trata de una ley “de caso único”, pues sólo se beneficia de ella Bono al haber renunciado Barreda a esos privilegios por ya gozar de los que tiene como Diputado al Congreso por Ciudad Real– con el fin de suprimir sus prebendas como expresidente regional y ahorrar los 160.000 euros que cuestan al erario público; cabe recordar que la pensión media en Castilla-La Mancha es una de las más bajas de España y apenas llega a los 800 euros mensuales.

Evidentemente, con esta iniciativa parlamentaria, el PP pretendía poner en un compromiso al PSOE regional -que, perdidos los cargos y las cargas de la Junta, anda más perdido que un torero en Siberia- y dar una patada a Bono en el culo de Page, el actual secretario regional de los socialistas y pupilo y protegido de don José –aunque muchos le llaman “Pepe”- desde sus inicios en la política, a muy temprana edad. ¿Y qué actitud adoptó el Grupo Socialista ante esta iniciativa de los populares? Pues la peor posible, que es hacer la “espantá” y abandonar sus escaños de los “Gilitos” –hay nombres que son verdaderamente contundentes, definitorios y expresivos- para no estar presentes en la votación de la proposición de ley del PP, un gesto político que permitió que no se aprobase puesto que para ello era necesaria una mayoría, no sólo absoluta sino cualificada, de 3/5 de los Diputados que conforman actualmente las Cortes Regionales, a la que no se podía acceder con los únicos votos de los populares, sino que eran precisos todos los suyos y, al menos, los de otros cinco del PSOE. O sea que, gracias al errático posicionamiento del Grupo Socialista, José Bono sigue manteniendo sus privilegios como expresidente de la Junta, algo, a mi juicio, inaceptable en los duros tiempos que corren y menos aún mientras el PSOE no se cansa de criticar los recortes en los servicios públicos, cuando este partido dejó las arcas de la Junta como al “gallo de Morón”, sin plumas y cacareando. No es, precisamente, un servicio, ni muy público ni mucho menos social, el que Bono tenga una oficina, dos secretarias, un chofer, un coche oficial y una seguridad privada pagada por los habitantes de esta región en la que más del 30 por ciento de los hogares viven por debajo del umbral de la pobreza, según datos de la siempre fiable Cáritas.

 

Pero lo peor de todo no es lo que hizo el Grupo Socialista en las Cortes de Castilla-La Mancha para que Bono siga manteniendo los privilegios que él mismo (se) aprobó para los expresidentes regionales, sino lo que el interesado –nunca mejor dicho-dijo al respecto: Que “no tiene el más mínimo problema” en que se eliminen los privilegios a los expresidentes de Castilla-La Mancha. Pues, si eso es así, ¿por qué el Grupo Socialista de las Cortes Regionales no apoyó la proposición de ley del Grupo Popular, a petición del propio Bono, o éste no ha renunciado voluntariamente a sus privilegios? Él, que estudió en los jesuitas de Alicante y que tiene por asesor de cabecera a un exsacerdote, sabe muy bien que “una cosa es predicar y otra dar trigo”.

Termino citando al mismísimo José Bono en su discurso de toma de posesión como presidente del Congreso de los Diputados: “(…) yo no me atrevo a pedir que nuestra conducta sea ejemplar para la ciudadanía. Estimo más necesario pedir que seamos nosotros quienes tomemos ejemplo de la sociedad española”. A ver si va a tener razón un amigo mío que dice que el único “Bono bueno es el bono-bus”, eslogan de una campaña publicitaria de la EMT madrileña, a finales de los años setenta, cuando el de Salobre militaba en el indubitadamente marxista PSP, de Enrique Tierno Galván, antes de que se hiciera “amigo” del excardenal de Toledo, don Marcelo González, y mucho antes de que el exobispo de Sigüenza, don Jesús Pla, le prohibiera ser padrino de un bautizo cristiano en Molina de Aragón por no reunir las “virtudes” exigibles a tal figura. El por qué el “Viejo profesor” les dijo a sus correligionarios del PSP “¡que no se entere Pepito!”, refiriéndose a Bono, en un momento crucial de las negociaciones de integración del partido de Tierno en el PSOE, lo dejo para otra vez porque, sin duda, habrá ocasión. Ya se encargará él de volver a la palestra…

 

 

 

 

 

 

 

La democracia y las setas

 

De un tiempo revuelto a esta parte, y no sólo en nuestro “solar patrio”, las protestas en la calle, sean en versión “escrache”, en tipo pitada/abucheo o en cualquier otro formato de manifestación callejera están proliferando más que las setas de cardo (pleurotus eryngii) en las praderas de Villacadima, después de algunas buenas aguas caídas en las últimas semanas del verano y en un otoño lluvioso pero con temperaturas suaves. O sea, que no hay día que no comamos o cenemos con el “parte” de la televisión, que dirían los abuelos, con una o varias informaciones de protestas, que van desde los afectados en España por las “preferentes” a las puertas de los bancos que les han timado –porque lo que les han hecho se parece mucho al “timo de la estampita”-, a los indignados turcos contra Erdogan en la Plaza Taksim, a los “escraches” de la Plataforma Anti Desahucios de la ya archiconocida Ada Colau o a los pitidos y abucheos que, últimamente, se suelen cebar contra los miembros de la Casa Real, especialmente contra los que más actividad pública tienen: la reina, Sofía, y el príncipe, Felipe, cuando, por cierto, son los que menos culpa tienen del quebranto que, últimamente, ha sufrido la imagen de nuestra monarquía. Casi siempre pagan “justos por pecadores”, desde que Jesucristo así lo sentenció a través de una de sus parábolas.

No se puede, al menos no se debe, meter en el mismo saco cualquier tipo de protesta, porque éstas varían mucho en fondo y en forma. Todo el mundo, evidentemente, tiene derecho a protestar contra lo que cree injusto, errático o que va en contra de sus principios o de sus intereses. Incluso el derecho internacional y, por supuesto, nuestra Constitución, reconocen el de manifestación como uno de los derechos más sustantivos e importantes de los ciudadanos, lo que no es óbice para que esté regulado de tal manera que, para ser autorizadas, las manifestaciones deban cumplir una serie de requisitos previos, que más que limitativos de ese derecho, son garantes del orden público e, incluso, de la movilidad de personas y vehículos, todo un problema en Madrid, que es el “manifestódromo” nacional. Y es que la capital de España es una ciudad en la que, si ya de por sí, es complicado moverse, cuando lo intentas a pie, en coche o en transporte público, un día –o sea, casi siempre- de “manifa”, “escrache”, concentración o algarada cualquiera, es más difícil ir de un sitio a otro que -siguiendo con la micología como recurso de parangón- encontrar una seta de cardo en cualquier pradera ad hoc guadalajareña un fin de semana, por muy buen tempero que haya hecho para los hongos, pues suele haber más buscadores que setas. Muchos de ellos madrileños, por cierto, huyendo del tráfico y… de las manifestaciones y protestas.

La calle es de todos en general y de nadie en particular. Hasta Manuel Fraga –que es uno de los “padres” de la Constitución de 1978 y que aportó mucho en la llamada Transición política española para llevar a la derecha franquista a posiciones democráticas-, cometió el inmenso error de acuñar aquella famosa frase de “la calle es mía”, siendo Ministro de la Gobernación, en 1976; una frase que, precisamente, pronunció con motivo de las duras medidas de represión que las fuerzas de seguridad del Estado aplicaron contra unas importantes movilizaciones sociales que tuvieron lugar en Vitoria, en el inicio mismo de la Transición política.

Repito, la calle no es de nadie, es de todos, pero si aplicamos de manera torcidamente libérrima esa realidad, cometeremos el error de dejarla para unos cuantos, los que más protestan y los que protestan por todo, y, de manera especial, para quienes saben que por el camino de las urnas, que es el más legítimo en democracia, su recorrido es limitado y no les puede llevar hasta donde ellos quieren que, por mucho que disimulen, no es a otro sitio que el poder, en sus distintas formas.

¿Manifestaciones? Sí, las que se convoquen y estén autorizadas, como prevé nuestro Estado de Derecho. ¿Protestas? Las que hagan falta y a través de las vías y los medios legítimos y legales existentes, que no son pocos. ¿”Escraches”? No, por favor. Invadir la privacidad de las personas, por muy pública que sea su actividad, y bordear el acoso o incurrir directamente en él, está muy lejos del concepto ético de democracia, que dice que ésta, más que una forma de gobierno, es una actitud. Incidiendo y perseverando en verdaderas actitudes para la democracia, contribuiremos a su regeneración, que es lo que verdaderamente hace falta, no ir contra ella abusando de su carta de derechos.

 

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